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¿Equidad o excelencia en el sistema educativo? Podemos tenerlo todo

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La OCDE documentó en un reciente informe la relación entre el rendimiento académico a los 15 años –usando los resultados de PISA como indicador anticipado– y el abandono educativo. En concreto, el estudio analizaba una cohorte artificial de población por países y cruzaba los datos sobre el porcentaje de estudiantes con un pobre desempeño en lectura en 2009 con la proporción de jóvenes entre 25 y 34 años sin secundaria superior en 2024.

La correlación que muestra el documento de la OCDE entre ambos datos (R2=0,55) es alta, lo que da una idea de la elevada capacidad predictiva del indicador empleado. Los países con una mayor proporción de estudiantes con capacidad limitada de lectura resultan ser, con el tiempo, los que menos estudiantes titulan en secundaria, y viceversa. Pero el estudio de la misma también permite detectar que hay países en los que el número de titulados es superior al esperado por el desempeño en lectura a los 15 años, y otros en los que sucede lo opuesto. Y, en lo que concierne a España, nuestro país aparece en una posición desfavorable: muestra más jóvenes sin titular de los que su rendimiento escolar habría llevado a esperar. El sistema, en otras palabras, no está consiguiendo recuperar a una parte del alumnado con dificultades.

A partir de este informe de OCDE, hemos replicado el análisis aplicando la misma lógica a las comunidades autónomas españolas, para las tres competencias evaluadas en PISA –matemáticas, lectura y ciencias– y con dos cruces temporales distintos –2012 y 2015–. Pero, además, en el estudio hemos querido comparar la capacidad predictiva de la cantidad de estudiantes con bajo nivel de competencias con otro indicador, la puntuación media en PISA. La idea es confirmar si la media también predice el abandono educativo posterior, lo que implicaría que tirar del nivel medio hacia arriba (“excelencia”) no penaliza al alumnado rezagado (“equidad”).

Lo que dicen los datos por comunidades

El primer cruce relaciona los resultados de PISA 2012 en 14 comunidades con datos disponibles con el porcentaje de jóvenes de 25 a 34 años sin secundaria en 2025. El patrón se repite con consistencia en las tres materias: allí donde los alumnos de 15 años rendían peor, hay hoy más adultos jóvenes sin titular. Lo más revelador, en todo caso, es el hecho de que la diferencia estadística entre los indicadores adelantados escogidos (recordemos: alumnos con bajas competencias y puntuación media en PISA) son mínimas, y su capacidad predictiva equivalente, como muestra el gráfico.


Como sucede en el análisis internacional de OCDE, en el plano territorial nacional lo interesante no es tanto la tendencia general como las excepciones. Por debajo de lo que cabría esperar —es decir, con menos abandono del que su punto de partida escolar auguraba— se sitúan País Vasco, Cantabria, Asturias, Galicia y Extremadura. El caso vasco es especialmente llamativo: allí se titulan más jóvenes de los previstos y registra la tasa más baja de toda España –solo un 12,3%– de adultos jóvenes sin secundaria. En el extremo contrario, Castilla y León llama la atención por el motivo inverso: sus resultados PISA son de los mejores del país, pero su tasa de abandono es más alta de lo que ese buen rendimiento haría prever.

El segundo cruce, con datos de PISA 2015 frente a la tasa de abandono temprano en 2025, amplía el análisis a las 17 comunidades, con un resultado que refuerza el anterior: País Vasco, Cantabria y Navarra aparecen como los sistemas más eficaces a la hora de reconducir a sus estudiantes hacia la titulación, con tasas de abandono entre 2 y 10 puntos por debajo de lo esperado.

Una falsa dicotomía y una lección de política educativa

Más allá de las diferencias territoriales y casos que merecen estudios específicos, el análisis deja claro, por un lado, que el rendimiento temprano puede darnos una medida nítida del nivel general del sistema educativo y permite, por otro, abordar un debate recurrente: ¿hay que elegir entre elevar el nivel medio del sistema o reducir el porcentaje de alumnado rezagado? Los datos sugieren que no. Tanto la proporción de alumnos con bajo desempeño como la puntuación media en PISA predicen el abandono futuro con la misma fuerza.

