balance-preliminar-del-impacto-del-arancel-de-estados-unidos-sobre-las-exportaciones-espanolas

Balance preliminar del impacto del arancel de Estados Unidos sobre las exportaciones españolas

Comparte esta entrada



A principios de agosto se aprobó el pacto comercial entre EE. UU. y la UE, en virtud del cual los productos europeos son grabados con un arancel general del 15%. Ya se dispone de las cifras de comercio exterior correspondientes a dicho mes, lo que nos permite obtener una primera impresión del impacto del mismo.

En el conjunto de la UE se observa un efecto adelanto de las ventas hacia EE. UU. (es decir, una anticipación de los envíos transatlánticos, con anterioridad a la imposición de los aranceles) que, sin embargo, en el caso de España, no está claro. Así, en el primer trimestre de 2025 las exportaciones europeas hacia EE. UU. aumentaron un 35% con respecto al mismo periodo del año anterior, crecimiento que en los meses posteriores se ralentizó, convirtiéndose en una caída del 22% en el mes de agosto. En contraste, las exportaciones españolas han presentado un desempeño más débil, con caídas en prácticamente todos los meses del año, que se agudizan en agosto, mes en el que el descenso fue del 30% (gráfico 1). 


En el acumulado del año hasta agosto, se registra una caída interanual del 8,7% de las exportaciones españolas a los EE. UU., frente a un crecimiento del 9% en el caso de las europeas. El total de exportaciones españolas a todo el mundo se ha comportado mejor, aunque no han sido especialmente dinámicas, registrando en el acumulado del año un avance interanual de tan solo el 0,3% (en el caso de Europa el contraste es aún mayor, con un descenso de sus exportaciones mundiales del 3,6%).

En la caída de las exportaciones acumuladas de enero a agosto a EE. UU. han tenido mucho peso las ventas de combustibles, con fuertes descensos todos los meses del año, junto a los productos químicos. También ha mostrado protagonismo la caída de las ventas de aceite, pero en este caso el descenso ha estado muy influido por la bajada del precio del producto, ya que sus exportaciones medidas en toneladas registraron un crecimiento. De manera similar, las ventas de vino han sufrido caídas –tanto en euros como en toneladas– aunque tienen poco peso sobre el total de exportaciones al país americano. Por el contrario, las exportaciones de maquinaria y bienes de equipo se han comportado más favorablemente. Otro producto a destacar son los medicamentos, cuyas exportaciones han crecido en el conjunto de enero-agosto, tanto en euros como en volumen.

Tal y como se ha mencionado, en el conjunto de las exportaciones a EE. UU. no se observa un efecto adelanto claro, aunque en algunos componentes de las mismas sí que parece haber una caída importante en su valor económico, pero no tanto en volumen. En el gráfico 2 se muestra el comportamiento de tres de los productos más relevantes: medicamentos, vino y aceite de oliva. En los dos primeros no parece haber un efecto adelanto de las ventas a los meses anteriores si se analizan los datos en toneladas, mientras que, en el aceite, sí podría existir este efecto. Cabe mencionar que en el caso de los medicamentos los exportadores podrían haber reducido precios en el mes de agosto, absorbiendo el impacto del arancel total o parcialmente, para mantener el volumen de ventas, ya que sus exportaciones sufren una caída en valor monetario, pero se incrementan en volumen.


En suma, en términos generales, las exportaciones se han resentido del actual contexto de guerra comercial. En algunos sectores, la evolución parece haber sido menos negativa que en otros, tal vez porque los exportadores han ajustado sus márgenes para no perder competitividad, pudiendo así mantener el volumen de los envíos. Con todo, es pronto para detectar tendencias, ya que los datos están muy influidos por el calendario de las medidas arancelarias, de modo que habrá que esperar a meses posteriores para poder realizar un análisis más completo del impacto.

Comparte esta entrada



Leer más
primeros-efectos-de-la-era-trump

Primeros efectos de la era Trump

Comparte esta entrada



La ofensiva comercial de la Administración Trump ha generado un seísmo en el sistema multilateral y mucha preocupación en las capitales europeas que otean el horizonte para adivinar por dónde vendrán los nubarrones. Las tendencias recientes muestran que será necesario ejercitar el músculo de la observación, ya que los movimientos tectónicos, de momento leves, podrían ir in crescendo

Sorprende en este contexto el repunte de la industria española: según diferentes fuentes de información (afiliación, PMI de gestores de compra), el sector manufacturero toma aire, desmarcándose de la sensación de estancamiento que predomina en buena parte del continente. El sector se beneficia del tirón ininterrumpido del consumo de los hogares y del fuerte rebote de la inversión residencial, variable esta última que, como es habitual, produce un fuerte efecto de arrastre en el resto de la economía, y por supuesto en la industria. El número de viviendas iniciadas crece ya a un ritmo anual de doble dígito, de modo que el ciclo de construcción que se ha generado (aún insuficiente para cerrar el déficit habitacional), apoyado en la incorporación de mano de obra extranjera, es uno de los factores diferenciales que impulsan la economía española frente al resto de Europa. 


Donde sí se vislumbran las turbulencias globales es en el comercio exterior. Las exportaciones de bienes son las más afectadas por la ola proteccionista y la competencia de productos importados, particularmente de Asia. Nuestras empresas han perdido algo de terreno en el mercado único: las exportaciones españolas hacia la UE se redujeron un 1% en el primer semestre en comparación con un año antes, cuando se hubiera esperado un mejor resultado, ya que el mercado único avanzó un 1,5% durante el mismo periodo. 

El retroceso es incipiente, pudiendo obedecer a factores puntuales como el desvío de la actividad exportadora de nuestras empresas hacia el boyante mercado español. No obstante, los intercambios con países terceros apuntan a una tendencia similar: las exportaciones españolas fuera de la UE suben apenas un 1,6% (siempre a tenor de los datos del primer semestre), frente al 4,4% del conjunto de la UE. Este diferencial se explica en parte por el desplome de nuestros envíos hacia EE. UU., con una caída del 6,7%, en contraste con los buenos resultados de otros socios europeos: a nivel agregado la UE ha incrementado un 16,5% sus exportaciones a EE. UU., gracias al adelanto de ventas en los meses previos a los anuncios arancelarios, circunstancia que no parece haberse producido en el caso de España, o no con la misma intensidad. Factor agravante, nuestro comercio exterior se resiente del intenso crecimiento de las importaciones de productos procedentes de China, que escalan un 16%, frente al 13,3% en el caso de la UE.

Por su parte, las exportaciones de servicios capean mejor el temporal, si bien el empuje del turismo da señales de agotamiento. La inversión directa extranjera –otro valedor de la buena racha de nuestro sector exterior–también flojea: en el primer semestre, la entrada de inversión ascendió a 15.000 millones de euros, frente a 25.000 millones un año antes. Se trata todavía de resultados sólidos pero que van arañando el excedente de la balanza de pagos y rubrican la percepción de debilitamiento del motor internacional de nuestro crecimiento. Conviene por tanto sostener el excedente y así recortar la deuda externa, lo que pasa por facilitar que nuestra inflación se acerque a la media europea. Encadenamos varios meses con desvíos que erosionan el margen de competitividad.  

El dinamismo de la demanda interna debería prevalecer en lo inmediato, pero esto no es óbice para descuidar la huella que la compleja situación internacional está imprimiendo en el sector exterior. En todo caso, la debilidad, cuando no la parálisis, de la política europea, evidencia la dependencia de nuestra política económica para afrontar los retos globales que se avecinan. 

INVERSIÓN | Europa sigue exportando ahorro para invertirse en el tejido productivo fuera del continente, perpetuando el déficit de inversión de nuestras empresas. En el primer semestre de este año, la salida neta de inversión directa desde la zona euro hacia países terceros (diferencia entre la variación de activos, es decir de inversiones fuera de Europa, y la variación de pasivos, es decir de inversiones extranjeras en Europa) ascendió a 84.000 millones de euros. La balanza de pagos de España también arroja una salida de capital productivo, que se elevó a 4.000 millones durante el mismo periodo. 

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

Comparte esta entrada



Leer más
el-acuerdo-comercial-con-ee-uu.:-asimetria-y-contrapesos

El acuerdo comercial con EE. UU.: asimetría y contrapesos

Comparte esta entrada



La respuesta de la diplomacia económica europea a la ofensiva arancelaria de Trump ha generado decepción, pero un análisis pormenorizado de los hechos permite vislumbrar nuevas oportunidades que deberíamos aprovechar para que no cunda el pesimismo. 

Si bien el arancel general es del 15%, y no del 25%, la divulgación en fechas recientes de los detalles del acuerdo sellado en el campo de golf del magnate republicano deja una imagen de debilidad del ejecutivo comunitario. El acuerdo es perfectamente asimétrico: nuestros envíos a EE. UU. se enfrentan a un incremento abrupto de tarifas, cuando en sentido inverso nos comprometemos a suprimir los gravámenes sobre las importaciones de productos industriales y a suavizar todo tipo de normativas que, sin embargo, seguirán aplicándose a la producción europea. Las exigencias también pasan por multiplicar las compras de gas y de armamento norteamericano. 

Persisten, además, numerosas zonas grises, de modo que el acuerdo no despeja la incertidumbre que pesa como una losa sobre sectores clave como el automóvil, la industria farmacéutica (salvo los medicamentos genéricos) o la agroindustria. La caída de los envíos transatlánticos, perceptible en los meses previos al acuerdo, podría agravarse.

La buena noticia es que la economía europea, y particularmente la española, está capeando la ola proteccionista mejor de lo que se había vaticinado. El consumo de las familias resiste, y se afianza el ciclo de inversión en vivienda, contrarrestando los vaivenes globales. Sobre todo, surgen nuevas tendencias en el plano del comercio internacional que conviene entender para no sucumbir a la percepción de vasallaje total a EE. UU. 

En primer lugar, el comercio en el seno del bloque comunitario parece estar saliendo de su letargo: los intercambios en entre miembros de la eurozona se incrementaron un 4% en el segundo trimestre, impulsando la cuota de mercado de los exportadores españolas. Es pronto para determinar si el repunte es transitorio o traduce una mayor integración europea en reacción a las inclemencias del contexto internacional. En todo caso, quedan muchas reformas por acometer para revertir la fragmentación y reforzar la capacidad de negociación frente a las grandes potencias. 


Sorprende, por otra parte, el dinamismo de los intercambios con un conjunto heterogéneo de países o regiones, entre los que destacan Reino Unido, África, Oriente Medio, India, Vietnam y algunas economías de América Latina. El deterioro de las relaciones transatlánticas centra toda la atención, pero hay vida debajo del radar mediático: nuestras exportaciones hacia el “resto del mundo” (que engloba el total no comunitario, a excepción de EE. UU. y China) aumentaron un 7,2% en el segundo trimestre, y el rebote alcanza el 14% desde inicios del año pasado. Exportamos hacia ese grupo de países casi diez veces más que a EE. UU., evidenciando los beneficios que aportaría un estrechamiento de las relaciones con estados o bloques comerciales que comparten la aspiración a una relación basada en la regla de derecho. 

Preocupa, eso sí, el desequilibrio desbocado de los intercambios con China: las exportaciones europeas hacia el gigante asiático se desplomaron un 11,3% en el primer semestre, mientras que las compras de productos chinos se elevaron un 13,7%, agravando el déficit. Todo apunta a que los exportadores asiáticos, con el apoyo de su Gobierno, intentan compensar en el mercado europeo el endurecimiento de la política comercial de Trump o el estancamiento de su mercado interno. 