La conclusión que extraemos apunta, en definitiva, en una dirección clara para la política educativa: la mejora del nivel medio del sistema y las medidas de apoyo específico al alumnado con más dificultades no son, por tanto, estrategias rivales, sino dos aproximaciones al mismo objetivo. No hay que elegir.

Acceda al informe en el que se basa esta entrada aquí.

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Prosigue la reducción de la tasa de abandono educativo temprano, pero aún lejos del objetivo

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El abandono educativo temprano continúa siendo uno de los principales retos del sistema educativo en España. Afecta tanto a las trayectorias de vida de los jóvenes como al desarrollo económico, social y cultural del país. Reducir esta tasa es importante porque quienes no alcanzan este nivel mínimo de estudios suelen enfrentarse a mayores riesgos de desempleo, inactividad y exclusión social. Como recuerda la Comisión Europea“Más de la mitad de los jóvenes que abandonan los estudios en la UE (53,7%) no están empleados, y uno de cada tres desearía volver a la educación o formación, aunque se topa con obstáculos como requisitos de acceso, falta de apoyos o experiencias previas negativas en el aprendizaje. Las barreras percibidas para continuar los estudios son los requisitos de acceso, coste económico, oferta educativa inadecuada, problemas de salud, falta de apoyo de servicios públicos y experiencias previas negativas de aprendizaje.

La tasa de abandono educativo temprano se calcula a partir de datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) del INE y refleja el porcentaje de jóvenes de 18 a 24 años que no ha finalizado Bachillerato, FP Media o FP Básica y que no ha realizado ninguna formación en las últimas cuatro semanas. En España, en los últimos dos trimestres de 2024 y los dos primeros de 2025 se ha situado en el 12,6%, algo más baja que el 13% de 2024 y el 13,7% de 2023. En cualquier caso, el descenso no evita que España esté aún lejos del objetivo europeo del 9,0% fijado para 2030.


Las diferencias territoriales son significativas. En 2025, la brecha oscila entre el 20,6% de Murcia y el 3,8% del País Vasco. Cantabria (6,1%), Madrid (9,3%) o Navarra (9,6%) también registran tasas bajas.


El abandono está estrechamente vinculado, entre otros factores, al nivel educativo de las familias: los jóvenes cuyas madres solo tienen estudios primarios presentan una probabilidad de abandono 14 veces mayor que aquellos con madres con estudios superiores (34,0% frente al 2,3% en 2024).

Entre los jóvenes que no han completado secundaria superior, las barreras percibidas para continuar los estudios son los requisitos de acceso, coste económico, oferta educativa inadecuada, problemas de salud, falta de apoyo de servicios públicos y experiencias previas negativas de aprendizaje (Comisión Europea, 2024).

Absentismo escolar prolongado

El abandono temprano se conecta también con otra preocupación creciente: el absentismo escolar. La Comisión Europea advierte que tras la pandemia las tasas de absentismo prolongado (más de tres meses consecutivos sin asistir) aumentaron especialmente en la UE entre estudiantes desfavorecidos (10,2 % frente a 6,1 % de los más favorecidos).

El absentismo prolongado se asocia a menor rendimiento académico, mayor riesgo de abandono y peores resultados en el mercado laboral (menores ingresos y más desempleo).

Estrategias clave

Para avanzar hacia la meta europea de la tasa de abandono del 9,0%, se requieren políticas basadas en la evidencia:

  • Reducción de ratios y tutorías personalizadas.
  • Refuerzo socioemocional en etapas tempranas. Bienestar y salud mental en los centros educativos.
  • Incentivos a docentes experimentados en centros vulnerables.
  • Flexibilización de la FP y orientación educativa adaptada al mercado laboral.
  • Implicación de las familias en el aprendizaje temprano.
  • Escuelas de verano y programas de refuerzo.

Conclusión

Aunque España ha reducido su tasa de abandono temprano en las dos últimas décadas, el progreso se ha ralentizado. Además, las barreras para reenganchar a los jóvenes a la educación y el repunte del absentismo tras la pandemia añaden nuevos desafíos. Alcanzar el objetivo europeo del 9% en 2030 exige políticas integrales que combinen prevención, segundas oportunidades y apoyo específico a los estudiantes más vulnerables.

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