En suma, la lógica geopolítica, inspirada en relaciones asimétricas de poder, está sustituyendo a la regla de derecho como fundamento del sistema multilateral, con impactos de momento limitados, pero que se harán más evidentes con el tiempo, en consonancia con las premoniciones de Albert Hirschman. Conviene, sin embargo, reforzar los contrapesos que se desprenden de las tendencias más recientes, tanto en términos de integración europea como de acercamiento a otros bloques comerciales en base a principios de reciprocidad, ayudando a mitigar la inquietante vulnerabilidad de Europa.   

BALANZA COMERCIAL |  En el primer semestre el déficit comercial ascendió a 25.100 millones de euros, según datos de aduanas, frente a 15.800 millones en el mismo periodo del año pasado. El deterioro procede del débil avance de las exportaciones, apenas un 1%, frente al intenso crecimiento de las importaciones, con una expansión del 5,4% durante el mismo periodo. Destaca el déficit creciente de la balanza de los intercambios de bienes con EE. UU., consecuencia de la caída de los envíos hacia ese país (-5,1%) y del auge de las importaciones ( 10,1%). 

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

Comparte esta entrada



Leer más
aranceles-en-la-relacion-transatlantica

Aranceles en la relación transatlántica

Comparte esta entrada



Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos y Europa han tendido innumerables puentes económicos, militares y tecnológicos. Las potentes cadenas de valor actuales en una buena parte de los procesos productivos no se entenderían sin esas numerosas conexiones económicas. Construir esos vínculos tan ventajosos, y el correspondiente bienestar, ha costado ocho décadas. Con sus problemas, tensiones, pasos adelante y hacia atrás. Pero que puede costar bien poco dañar seriamente ese vínculo atlántico. La amenaza del presidente Trump de unos aranceles del 30% a la UE es uno de esos game changer (cambiador de juego), pero para mal. Supone un nuevo punto de inflexión en la ya compleja relación transatlántica. El conflicto arancelario, si se materializara, podría alterar profundamente las dinámicas diplomáticas, comerciales, tecnológicas y de seguridad entre Estados Unidos y la Unión Europea.

El aumento de los aranceles implica una fuerte presión directa sobre sectores estratégicos de exportación europeos —automóviles, productos agrícolas y tecnológicos— y se percibe como una acción unilateral que rompe con el espíritu de colaboración que tradicionalmente ha guiado las relaciones comerciales entre ambos bloques. La respuesta europea podría venir en forma de contramedidas similares, lo que podría enturbiar aún más las relaciones transatlánticas y podría abrir la puerta a una guerra comercial con consecuencias globales. En un contexto de inflación que no remite totalmente y de crecimiento moderado y desigual, en ambos bloques, este tipo de medidas puede generar grandes distorsiones económicas en las cadenas de suministro.

Las tensiones no se limitan al terreno económico y estarán encima de la mesa de negociación. En los últimos años, la UE ha avanzado hacia una regulación más estricta del entorno digital —con normas como el Reglamento de Servicios Digitales (DSA) o la Ley de Mercados Digitales (DMA), recibidas con escepticismo por las BigTech estadounidenses— y con enfado y amenazas de represalias de la Administración Trump por los impuestos a la actividad digital en el Viejo Continente. Una escalada en los desencuentros podría llevar a una cierta fragmentación digital entre ambos bloques, dificultando acuerdos de transferencia de datos, normas de ciberseguridad comunes o la cooperación en inteligencia artificial, que con la actual Administración Trump, en todo caso, va a resultar muy complicada. La UE no puede olvidar en el proceso negociador que no tiene alternativas fáciles en el ámbito tecnológico, por la escasez de compañías autóctonas de este tipo y la gran dependencia de Estados Unidos, difícil de reducir significativamente y que debilita la posición comunitaria. Algo parecido pasa con la cooperación militar, la dependencia de Estados Unidos es muy elevada. Guste o no, a la UE le toca ser equilibrista y realista cuando se siente a hablar con los Estados Unidos.

Este artículo se publicó originalmente en el diario La Vanguardia.

Comparte esta entrada



Leer más
los-primeros-anuncios-de-trump-son-la-agenda-de-2025-y-mas-alla

Los primeros anuncios de Trump son la agenda de 2025 y más allá

Comparte esta entrada



Cuando comencé a escribir este artículo hace unos días contaba con que en esta semana acontecerían dos eventos muy importantes que iban a marcar el comienzo de un año político y económico de gran interés a partes iguales. En primer lugar, la toma de posesión de Donald Trump de este lunes, un hito, sin duda, para los próximos 4 años y quizás incluso más allá. Y tras las primeras decisiones (buena parte de carácter económico) de la nueva Presidencia, muchas de ellas, anunciadas a los minutos de su llegada a la Casa Blanca, ha eclipsado, y de qué manera, al segundo evento de la semana, el foro anual de Davos, en el que participan las élites mundiales que nos informan de cómo ven el mundo y lo que creen que va a acontecer a lo largo del año recién comenzado. 

Esta segunda cita, con un número creciente de críticos en recientes años por su elevado coste y su visión alejada de la realidad de la mayoría de los mortales de este planeta, ha quedado postergada por el torbellino de noticias que llegan desde Washington. Un porrazo para Davos, en un mundo que cada vez presta menos atención a convocatorias de este tipo y se fija más en noticias que impactan directamente en su vida. En todo caso, ambos acontecimientos coinciden en que han tenido buena parte de las élites tecnológicas y empresariales de Estados Unidos, en un caso, y en el otro, una parte de la flor y nata mundial. Y también en el temor o desdén que generan en buena parte de la población.

Es pronto para saber las implicaciones de medio y largo plazo de las acciones de política económica de la nueva Administración estadounidense, en primer lugar, por el elevado número de anuncios y diferentes direcciones que están tomando. Eso en sí es una noticia. La gran cantidad de decretos y órdenes ejecutivas firmadas en las primeras 24 horas deberían quedarse ahí, sino se desea incurrir en órdenes contraproducentes unas con otras y que, como poco, generan una gran confusión entre los agentes económicos.

Los inversores, en general entusiasmados con Trump ante su nuevo mandato, suelen estar más confortables con entornos estables, con pocas tensiones y, en general, marcados por su consistencia y cabeza fría. Una vez pasen los fastos de estos días, los empresarios necesitarán una hoja de ruta con más certezas y menos espectáculo. Y que se cumplan parte de sus expectativas, fundamentalmente en materia de rebajas de impuestos y un ambiente de mayor desregulación –eso sí, con criterio– para los negocios. Por el lado de los impuestos, y aunque desde el lunes no se ha encarecido la deuda americana, las semanas anteriores se generaron dudas con la subida del coste de los bonos ante la posibilidad de mayores déficits públicos y una bajada de tipos más lenta por parte de la Reserva Federal.

Los empresarios de aquel país también deberían guardar cautelas sobre las promesas de mayores aranceles para gran parte de las importaciones del resto del mundo, ya que pueden causar a sus negocios más perjuicios que beneficios por el encarecimiento de productos y el probable impacto negativo en el comercio global, que termina afectando a todos. Solamente las industrias protegidas de Estados Unidos, las menos competitivas, se pueden beneficiar de una política de mayores aranceles, ya que se les estaría ayudando a quedarse con mayor porción de la “tarta” de la demanda en Estados Unidos. Estos privilegios difícilmente compensarán los perjuicios al resto. Y, sobre todo, hay que ver en que quedan los aranceles con la estrategia transaccional que la nueva Administración Trump probablemente aplicará.

Si los países se sientan a negociar con EE UU temas económicos, comerciales o de otro tipo (por ejemplo, gasto en defensa o compra de gas o petróleo) aparentemente podrían reducir el aumento de los aranceles. No se sabe cómo reaccionará el resto del mundo (sobre todo los países BRICS , incluida China, sus vecinos y la UE) a esta nueva estrategia netamente transaccional, pero deben prepararse para este nuevo entorno y estar a la altura de esta actitud desafiante. En todo caso, llega un entorno comercial mucho más incierto y a día de hoy, no es fácil pronosticar el impacto final sobre el comercio y crecimiento económico mundial, y sobre todo, si puede ganar alguien de este potencial conflicto. Por el elevado impacto que supone el nuevo contexto político, la UE además de hablar con su aliado debe tomar decisiones autónomas, valientes y unificadas para fortalecer notablemente su competitividad, en línea con los conocidos informes de Mario Draghi y Enrico Letta.

Por último, un botón de muestra de la necesidad de construir decisiones coherentes por parte del nuevo gobierno de EE UU. Todo lo que ha acontecido estos últimos días en los sectores tecnológicos (que se las prometen muy felices pero a todos no se les puede contentar) y mercados financieros (en máximos históricos), y en particular, donde interseccionan, el mundo cripto. El que hayan proliferado criptomonedas recientemente, como las memecoins del mandatario y su esposa, con dudoso valor en el medio plazo y posibles pérdidas para algunos de los inversores, están provocando numerosas críticas por parte de los ejecutivos tecnológicos, que estaban esperando que el sector de activos digitales sea tratado con seriedad. Pronto será la hora de decisiones consistentes para evitar una mayor confusión que la actual, que podría perjudicar el desempeño económico del mundo en 2025.

Este artículo se publicó originalmente en el diario Cinco Días

Comparte esta entrada



Leer más
la-economia-espanola-entre-sorpresas-y-tinieblas

La economía española entre sorpresas y tinieblas

Comparte esta entrada



El trienio que se acaba deja buenas sensaciones para la economía española. Ni la guerra en Ucrania, la inflación o el ciclo de endurecimiento monetario iniciado en 2022 parecen haber hecho mella en el cuadro macroeconómico: desde ese año, el avance del PIB ha superado netamente las previsiones. Destaca la resistencia del consumo de las familias, con un ascenso estimado del 9,5% en total durante el periodo, pese a la pérdida de poder adquisitivo de muchos hogares. Asimismo, el comercio exterior parece inmune tanto al parón de los mercados centroeuropeos como a las tensiones geopolíticas que proliferan por doquier. Las exportaciones se han incrementado un 21,3% en los tres años, más del doble que las importaciones.

Algunos de los impulsores del crecimiento se mantienen: los costes de producción y los precios energéticos son competitivos, la inmigración suaviza los incipientes cuellos de botella y el sector privado está saneado. Todo ello alienta la previsión del Banco de España de una tasa de paro por debajo del 10% en 2027 y un crecimiento de la inversión—la variable más rezagada— del 7,4% hasta ese año. Ojalá, porque habrá que esforzarse más para cumplir las expectativas.

En primer lugar, porque nos enfrentamos a un desafío mayúsculo por uno de los flancos de vulnerabilidad: la deuda pública. Los ahorradores están siendo implacables con las economías como la francesa, que no consiguen cuadrar las cuentas al tiempo que se enfrentan a un panorama de crecimiento débil. También son escépticos acerca de las promesas de Trump de recortar los impuestos con el riesgo de generar más deuda. En este contexto de nerviosismo, el auge del consumo público español, cuyo crecimiento es uno de los más elevados de toda la Unión Europea, es insostenible: la deuda española desciende levemente, y solo lo hace por el efecto inercial del crecimiento de la economía. En todo caso sería contraproducente corregir el desvío comprimiendo la inversión pública en infraestructuras o en educación.


Aún más relevante para Europa es el vuelco discursivo operado por la Reserva Federal, ante la perspectiva de una inflación más persistente de lo anticipado. La economía americana, con señales de sobrecalentamiento que podrían agudizarse con la nueva administración, atrae la inversión tanto real como financiera. Todo ello genera presiones a la baja sobre el euro, encareciendo los costes importados y complicando la labor del BCE. El cambio de tercio se refleja ya en los costes financieros que soportan los tesoros públicos europeos. En el caso de España, el rendimiento del bono a diez años cotiza de nuevo por encima del 3% (la prima de riesgo, afortunadamente, no se ha movido).

A ello se añade la amenaza proteccionista, cada vez más palpable, y la retahíla de represalias y contrarrepresalias que entrañaría una guerra comercial. Ante estas presiones, la UE parece estar dispuesta a decidir compras conjuntas de gas y armamento de EE UU, cuando anteriormente resultó imposible consensuar un presupuesto común para relanzar la inversión y la actividad de las empresas europeas. Inimaginable hasta hace poco. Veremos si, al menos, el esfuerzo de defensa sirve de acicate a la inversión en tecnología europea.

La economía española dispone de impulso inercial, de modo que debería todavía crecer a buen ritmo en el próximo ejercicio, probablemente por encima del 2%. Pero el clima de incertidumbre es perjudicial para la inversión, base de la prosperidad futura. Y el papel tractor del sector exterior perderá fuelle, en consonancia con el contexto internacional, al tiempo que el turismo está tocando techo. Un desacoplamiento permanente con respecto al lúgubre panorama de las otras grandes economías europeas es en todo caso inverosímil. La trayectoria no puede ser corregida por las fuerzas del mercado: solo una política económica bien calibrada es susceptible de liderar la transición y generar la confianza que requiere el momento actual.

INDUSTRIA | La industria ha sido el sector más afectado por los shocks que se han sucedido desde el inicio de brote inflacionario y de la crisis energética. Sin embargo, el impacto ha sido desigual entre países. En el caso de España, el valor añadido manufacturero registra un crecimiento superior al 13% entre los tres primeros trimestres de este año y el mismo periodo de 2021. La media de la UE se sitúa en el 1,9%, con Alemania en valores nulos, Francia cerca del 1% e Italia en torno a la media europea. 

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

Comparte esta entrada



Leer más

Introducción al debate sobre la economía europea ante los desafíos globales

La economía europea ha capeado mejor de los previsto las consecuencias de la pandemia, la guerra en Ucrania, la crisis energética y el giro copernicano de la política monetaria. Una recesión de gran magnitud ha podido evitarse, y las previsiones apuntan a una ligera recuperación en el transcurso del año, evidenciando una resiliencia notable.  

Retos globales

A medio plazo, sin embargo, las perspectivas generan dudas, especialmente en comparación con la trayectoria de otras grandes potencias. En primer lugar, por la magnitud de los desafíos globales a que se enfrenta la Unión Europea. Su modelo productivo se asienta en premisas que se han debilitado como consecuencia de las tensiones geopolíticas. La proliferación de medidas proteccionistas y la lógica de bloques regionales que toma el relevo del multilateralismo entorpecen el comercio internacional, potente motor del crecimiento europeo. Según estimaciones del Global Trade Alert, las restricciones se han multiplicado casi por 3 en los últimos cuatro años, acentuando la tendencia iniciada antes de la pandemia[1].

Por otra parte, la industria europea se asoma a una verdadera reconversión
como consecuencia de las disrupciones del suministro de energía rusa y la
reorganización de las cadenas globales de valor (el llamado fenómeno de “reglobalización”).
Las economías centroeuropeas están más expuestas a esta reconversión que las
del sur del continente, que disponen de abundantes fuentes de energía renovable
y son menos vulnerables a las vicisitudes de los intercambios con China. La
necesidad de contribuir a la lucha contra el cambio climático ante una opinión
pública concienciada es otro reto. Prueba de ello los dilemas que se plantean a
la hora de poner en marcha la agenda verde mediante un programa ambicioso de
reformas e inversiones para descarbonizar la economía.

Finalmente, los gobiernos se han comprometido a incrementar el gasto militar en un contexto de cronificación del conflicto bélico en Ucrania y de preocupación ante la solidez del sistema de defensa europeo.

La debilidad de la inversión frente a la abundancia del ahorro

En segundo lugar, no está claro que la UE disponga de los instrumentos para hacer frente a estos desafíos globales: todos ellos tienen en común la necesidad de intensificar el esfuerzo de inversión. Las estimaciones del gasto de inversión que sería necesario para alcanzar los objetivos de “autonomía estratégica”, sosteniendo simultáneamente la competitividad y la transición verde, superan los 700 mil millones de euros anuales[2]. Esto supone un 18% del total invertido actualmente.   

No obstante, la inversión es precisamente una de las asignaturas pendientes de la economía europea (gráfico 1). En los últimos cuatro años, la inversión productiva apenas se ha incrementado un 2,4%, frente al 7,9% de EE UU.


La debilidad de la inversión es paradójica, ya que Europa dispone de una abundante bolsa de ahorro que podría movilizarse. Así pues, una parte de ese ahorro se exporta, sirviendo para reforzar el capital productivo fuera de Europa[3]. Según los datos de inversión extranjera directa, la exportación neta de capital se elevó a 119 mil millones de euros en los tres primeros trimestres de 2023. Una tercera parte de esa fuga de ahorro se dirigió a EE UU , tal vez atraída por las jugosas subvenciones del Inflation Reduction Act o del Chips and Science Act. La capitalización de empresas norteamericanas con ahorro europeo sigue una trayectoria creciente (gráfico 2).


La segunda palanca atañe a la inversión nacional pública, especialmente si ésta ejerce un impulso multiplicador sobre la inversión privada. En este caso el escollo se encuentra en el escaso margen fiscal de la mayoría de los Estados, atenazados por el efecto conjugado de los elevados niveles de endeudamiento y la reactivación de las reglas fiscales, exigiendo un importante ajuste. Las cláusulas de salvaguarda previstas en estas reglas abocan a una reducción sin tregua de los desequilibrios hasta cumplir con los umbrales de deuda y de déficit. El elemento de flexibilidad que se incorpora para no perjudicar la inversión solo sirve para extender el periodo del ajuste, pudiendo pasar de cuatro a siete años.

El tercer instrumento consiste en potenciar la inversión europea financiada
de manera mancomunada. Esta política podría redundar en una nueva ronda de
fondos Next Generation pilotados por cada país, mejorando el marco de
ejecución para paliar las deficiencias que han podido aminorar el efecto
tractor sobre la economía. Otra opción consistiría en un programa gestionado
directamente desde Bruselas para financiar bienes públicos de interés general. Ambas
fórmulas, sin embargo, se fundamentan en un endeudamiento común, algo que choca
con la reticencia de los países frugales, que solo aceptarían compartir un programa
de inversión a condición de financiarlo sin deuda. Es decir, procediendo a una reasignación
del presupuesto europeo sin aumentar el volumen total de recursos: una
eventualidad que obligaría a recortar el gasto en agricultura (la sacrosanta
PAC) o en cohesión social.

Statu quo versus mayor integración

Habida cuenta de las discrepancias y a falta de iniciativas para facilitar
la inversión, un descuelgue de competitividad no sería descartable, amenazando
la sostenibilidad del modelo social europeo. Además, en el actual contexto de fragmentación
y de endeudamiento público, se ha desatado una inflación de “ayudas de Estado”
en los países que disponen de más capacidad fiscal. Este es un instrumento que tiene el inconveniente de ser disperso, no
estando a la altura de los potentes incentivos del Inflation Reduction Act,
además de entrañar un riesgo evidente de distorsión de la competencia en el seno
del Mercado Único.

Según la
Comisión Europea, el total de ayudas aprobadas en 2022 supera los 671 mil
millones de euros, es decir el 4,3% del PIB de la UE, frente a menos del 1%
antes de la pandemia. Alemania concentra más de la mitad de las ayudas, siendo
España uno de los países que menos han apelado al Marco Temporal de ayudas de
Estado en relación con su tamaño. La dilución del apoyo, y su asimetría entre
países, tiene un doble inconveniente de distorsionar la competencia y de reducir
los beneficios de conjunto para la UE. Esto ocurre cuando los países compiten
con subvenciones para atraer una misma inversión, como se ha visto por ejemplo
en el sector de semiconductores.  

En suma, solo
un escenario de mayor integración, con una profundización de la unión financiera y con mayores estímulos públicos,
ya sea nacionales o europeos, permitiría preservar la competitividad de la UE
ante los desafíos globales.                  

[Esta entrada es un resumen de la introducción que el autor ofreció en el acto ‘La economía europea ante los desafíos globales’, organizada por Funcas en el Parlamento Europeo, que contó con la participación de Miguel Gil Tertre, economista jefe de la DG de Energía de la Comisión Europea, Jonás Fernández, coordinador del grupo socialista en la comisión de Economía y Asuntos Financieros del Parlamento Europeo y Eva Poptcheva, vicepresidenta de la misma comisión y portavoz de Ciudadanos. Puede ver el video íntegro del acto aquí].


[1] Véase https://www.globaltradealert.org/.

[2] Este volumen de recursos es solo para cumplir con los objetivos de descarbonización, según el informe de la Comisión Europea, Strategic Foresight Report 2023 https://commission.europa.eu/document/download/ca1c61b7-e413-4877-970b-8ef619fc6b6c_en?filename=SFR-23-beautified-version_en_0.pdf

“>[3] La balanza por cuenta corriente de la UE arroja un importante superávit, evidenciando el exceso de ahorro frente a la inversión. Además, una parte de ese excedente de ahorro sirve para capitalizar empresas de terceros países (el volumen de los flujos de salida de inversión directa extranjera supera el de las entradas).     

Leer más
la-economia-espanola-de-la-periferia-al-centro

La economía española de la periferia al centro

Comparte esta entrada



El cambio de paradigma de
la globalización, cuyo exponente más visible es el estancamiento de la locomotora
exportadora alemana, entraña algunas oportunidades para las economías que
ostentan una ventaja comparativa en los sectores de servicios. Este es el caso
de España, a tenor del buen comportamiento de las exportaciones de servicios no
turísticos como la consultoría, la construcción y algunas actividades
relacionadas con las nuevas tecnologías.

Se trata de actividades
menos afectadas por las trabas al comercio internacional que han ido proliferando
al calor de las tensiones geopolíticas, afectando sobre todo a las mercancías:
en los últimos cuatro años, el número de restricciones a los intercambios de
bienes se ha multiplicado casi por tres (según el FMI en base a informaciones
recogidas por Global Trade Alert).      

Los datos evidencian el gran salto adelante de este sector en España. Las ventas en el exterior alcanzaron el año pasado el 7,6% del PIB, es decir más de la mitad de los ingresos en concepto de turismo, pulmón tradicional de la economía. Por su parte, las importaciones de servicios no turísticos se han estancado, de modo que el saldo de nuestros intercambios arroja un superávit histórico cercano al 3% del PIB, cuando era casi nulo antes de la crisis financiera.  


La asombrosa subida en escala del sector tiene un impacto relevante a nivel agregado. Los servicios no turísticos, no solo apuntalan el sólido excedente externo que ejerce de colchón ante los vaivenes globales, también aportan oxígeno al crecimiento: más de la quinta parte del avance del PIB registrado en 2023 se debe directamente a la pujanza de estos sectores. En suma, el modelo exportador español se ha diversificado.  

Esta trayectoria, a todas luces favorable, obedece sin embargo a factores más o menos sostenibles. Por una parte, los costes laborales figuran entre los más competitivos en Europa, contribuyendo al buen posicionamiento internacional del sector. La Unión Europea presenta superávit a escala global en servicios no turísticos, pero nuestro excedente es proporcionalmente mayor. Además, España es junto con Portugal, Eslovenia y Eslovaquia —economías con costes laborales relativamente bajos— el que más ha incrementado su excedente.

Por otra parte, la
presencia internacional en algunos de estos sectores (caso de los servicios
profesionales, o de las actividades de software) se basa sobre todo en
la conectividad a la red, algo que se puede conseguir con empresas
relativamente pequeñas que son las más frecuentes en nuestro tejido productivo.    

En otras ramas, no obstante, el tamaño de las unidades de producción sí que importa, caso por ejemplo de las plataformas logísticas. Y, en general, conviene afrontar las barreras al crecimiento empresarial para consolidar el plus de competitividad. A este respecto el acceso a fuentes diversificadas de financiación, más allá de la que aporta la banca tradicional, es uno de los escollos más persistentes. Asimismo, la debilidad de la inversión en equipamiento y bienes de la propiedad intelectual es preocupante: este es un componente rezagado en comparación con los niveles prepandemia, cuando el esfuerzo inversor se sitúa ya netamente por encima de dicho nivel en el resto de la eurozona.

Salvo salto cuantitativo de la inversión, tanto física como en capital humano, el dinamismo de los servicios perderá fuelle o dependerá sobremanera de la perpetuación, socialmente cuestionable, de costes laborales bajos. La adenda a los fondos europeos puede servir de palanca, si bien por definición su despliegue prioriza la industria, la energía, dejando potencialmente de lado buena parte del pujante sector de servicios no turísticos. La clave está por tanto en la movilización a fines de inversión productiva de la bolsa de ahorro acumulado por el sector privado. De ahí la importancia de desatascar el proyecto previsto por Bruselas de unión del mercado de capitales, condición para conectar los excedentes financieros con las necesidades de desarrollo.   

EUROPA vs EE UU Y CHINA | La Unión Europea volvió a arrojar un superávit por cuenta corriente en 2023, de magnitud similar al excedente prepandemia, cercano a 340.000 millones de euros. Sin embargo, se observan importantes cambios en las relaciones con las otras grandes potencias: el superávit con EE. UU. se ha reducido un 55%, al tiempo que el déficit de los intercambios con China se ha multiplicado por dos. Durante el mismo periodo, la economía española ha incrementado su superávit en términos de cuenta corriente, como consecuencia de la mejora de la balanza con otros países europeos.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

Comparte esta entrada



Leer más
el-modelo-exportador-espanol-en-una-europa-que-pierde-terreno

El modelo exportador español en una Europa que pierde terreno

Comparte esta entrada



El sector exterior ha sido uno de los principales protagonistas de la recuperación reciente tras la pandemia, de manera similar a lo que sucedió después de la crisis financiera. España es el único de los grandes países de la Unión Europea que ha conseguido mantener simultáneamente un sólido superávit de los intercambios comerciales (cercano al 2,5% del PIB en el último año, con datos hasta el tercer trimestre, prácticamente lo mismo que la media del periodo 2015-2019), y un abundante flujo de entrada de capital extranjero. El doblete también ha aportado capacidad de resistencia y confianza ante las turbulencias geopolíticas de los últimos años. 

La cuestión es hasta qué punto estos resultados son sostenibles en el
tiempo. Para calibrarlo, en un mundo interconectado, conviene examinar nuestra
trayectoria a la luz de las transformaciones que atraviesan la economía
global. 

La más evidente: Europa, nuestro principal mercado de exportación y de atracción de inversiones, está perdiendo terreno en relación a los otros grandes bloques comerciales. El crecimiento de la zona euro lleva más de un año sin levantar cabeza, de modo que a duras penas supera los niveles de actividad prepandemia. El PIB se sitúa solo un 3% por encima del nivel alcanzado a finales del 2019, cuando la economía norteamericana ya se ha propulsado un 7,3% más allá de ese umbral. Y se vislumbra una divergencia aún más acusada en el próximo año. 


La locomotora exportadora europea parece haberse atascado, a tenor de la notable contracción del superávit exterior (desde el 2,8% del PIB en el periodo 2015-2019, hasta el 1,2% en 2023). El bloque es también menos atractivo para el capital productivo internacional. La inversión directa extranjera retrocede en términos agregados, aun con diferencias, ya que cae en Alemania al tiempo que sube en España. Mientras tanto, el capital fluye hacia el otro lado del Atlántico tras la aplicación de los potentes estímulos a la inversión y a la relocalización de empresas del Inflation Reduction Act. Europa no dispone de un arsenal comparable al que ha desplegado la administración Biden, ni de una estrategia coordinada, optando de facto por la competencia entre socios comunitarios, como lo evidencia la inflación de subvenciones nacionales, o “ayudas de Estado”, un instrumento poco eficaz que además desvirtúa el mercado único en detrimento de las economías con menos espacio fiscal como la nuestra.

Además del deterioro de la posición energética, Europa padece un
déficit creciente en sus intercambios de productos de alto valor añadido
tecnológico, particularmente con China. En 2022, dicho déficit alcanzó los
36.000 millones de euros, dejando atrás los excedentes de años anteriores. De
manera similar, el comercio de vehículos eléctricos es deficitario.

Así pues, tiene mérito que las empresas españolas hayan ganado terreno en un mercado aletargado como el europeo. Tarde o temprano, sin embargo, el auge de nuestras exportaciones empezará a languidecer. De hecho, ya se perciben síntomas de enfriamiento de los intercambios con la UE, como el ligero descenso de las exportaciones de bienes registrado hasta noviembre. Las importaciones, por su parte, se van recuperando, de modo que cabe esperar una contracción del excedente exterior para este año. Según el Panel de Funcas, el superávit que arroja nuestra balanza por cuenta corriente descenderá hasta el 1,5% del PIB. Este es todavía un saldo saludable.      

No obstante, a medio plazo, además de depender de un bloque comercial europeo
en declive relativo, nuestro aparato productivo se enfrenta al reto de
incorporar las nuevas tecnologías para mantener su posición competitiva. El
talón de Aquiles es la debilidad de la productividad, reveladora de la
dificultad a realizar la transición digital, amenazando con erosionar la
ventaja que disponemos en términos de costes de producción. Un viento de cola
que conviene preservar con consenso social y actuando sobre todas las palancas
que impulsan la productividad.

COMERCIO INTERNACIONAL | Las exportaciones cayeron un 0,7% hasta noviembre en relación a un año antes, arrastradas por los derivados del petróleo, las semi-manufacturas y los medicamentos. Por el lado positivo, destaca la recuperación de las ventas en el exterior del sector automotriz y la consolidada robustez de las de bienes de equipo. Las importaciones también experimentaron una caída a nivel agregado, del 6,8%, como consecuencia sobre todo del abaratamiento de las compras de energía. Con estas tendencias, el déficit comercial se situó en menos de la mitad en comparación con un año antes.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

Comparte esta entrada



Leer más
final-anticipado-de-la-escalada-de-tipos-de-interes

Final anticipado de la escalada de tipos de interés

Comparte esta entrada



Ahora que la desinflación
se va afianzando, el impacto en la economía real del actual episodio de
endurecimiento monetario se ha convertido en la principal preocupación, de tal
modo que cabe preguntarse si no se le ha ido un poco la mano al BCE.  

Casi todos los factores de crecimiento se están agotando uno tras otro. El sobreahorro de los hogares ha desaparecido o se ha transformado en un activo financiero poco líquido, al tiempo que el encarecimiento del dinero reduce la demanda de crédito, uno de los determinantes de la inversión. Tampoco cabe esperar un fuerte impulso del exterior: los intercambios internacionales renquean, afectando sobremanera a la industria europea, muy dependiente de las exportaciones (la OCDE prevé un crecimiento escuálido del comercio mundial en los próximos dos años).

Por si fuera poco, las políticas presupuestarias están constreñidas por la próxima reactivación de las reglas fiscales europeas y las crecientes cargas financieras. La economía española resiste mejor que en el resto de Europa, pero la magnitud de nuestros desequilibrios presupuestarios nos aboca un esfuerzo de consolidación.    


Eso sí, los análisis coinciden en el papel destacado del mercado laboral como dique de contención. El empleo ha seguido creciendo, evitando una escalada de impagos de préstamos bancarios y sosteniendo la demanda. Esto explica que el consumo de las familias sea el principal artífice de la leve recuperación del crecimiento pronosticada por la OCDE para el año que viene. Sin embargo, el vaticinio depende de que el empleo siga aguantando, algo que no está garantizado: si los sectores con más dificultad para adaptarse a la transición energética o la desglobalización no recortan plantilla, es porque consideran que la desaceleración es pasajera.

Por ejemplo, la actividad
en las ramas de automoción y otro material de transporte ha descendido un 4%
desde la pandemia, cuando el empleo se ha mantenido (en el tercer trimestre del
presente ejercicio se situaba incluso un 1,5% por encima del nivel alcanzado en
el mismo periodo de 2019, según los datos de ventas de grandes empresas). Estos
sectores prefieren retener la plantilla, aun recortando la jornada laboral: un
comportamiento que se entiende en un contexto de declive demográfico, siempre y
cuando se mantengan las expectativas de una mejora de la cifra de negocios en
un futuro no muy lejano. De hecho, están apareciendo ya algunas señales
preocupantes a este respecto: véase la ligera caída del empleo en Francia en el
último mes, la también leve subida del paro en Alemania y la clara desaceleración
de la afiliación en España.

A medida que los precios
se moderan, los salarios podrían también recuperar algo de capacidad de compra y
estimular la demanda. No se trata de una espiral salarial tan temida por los
bancos centrales, sino más bien de un fenómeno de compensación puntual de poder
adquisitivo. En Alemania, por ejemplo, los salarios pactados suben entre un 2,5
y un 3%, excluyendo esas compensaciones transitorias y no consolidadas. En todo
caso, el IPC de noviembre confirma la menor presión de la inflación subyacente
(la que se obtiene descontando los componentes más volátiles del índice), tanto
en el conjunto de la eurozona como en España.

A corto plazo cabe
esperar todavía una inflación subyacente alta, y repuntes de IPC por los
efectos base. El BCE querrá comprobar que la trayectoria de los precios y de
los salarios es coherente con sus objetivos, de modo que no se espera un ajuste
antes de la primavera. A partir de ese momento, no obstante, los argumentos a
favor de un recorte de tipos de interés adquirirán más peso (pero ojo porque no
volveremos a la era del dinero casi gratis). Entre tanto, vendría bien una
inflexión en el discurso monetario para alentar las expectativas, y así sostener
los colchones de resistencia, entre otros el mercado laboral.

IPC | El descenso del IPC en noviembre (-0,5% en la eurozona y -0,6% en España), refuerza la tendencia a la moderación de la inflación. Durante la primera parte del año, el IPC registró un incremento medio mensual del 0,4% tanto en la eurozona como en España. En ambos casos, la tasa se ha reducido hasta el 0,1% en lo que va de segundo semestre. Además, la trayectoria es compartida por todos los socios de la moneda única. También se observa una convergencia entre países en el núcleo central de precios, excluyendo energía y alimentos.  

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

Comparte esta entrada



Leer más

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies