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¿Y si vamos a otro confinamiento? Israel ya lo ha hecho

España se la está jugando. El número de casos de Covid-19 se ha estado propagando mucho más rápido en España que en el resto de Europa, y el pico se ha dado justo en el momento del regreso a la escuela y al trabajo después de la temporada de vacaciones.

En los últimos catorce días, 116.464 personas han dado positivo en España, casi un tercio de ellas en la región capital de Madrid.

España ha sido el primer país europeo en superar los 500.000 casos acumulados, y ya se acerca a las cifras acumuladas de 600.000. La tasa de contagios es líder en Europa, por cada 100.000 habitantes en España en los últimos catorce días se mantuvo, con diferencia, la más alta de Europa el jueves con 263,2, casi el doble que Francia (135,1), que ocupa el segundo lugar. En Italia, este número es actualmente de 32, 39,6 en el Reino Unido y 21 en Alemania.

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Hasta la fecha, no se ha vuelto al confinamiento de la población como ocurrió a mediados de marzo, una medida de última instancia que se emprendió cuando el número de casos diarios estaba desatado y no se detenía, justo lo que está sucediendo hoy con unas cifras diarias peores que en la anterior oleada.

La idea de que no existe riesgo de otro confinamiento porque sería perjudicial por la economía, no es cierta. Es más, Israel ha vuelto a un confinamiento de su población cuando han sido incapaces de detener la segunda oleada, a pesar del desplome económico visto en la primera mitad del año y los altos niveles de desempleo que han derivado.

Si nos vamos a los datos comparativos de "nuevos casos diarios por millón de habitantes" que nos permiten tomar el pulso de la pandemia en cada país, la posición de España es notablemente peor que la de Israel: España suma 586 casos por millón de habitantes mientras que Israel se queda con 435 casos. España tiene motivos suficientes para dirigirse a un segundo confinamiento.

Coronavirus Data Explorer 1

Israel declara su segundo confinamiento que durará tres semanas

Israel se dirige a un bloqueo casi total de tres semanas justo en la víspera el Año Nuevo judío. Un cierre que entrará en vigor el viernes y durará hasta el 9 de octubre.

La primera fase de las restricciones será la más severa, pero las reglas se pueden relajar dependiendo de la tasa de mortalidad. De acuerdo con las disposiciones del plan, las personas serán en primer lugar confinadas y obligadas a permanecer dentro de un perímetro de 500 metros alrededor de sus hogares.

Todas las escuelas (excepto las escuelas con estudiantes con necesidades especiales) y los negocios que se consideren no esenciales estarán cerrados. Por tanto, los supermercados y farmacias permanecerán abiertos. Los restaurantes, por su parte, deberán limitarse a la venta a domicilio.

Ciertas oraciones públicas pueden autorizarse bajo condiciones que quedan por determinar. Se prohibirán las actividades relacionadas con el turismo, la recreación y el entretenimiento.

En segundo lugar, algunos empleados podrán regresar al trabajo y solo se prohibirán los viajes entre ciudades. Las reuniones estarán restringidas en todo el país de acuerdo con el nivel rojo, que fue establecido por el profesor Ronni Gamzu, responsable de la respuesta del gobierno a la pandemia en Israel.

Tampoco se permitirá la apertura de centros comerciales. Las empresas no podrán recibir clientes en sus oficinas.

El sector público operará en formato de emergencia. Las empresas, oficinas y fábricas privadas solo podrán acomodar entre el 30% y el 50% de su personal, y los empleados deberán reanudar el teletrabajo.

En el tercer paso, el estado judío volverá a su plan de señalización -distinguido por los colores rojo, verde y naranja según los grados de contagio registrados en las localidades israelíes-, imponiendo restricciones solo en los sectores distinguido por altas tasas de contagio.

Israel y sus similitudes con España

España podría parecerse a Israel más de lo que quisiera, con sus datos históricamente negativos. En el caso de Israel, su economía se encuentra de capa caída sufriendo la peor recesión económica de esta en los últimos cuarenta años. En el segundo trimestre de este año el PIB se desplomó un 28,9% anualizado, en comparación al primer trimestre del año (el dato anualizado de España fue del 55,8% en el segundo trimestre). Sin anualizar, sino en base interanual, la economía israelí cayó un 7,8%, mientras que la española se hundió un 22,1%, reflejando el peor dato del conjunto de la OCDE.

Economic Decline In The Second Quarter Of 2020

Debido al confinamiento experimentado en marzo y abril, el consumo privado israelí se redujo en más del 43%, las importaciones se redujeron en más del 41% y el desempleo supera ya el 21%. España mostraría cifras de desempleo peores si no fuera por la alfombra de los ERTEs que oculta el deterioro del mercao laboral, dejando las cifras finales en el 15,33%.

Las cifras económicas funestas las vive también España y el factor político es muy similar. Y es que también carecen un Presupuesto estatal anual por la dificultad de forjar acuerdos. En ese caso, existe una pelea entre Netanyahu y el socio de la coalición Benny Gantz sobre si aprobar un presupuesto de un año para 2020 o un plan de dos años hasta 2021, como se estipula en su acuerdo de coalición.

En respuesta, se dará rienda suelta al gasto público como la mayoría de gobiernos han tenido que hacer. El gobierno ha abierto los grifos fiscales para proporcionar una red de seguridad social y fortalecer la economía, permitiendo que el déficit presupuestario y la carga de la deuda se disparen.

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¿Cuáles son las consecuencias de un uso ineficiente de la tecnología?

En este post, te contamos en detalle cuáles son las consecuencias del mal uso de la tecnología en las empresas y, lo que es mejor, algunos consejos para mejorar esta situación. ¡Presta atención!

  • Te contamos por qué un 97% de los trabajadores sigue prefiriendo las herramientas de comunicación tradicionales.
  • El uso de la tecnología en la empresa supone una barrera para los empleados mayores de 50 años.

Mejora la comunicación en el ámbito laboral, influye en la eficiencia de los trabajadores… La tecnología puede aportar aspectos muy positivos tanto a pequeñas como a grandes empresas. Pero también puede crear graves problemas para la organización si se realiza un uso ineficiente de ella.

Un estudio de Mitel revela que el uso ineficaz de las herramientas tecnológicas en el entorno laboral podría causar pérdidas a las empresas. En concreto, ellos apuntan a que el coste por empleado y por año podría ser de hasta 9.000 euros.

El coste por empleado y año de un mal uso de la tecnología podría ser de 9.000 euros.

Además de eso, la mayoría de los empleados encuestados por Mitel asegura haber perdido durante su jornada laboral un 13% del tiempo diario debido a una comunicación ineficiente. Hasta ahora, gran parte de los empleados apuesta por seguir utilizando herramientas de comunicación tradicionales como el teléfono o el correo electrónico. Según el informe, en un 97% de los casos siguen siendo las herramientas preferidas a nivel laboral, mientras que un 53% afirma seguir con las reuniones cara a cara.

¿Por qué no se utiliza más la tecnología en la oficina? Mitel señala que, aunque se prevé un incremento de su uso en el próximo lustro, las principales barreras que existen tienen que ver, en un 32% de los casos con una formación insuficiente o en un 25%, con una resistencia a los cambios.

Consejos para mejorar el uso de la tecnología

Los problemas asociados al empleo de un uso ineficiente de la tecnología afectan gravemente al día a día de cualquier empresa. ¿Qué hacer para mejorar la eficiencia y productividad?

1. Formar a los empleados

El empresario deberá apostar por la formación de sus empleados. Hay que tener en cuenta que, dependiendo de la edad, el trabajador se considerará un ‘nativo digital’ o no. En el caso de aquellos que superen los 50 años, se deberá llevar a cabo un plan de formación que les ayude a conocer y entender mejor el uso de la tecnología en la oficina.

 2. Centralizar el uso de archivos

En segundo lugar, para mejorar la eficiencia en la oficina, será conveniente centralizar los archivos y documentos con los que se trabaja. Con esto se evitará la pérdida de documentos o no saber en qué ordenador o carpeta se ha estado trabajando en ellos. Para ello, el empleo de servidores compartidos o de un disco duro al que se tenga acceso desde cualquier ordenador de la oficina puede ayudar a evitar la pérdida de información.

3. Usar herramientas de trabajo colaborativo

Para un uso eficiente de la tecnología en la empresa, también hay que recurrir al uso de herramientas de trabajo colaborativo. Emplear servicios de alojamiento de archivos como Google Drive podrá permitir que varios empleados trabajen de forma simultánea sobre un mismo proyecto.  De esa forma, será más eficiente y productivo el trabajo que realicen y podrán poner en común ideas u otro tipo de propuestas.

4. Mensajería instantánea

Por su parte, el auge del teletrabajo en la empresa hace que sea necesario recurrir a formas de comunicación alternativas al teléfono para que todo el equipo pueda saber qué se está haciendo en los distintos departamentos.

Para ello, el empleo de aplicaciones como Slack o Trello son útiles, ya que son apps con un objetivo común: mejorar la productividad y eficiencia de los equipos de trabajo.

Ventajas de la tecnología en el trabajo

Una de las principales ventajas del uso de la tecnología en el entorno laboral es que se mejora la comunicación interna y externa de la empresa. Una mejor comunicación redundará en un incremento de la productividad y evitará duplicidades en las tareas.

En ese caso, hay que tener en cuenta la aparición de nuevas modalidades de trabajo, como el teletrabajo, en las que no todos los empleados están presentes en el mismo espacio físico.

Al emplear la tecnología en cualquier proceso empresarial, se consigue establecer una mejor conexión con los posibles clientes. La tecnología servirá también para eliminar la barrera espaciotemporal en el ámbito empresarial.

 La tecnología elimina la barrera espaciotemporal en el teletrabajo.

Por otro lado, la tecnología permite conseguir un trabajo más perfecto. Gracias a ella se pueden obtener datos de clientes y facilitar la labor de los trabajadores, por ejemplo. Los clientes recibirán un trato personalizado, ya que los empleados conocerán mejor con quién están tratando, así como sus necesidades.

No hay que olvidar que la tecnología hace posible automatizar procesos. En muchas empresas, ya sea en el ámbito industrial o en cualquier otro sector, se utiliza la tecnología para ahorrar tiempo al empleado. De esta manera, él se puede encargar de tareas que no sean tan repetitivas y, por ende, ser más productivo durante su jornada laboral.

El poder de la tecnología es innegable. Para bien, en el ámbito empresarial recurrir a ella puede ahorrar costos al empresario, garantizar que sus empleados sean productivos, facilitar las tareas empresariales y, en definitiva, conseguir que un negocio sea más rentable.

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Auguran que la gestión del Coronavirus dividirá el mundo del futuro: tiene todo el sentido y… de hecho, ya ha empezado

Aparte de que el maldito virus infecto está en el aire a nuestro alrededor, todos somos ya muy conscientes de que su vertiente económica también está infectando nuestras economías, y produciéndoles una clara insuficiencia respiratoria casualmente paralela a uno de los principales síntomas (o afecciones) que produce el Coronavirus.

Así, la superación o defunción de cada paciente depende mayormente de la calidad asistencial y los medios sanitarios de los que disponga el equipo médico que atiende a cada paciente. De la misma manera, cada economía saldrá de la pandemia más o menos indemne o bien tocada de muerte dependiendo de la gestión de la misma que hagan sus dirigentes. Y ello configurará el nuevo mundo del futuro, y las nuevas fronteras entre países ricos, países que dejaron de serlo, y aquellos que nunca lo fueron ni lo serán ahora.

Las cifras son las cifras, y a las cifras de las cifras, de los mensaje cifrados nos remiten

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Aun siendo cierto que la econometría no es ni mucho menos una ciencia exacta, y que la realidad es que la calidad de cada dato depende radicalmente de infinidad de factores, éstos no son sólo técnicos, sino que también los hay con buena parte de culinarios. Así, en las “repúblicas bananeras”, la econometría se convierte en una suerte de fábrica de cifras a demanda, cayendo en alumbrar realidades paralelas que algún día acaban cayendo por su propio peso, y que acaban por hacer sucumbir cualquier sistema que opta por basarse esas crudas mentiras socioeconómicas. No hace falta que les recuerde de sistemas económicos que han implosionado en el pasado a lo largo de la Historia (y más que lo harán) envueltos en una gran mentira, de la cual los ciudadanos más ingenuos acaban despertando bruscamente cuando ya no hay nada que ponerles en el plato a sus hijos.

Por ello, aunque en todas las cocinas del mundo se aderezan en cierta medida las recetas a gusto de cada chef, lo cierto es que esto no debemos asumirlo ni mucho menos como normal, sino que los ciudadanos y los analistas debemos siempre mantenernos en la exigencia más idealista, por mucho que ésta sea inalcanzable al 100%. Rendirse incondicionalmente a la irrealidad de las cifras económicas supone dar “manga ancha” a unos políticos que no dudarán en retorcer cada vez más titulares y cifras, hasta el lamentable punto en que éstas no acaben teniendo nada que ver con la realidad económica que se supone deberían mostrar.

Es la perversión más absoluta de un sistema socioeconómico, y como toda perversión, no acaba sólo pudriendo el alma y el espíritu de los ciudadanos y del propio sistema, sino que además acaba haciendo el aire putrefacto. Tanto es así, que siempre siempre siempre éste acaba siendo asfixiantemente irrespirable para los ciudadanos de a pie, que ya no pueden tomar más bocanadas con las que oxigenarse y seguir produciendo y viviendo con calidad dentro del sistema. Así, el desenlace final acaba siendo siempre fatal, sea a más o menos largo plazo dependiendo del calibre de la rasera con la que el cocinero va dándoles la vuelta a las hamburguesas que ya se le han quemado para que no se vean.

Por ello, desde estas líneas siempre abogamos por la transparencia más absoluta y el realismo económico más idealista, porque lo contrario es la opacidad más suicida y la irrealidad más degenerada socioeconómicamente. No hay otra opción posible en esta ecuación de segundo grado, que tan sólo arroja dos posibles soluciones: una de signo (muy) positivo y que suma, y otra de signo (muy) negativo y que resta y socava el sistema socioeconómico desde sus pilares de carga. Es en este segundo caso cuando los políticos restan y restan hasta que un día el edificio ya no se tiene en pie, y sus ciudadanos deben mudarse a una chabola, mientras los responsables de todo el desastre viven en la opulencia o se fugan con su cuantioso dinero por pasaporte.

La vinculación entre gestión de la pandemia y futura riqueza puede parecer evidente para algunos, pero ni mucho menos lo es para otros

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Como todo lo que toca el ser humano, la realidad de la gestión de la pandemia no acaba siendo todo lo realista que debiera, al menos por determinados lares más humanos que divinos. Igualmente de “retorcible” que la calidad de la gestión, son las consecuencias últimas de la misma, especialmente en los países tan amantes de las vanas esperanzas. Un extremo que no dudan en explotar unos políticos que muchas veces se limitan a alimentarlas para así poder sobrevivir sus cuatro años de reinado sin que se note lo que hay por debajo, cuando no para prorrogar esos cuatro años tanto como les sea posible, llegando incluso, si les es posible ética y sistémicamente, a perpetuarse como estirpe política, con elecciones más cantadas que el “Macarena” de “Los del Rio” (al Este me remito).

Pero la mayoría de la población ilustrada (¡Ay, la vital importancia de esa clase media culta y formada!) acaba siendo en algún momento consciente de la realidad de la calle. Y es que la propaganda puede taponar mentes y acallar bocas, pero cuando el estómago empieza a rugir en la noche socioeconómica más oscura, la propaganda no llena estómagos. Así, la responsabilidad más vocacional y humana de analistas y economistas es tratar de contribuir al buen hacer del sistema, contribuyendo a evitar que éste se desvíe mucho del recto camino, antes de que el rumbo esté tan torcido que ya sea demasiado tarde como para rectificar sin peligrosísimas vías de agua. Sirviéndonos ahora de ayuda para desarrollar la obviedad de todo lo anterior con una base más científica y académica (mis disculpas a los que no les gusta que hablemos de la “ciencia económica”), recientemente, el británico matemático experto en epidemiología Kucharski ha confirmado la tesis de que el mundo del futuro se dividirá efectivamente en dos, según se controle hoy el Coronavirus en cada país.

Como pueden leer en el enlace anterior, este reputado experto consagró vocacionalmente su vida al análisis matemático de las pandemias fruto de sus propios padecimientos personales a causa de una grave afección infantil, que le ha marcado (e impedido) para el resto de su vida. Dada la dimensión personal y vital de lo que para él supuso una enfermedad, la visión con la que Kucharski es capaz de abordar una epidemia es muy amplia, siendo capaz de abarcarla en todo su alcance. Este matemático no sólo se centra en fórmulas y modelos de infección, contagio, propagación, inmunidad, y todo los factores más clásicos de la epidemiología, sino que Kucharski también entra en temas de violencia, crisis económicas, ideas, suicidio, felicidad, pánico, bulos, y todo lo que estamos viendo ya a día de hoy que está llegando a nuestro mundo de la mano del Coronavirus. Vamos, Socioeconomía en estado puro.

Al calor del escepticismo científico que ha sido originado por la poca anticipación general ante esta pandemia, hay que decir que no debemos nunca caer en dejarnos alejar del lado de la ciencia, debiéndonos alistar en la resistencia a pesar de que la propaganda esté tratando de alentar a los negacionistas con sus conspiraciones, para que demos la espalda a nuestros científicos y así conseguir dinamitar otro muro de carga de nuestro sistema. Conspiraciones sin justificar ni mínimamente aparte, lo cierto es que la pandemia podría haberse evitado, o al menos minimizado, si ciertos campos del avance y de la investigación científica no hubiesen sido tan dados de lado en los últimos años, como ya alertaban algunos profesionales. Así, respecto a la parte más técnica de la epidemiología, una de las respuestas más relevantes de la entrevista al matemático-epidemiólogo es cuando dice que, ante esos titulares que afirman que los modelos son incorrectos, contra-argumenta que ésa no es la cuestión ni mucho menos, porque los modelos simplemente nos contestan a preguntas muy muy concretas.

El experto dice que no podemos pensar en los modelos como “bolas de cristal”, que tienen respuesta para todo lo que se pueda plantear cuan Oráculo de Delfos. En realidad, más allá de los titulares poco rigurosos, lo cierto es que los investigadores usan los modelos para analizar conjuntos de posibilidades muy específicas y medidas por parámetros muy técnicos y concretos, como tasas de crecimiento a futuro de no tomarse medidas de contención o similares. De las palabras de Kucharski se desprende que tratar de anticipar hace un año la pandemia del Coronavirus con un modelo matemático-epidemiológico sería equiparable a tratar de anticipar con qué forma y qué manchas exactas va a florecer el moho de un queso roquefort concreto, que hoy por hoy todavía no ha sido ni tan siquiera elaborado en la quesería y puesto en su molde. Vamos, un imposible de todas todas, que la propaganda trata de explotar inmisericordemente abusando del desconocimiento del público en general sobre epidemiología, y tratando de “colarnos” que, si la epidemiología no supo predecir el surgimiento del Coronavirus, entonces no nos vale para nada. A todo ello, además hay que añadir la flagrante falta de datos de calidad a la que se enfrentaron los epidemiólogos en su momento ante el COVID-19, puesto que empezamos a tener datos fiables cuando ya teníamos la primera ola encima la pasada primavera. Éste es un punto especialmente lacerante, debido sobre todo a la incuestionable e incomprensible falta de fiabilidad de los datos que nos llegaban desde China (entre otros muchos misterios orientales insondables).

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Y Kucharski pone también de relieve una de las tesis más recurrentes que venimos exponiéndoles desde estas líneas desde el principio de la pandemia (sí, desde aquí fuimos de los primeros en alertarles de la que se nos venía encima ya el 3 de Febrero): esto no es un asunto sanitario, es un asunto socioeconómico en toda regla, como máximo exponente de la importancia de esa Socioeconomía que ya re-inauguráramos como concepto esencial en 2012. No será por falta de capacidad de anticipación por lo que nos critiquen. Así, en plena faceta socioeconómica, Kucharski afirma que acabar con la pandemia sería sanitariamente tan sencillo como confinarnos a todos hasta que el virus muriese, al no tener ya nuevos huéspedes a los que contagiarse y donde reproducirse. Pero bien sabemos que eso no es posible, pues todos moriríamos de inanición.

En la ecuación socioeconómica pandemia-economía entra inevitablemente el balance entre combatir la pandemia y preservar la economía que nos da de comer a todos: un balance del que ya les dijimos que acabarían teniendo que afrontar nuestros políticos, como bien dice también ahora Kucharski en la entrevista enlazada antes. Y también es un tema, el socioeconómico, por el que igualmente urgíamos a principios de Marzo a tomar medidas preventivas contundentes cuanto antes, para minimizar el posterior impacto socioeconómico (aparte de, por supuesto, para reducir el enorme coste vital). Y por cierto, que Kucharski apela a la innovación, se entiende que con un especial protagonismo de la ciencia y los expertos (pero de los que de verdad existen), y propone recurrir a esa innovación como forma de no rematar la economía con sucesivos confinamientos, que podrían ser inevitables entretanto no llegue la vacuna. Y es que el riesgo al que apunta es que esa solución podría dilatarse más de lo que algunos esperan (o de lo que van vendiendo con las elecciones a la vuelta de la esquina).

En este punto, hablando de innovación, la gran innovación que le encantaría ver a un servidor por ciertos lares, como mejor forma de evitar males mayores, sería la capacidad de anticipación, la toma de medidas competentes antes de que sea demasiado tarde, y el realismo tanto para las cifras económicas reales como para las previsiones que están por venir. Y en España en concreto además sería más que vital contar con la coordinación de unas mismas políticas (efectivas) para todo el territorio nacional. Esto último resulta especialmente importante, a fin de que el esfuerzo de unos no se vea ofuscado por el malhacer de otros, y también para que los ciudadanos sepan a qué atenerse allá por donde pisan. Si uno hace un viaje en coche de tres horas que pase por varias comunidades, en cada una aplican unas medidas y obligaciones diferentes: ni aunque queramos podemos cumplir con lo establecido. Y en políticas de auténtica seguridad nacional en el sentido más vital del término, por pedir que no quede, aunque de nuevo ya llegan muy tarde, y especialmente en ese tema esencial de esos rastreadores que habrían sido la clave para minimizar la segunda ola, y que en ciudades como Nueva York tan buenos resultados les han dado. Pero ahora mismo lo más acuciante es esa siniestra “Vuelta al cole”, en la que otra vez cada comunidad hace la guerra por su cuenta, y que muy probablemente nos va a traer nuevos y tremendos desastres. De hecho, hay países que la suspendieron “cautelarmente”, y otros incluso decidieron que este año el curso sea virtual. Porque no lo duden, aparte del riesgo inasumible que supone este punto, y de cómo otros países que lo intentaron tuvieron que dar marcha atrás rápidamente (¡Ay, que no aprendemos ni de los errores ajenos!), al igual que las residencias de ancianos la pasada primavera, como ya advertimos en su momento, ahora colegios y padres nos veremos solos en la pandemia. Al tiempo.

Por último, entre los puntos del matemático-epidemiólogo que me gustaría destacar está su afirmación de la enorme paradoja en la que cae la opinión pública ante las pandemias. Si los epidemiólogos ponen de relieve algún riesgo concreto, y gracias a ello o por los motivos que fuere éste logra ser mitigado y la epidemia no se propaga finalmente, pues entonces se tacha a los científicos de alarmistas. Entonces surgen elucubraciones y teorías “conspiranoicas” sobre los intereses farmacéuticos u otros, y en definitiva se acaba matando al mensajero a pesar de que el mensaje llegó y con él se pudo evitar la guerra. Para mayor incoherencia, si la pandemia acaba materializándose, entonces se culpabiliza a los científicos de no haberla previsto pandemia en todos sus aspectos particularizados, y de no haber ayudado a tomar medidas. Vamos, que en conjunto se trata del infantil “cuento de que viene el lobo”, que no viene y no viene entre jocosos comentarios de los del pueblo, hasta que viene de verdad y entonces nos devora a todos. Sólo que incluso en el cuento al final se es consciente de que los cazadores nos habrían salvado del lobo, y en la realidad pandémica se les culpa de no haber evitado que el depredador canino atacase, incluso a pesar de que se les quitase la escopeta. Pues menos mal que tenemos epidemiólogos (de los de “sin contaminar” por los intereses políticos, eso sí), porque si no a saber cómo estaríamos ahora mismo con el maldito Coronavirus. Entonces sí que no iba a haber ningún negacionista de la pandemia, pero sería porque, con la propagación masiva que habríamos sufrido (sí, todavía más), lo más probable es que sin mascarilla y gritando a tos batiente en las manifestaciones ya no quedaría ni uno vivo.

Y el realismo económico en la era de la pandemia es doblemente necesario: el que no lo practique acabará chocando con la realidad de la calle

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Una vez que la pandemia biológica acabe remitiendo definitivamente, el resultado final de la transformación de nuestro mundo tal y como lo conocemos hoy es que habrá ido evolucionando (todavía más severamente) hacia a otro mundo post-pandemia. Entonces nuestro mundo será pues un nuevo mundo redistribuido, y en el cual una de las divisiones más visibles será entre países desarrollados y ya no desarrollados, principalmente dependiendo de la gestión del desastre que hayan hecho los dirigentes de cada nación (o de lo que quede de ella). El Coronavirus no sólo se nos ha llevado a muchos seres queridos, no sólo ha transformado nuestras vidas, no sólo ha descalabrado nuestras economías, y no sólo va a llevarnos a un estado convulso social y socioeconómicamente. Por si todo esto no fuera poco, el hecho es que ya a día de hoy se puede apreciar perfectamente cómo el Coronavirus está dividiendo dicotómicamente nuestro mundo, y que no son unas meras transformaciones transitorias, sino que han llegado para quedarse durante bastante tiempo.

Y no es ya que el Coronavirus vaya a segmentar a nivel internacional los países y sus economías, sino que además el Coronavirus también está segmentando internamente las socioeconomías, con un marcado sesgo intra-societario. Así, uno de los datos que más sorprende a los expertos y analistas es cómo el Coronavirus presenta una tasa de incidencia sensiblemente superior entre las clases con rentas más modestas y en los barrios de trabajadores. Hay para ello varias posibles explicaciones muy lógicas, como la mayor densidad de población, un uso más generalizado del transporte público, mayor precariedad laboral que hace que proponerle al jefe medidas de contención te ponga en riesgo de encontrarte en la calle, o un menor nivel educativo medio que podría implicar una menor concienciación y una menor adopción de medidas de prevención personales. Sea por lo que sea, el hecho objetivo está ahí, y así el Coronavirus está devastando con mayor intensidad a las clases menos favorecidas, abriendo una nueva brecha social y dividiendo también nuestras sociedades a nivel interno.

El cambio mundial traído por el Coronavirus está siendo radical. Alguien ha puesto en marcha la coctelera, y la separación de fases de la nueva mezcla puede ser totalmente distinta a la inicial, empezando por quién será el nuevo líder hegemónico del mundo si es que esto también acaba cambiando. Y desde la cúspide socioeconómica del planeta, hasta la base más base, todas las capas intermedias van a ser susceptibles de intercambiarse con una relativa movilidad. Aquí podrá haber países desarrollados que dejen ya de serlo en el sentido más pleno de la palabra, países en desarrollo que tomen cierto liderazgo, potenciales nuevos líderes mundiales que no dudarían en imponer su propio sistema y regalarnos su inexistencia de libertades, países en vías de desarrollo que pasarán al furgón de cola, países cuyo buen desempeño pandémico les permita escalar puestos, etc. Cada cual tendrá lo suyo, y a todos nos juzgará el Coronavirus regalándonos un futuro o des-futuro acorde a la altura de la gestión que nos dispensen nuestros políticos nacionales (y en algún afortunado caso como el español, también contando con generosas contribuciones por parte de nuestros hermanos europeos). Les recomiendo encarecidamente ver el gráfico del enlace anterior, y prestar especial atención a las coincidencias entre los líderes en gestión sanitaria, y los líderes en minimizar el impacto económico (y fíjense en el furgón de cola). Y sí, ese gráfico muestra inequívocamente el futuro que viene para cada uno, y como ven ya es palpable a día de hoy en las cifras (y en la calle).

No lo duden, aparte de que, en los gráficos, los analistas internacionales aprecian perfectamente cómo aquellos países con una mejor gestión sanitaria disfrutan luego de una situación económica menos deteriorada, a ello luego hay que añadir si la gestión económica resulta buena, o si, al igual que la sanitaria, puede acabar resultando ser un desastre. Esto último redundaría en doble daño económico. Yo entiendo que, entre los políticos, ocurre como con las personas: los hay más y menos humanos, y en el caso particular de este gremio, además los hay con mayor y menos vocación de servidor público y de compromiso con el bien común. Esto es inevitable. Así que, para aquellos que al menos sean capaces de entender la aristotélica pregunta de ¿Qué debe ser la ética para un político?, y para aquellos que de esto último anden escasos, me permitiré sugerirles que, para mejorar sus capacidades personales, con cada ciudadano que vean en las estadísticas, con cada persona que se crucen por la calle, con cada persona de su entorno familiar y de amistades, que visualicen qué puede ser de su futuro. Y que lo hagan sopesando especialmente el caso de que no adopten las políticas correctas, y opten por prácticas que sólo llevan a la destrucción socioeconómica a futuro.

Más allá de uno mismo, está todo nuestro entorno, y ahí habrá a buen seguro padecimientos, sufrimientos extremos, fallecimientos, platos vacíos, bebés llorando sin pediatra, desempleados sin futuro, lloros desconsolados sin esperanza, noches de desesperación en vela, etc. etc. etc. Sí, para la práctica totalidad de los ciudadanos, incluidos múltiples familiares y amigos de los políticos, todo eso es lo que trae esa destrucción socioeconómica a la que ya han asistido en otros países, y evitarla sólo está en última instancia en su mano. Igual que el sabio Aristóteles establecía lo vital de la ética para la política ya hace más de 2300 años, establecemos ahora aquí (salvando las distancias con uno de los grandes de la filosofía) lo esencial de la buena gestión para la pandemia. Y lo hacemos además constructivamente para que se aplique de ahora en adelante, con lo que ya ganaríamos mucho.

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¿Qué mensaje nos habrá tocado en España al levantar la tapa del yogur? Aquí no vale el “sigue buscando”, más que nada porque no lo hay en un futuro pandémico que no admite ningún tipo de “patada hacia adelante” de esas que tanto les privan a nuestros políticos. Inevitablemente, nuestro mundo se está ya dividiendo entre (relativos) ganadores y (grandes) perdedores; o más bien entre tremendamente afortunados con buenos gestores, y eternos sufridores. Estén ojo vírico avizor, porque cada país deberá juzgar por si mismo su propia realidad nacional tan sólo dentro de unos pocos meses. Y mucho me temo que, como siempre en esa economía tan real, la única “prueba del algodón que no engaña" será juzgar la realidad de la calle, si conservamos tres comidas al día, y si podemos satisfacer todas nuestras necesidades socioeconómicas y hacerlo comparando con el antes de la pandemia. Cada cual que ponga su granito de arena en la balanza, y el plato que más pese hará que nos inclinemos, bien hacia el progreso, bien hacia el abismo.

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Tras la inversión de 1’3 millones de euros que inbestMe anunció en enero de este año, la inversión total en la compañía con sede en Barcelona alcanza los 2’87 millones de euros.

En esta ocasión entra Mutual Médica como socio estratégico con un 5% del capital que se une al socio clave, GVC Gaesco, que entró en la ronda anterior.

El importe de la inversión ha sido de 1 millón de euros. Mutual Médica es la aseguradora médica y de previsión social de referencia para el colectivo de los sanitarios en España. Se fundó como entidad sin ánimo de lucro en 1920.

En palabras del CEO de inbestMe, Jordi Mercader: 

“Estamos muy contentos con la entrada de Mutual Médica como socio ya que consolida nuestra visión en promover la Inversión Socialmente Responsable y Sostenible, área en la que sus mutualistas están especialmente interesados. También nos permite adaptarnos a nuevas formas de colaborar con entidades mutualistas”.

Publicado por Ignacio de Miguel

Fundador de Loogic. Especializado en soluciones técnicas sobre WP y Ecommerce. Autor del libro InnovaPYME y sé feliz Ver todas las publicaciones de Ignacio de Miguel

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Las negociaciones en torno a unos nuevos Presupuestos Generales (PGE) se están desarrollando en un contexto económico inusualmente incierto por las características de la pandemia, pero con algunas pautas que aparecen con cada vez más nitidez. En primer lugar, España se enfrenta a una crisis específica, es decir un shock asimétrico que nos afecta con más virulencia que al resto de Europa.

Esto solo se debe en parte al peso desproporcionado en nuestra economía del turismo y de otras actividades que dependen del contacto humano (cultura, actividades artísticas y de ocio), o sectores covid. El verdadero drama radica en que estas actividades han sido golpeadas con más dureza que en los países vecinos. En el segundo trimestre, la actividad en los sectores covid descendió nada menos que un dantesco 39%, casi el doble de la media europea. Solo con que el resultado se hubiera contenido en esa media, el ranking internacional hubiera mejorado notablemente, aproximándose a países como Francia. Sin duda, la distribución geográfica del turismo extranjero y su elevada estacionalidad explican este resultado, que apunta a la necesidad de una respuesta diferenciada, incluso dentro del propio sector. En cualquier caso, el encadenamiento de ERTE e inyecciones de liquidez para actividades que pueden ser insolventes no parece suficiente para enfrentar una crisis sectorial.

Gráfico 1

Gráfico 2

Fuentes de los gráficos: Eurostat y Funcas.

Otro factor específico, sin duda asociado a lo anterior y a la multiplicación de contagios, es el deterioro de la confianza que se cierne sobre el consumo de las familias. Las expectativas de los consumidores, que se habían recuperado desde el inicio del verano, vuelven a palidecer, mientras que se mantienen al alza en economías comparables. Los indicadores disponibles como las ventas minoristas y la facturación de grandes empresas en bienes de consumo empiezan a resentirse. Asimismo, el ahorro se acumula en depósitos bancarios, por la creciente cautela de los hogares que se resisten a gastar ante un panorama tan incierto. Según el indicador avanzado de la OCDE —uno de los principales predictores de actividad en los próximos meses— la economía española es la única entre las más grandes que pierde ritmo.

De ahí se pueden deducir algunas consideraciones relevantes de cara a la elaboración de los próximos presupuestos. Uno, el detalle del impulso fiscal importa más que su tamaño. Un incremento generalizado del gasto público, o una reducción de impuestos, no solventarán la crisis sectorial ni necesariamente resultará en un comportamiento distinto del ahorro privado, que seguirá atesorándose, restando fuelle a la economía.

Esto es ya una realidad patente. Los datos divulgados por Hacienda esta semana evidencian un desplome sin precedentes de la recaudación, sobre todo en IVA (-11% hasta julio) y Sociedades (-29%), así como un intenso incremento del gasto (casi un 30%). Se estima que el agravamiento del déficit que se ha generado (hasta 60.000 millones acumulados solo por el Estado durante los siete primeros meses) representa un monto apenas superior al creciente superávit del sector privado.

El diagnóstico también aboga por un mayor protagonismo de la inversión (en educación, nuevas tecnologías, energías renovables y políticas activas eficaces, temas para los cuales parece haber un cierto consenso). Y por acciones específicas para afrontar el riesgo de quiebra de muchas empresas viables. Un presupuesto de inversión expansivo tiene toda su lógica en una economía que requiere de un cambio estructural. Sin embargo, las circunstancias también aconsejan un esfuerzo de contención del resto de presupuestos, de forma que su evolución sea compatible con el crecimiento de la economía. Las favorables condiciones de financiación del déficit —una circunstancia que se mantendrá por un tiempo prolongado gracias a la acción del BCE—no nos eximen de una mayor selectividad en la política fiscal.

Todo depende, por tanto, de nuestra capacidad para acometer unos presupuestos que respondan con precisión cuasi quirúrgica al actual contexto de crisis sectorial, de solvencia y de confianza.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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a-vueltas-con-el-ratio:-reducir-el-numero-de-alumnos-por-aula-no-es-la-solucion-magica-para-mejorar-la-educacion-en-espana

A vueltas con el ratio: reducir el número de alumnos por aula no es la solución mágica para mejorar la educación en España

Cada vez que se habla de mejorar la educación en España surge un tema, con mucha fuerza: hay que reducir el número de alumnos por aula, el famoso ratio. ¿De dónde sale esta afirmación y por qué la malvada administración no hace nada por hacer frente a esta reclamación?

Sin embargo la realidad es más compleja. Si las soluciones fueran fáciles ya se habrían tomado medidas. Y la respuesta ante esta pregunta es que realmente reducir la ratio no es una solución mágica que hará que nuestra educación despegue de una vez por todas.

Antecedentes: el ratio en España

Lo cierto es que el número de alumnos por aula ha bajado drásticamente desde los años 70, no solo en España sino en toda la OCDE. No era nada raro en los años 80 que hubiera 40 alumnos por aula en educación primaria (la antigua EGB). Y sin embargo la normativa actual indica que en primaria el máximo de alumnos por aula debe ser 25, en secundaria 30 y en bachillerato 35. No entramos en las normas especiales de este curso por el tema del covid-19, ya que el objetivo es otro.

Sin embargo estos ratios máximos pueden incrementarse. Las leyes se acumulan y difícil saber lo que pasa en cada Comunidad Autónoma, pero está claro que hay clases de Primaria con más de 25 alumnos, al menos en las ciudades más densas de España.

Lo cierto es que el número de alumnos por profesor en España está en la media de la OCDE, de hecho un poco por debajo. De hecho la bajada ha sido espectacular: en Primaria de 30,8 alumnos por profesor en 1970 a 13 en 2016; en Secundaria de 25,4 en 1971 a 11,6 en 2016. Sin embargo es cierto que en la última década ha crecido algo, debido al cambio legal (LOMCE) y a los recortes en gasto de personal en administración.

Pero esto no quiere decir que los ratios estén bien, que haya muchos profesores no quiere decir que las clases sean pequeñas. En Primaria los ratios en el aula son similares a la OCDE y Europa, pero en Secundaria estamos por encima. De hecho en 2013 había 23,8 alumnos por aula en esta etapa y en 2018 había subido a 25,1 alumnos por aula, cuando en la OCDE se ha mantenido estable en 23,8 alumnos por aula.

El coste y efectividad de reducir las ratios

Ya hemos visto que por un lado la reducción de ratios desde los años 70 ha sido muy importante en España, a pesar del bache de la última década. Y que no es algo exclusivo de nuestro país sino también de los países de nuestro entorno (Europa) y no tan entorno pero que nos ofrecen un buen referente (OCDE).

Los ratios en Primaria son comparables. En Secundaria se podrían bajar algo más. ¿Es necesario poner todo el esfuerzo en reducir ratios? He aquí donde nos topamos con el problema. Reducir los ratios tiene un impacto económico brutal. España se gasta al año en educación aproximadamente 50.000 millones de euros de dinero público. Está un poco por debajo de lo que dedica el resto de países europeos. Pero hay que tener en cuenta que la mayor parte del gasto se dedica a pagar el sueldo del personal (hay aproximadamente 440.000 profesores de la escuela pública, solo en Primaria y Secundaria). Además reducir el ratio en muchos casos requiere de habilitar nuevas aulas que no existen, con la consiguiente inversión en nuevos edificios. De hecho ya se está viendo con la reducción de ratios por el tema del covid-19 que en muchos centros es muy complicado.

Eso sí, la inversión en educación es muy importante para el futuro del país, si reducir las ratios en el aula fuera la mejor estrategia para mejorar nuestros resultados yo sería el primero en pedirlo. Pero quizá no lo sea.

Los estudios sobre la reducción de los ratios no son concluyentes. Hay veces que funcionan y veces que no tienen apenas impacto en la mejora educativa. Por si solos no tienen sentido. Es cierto que bajar de 40 alumnos a 25 tiene un impacto. Pero quizá pasar de 25 a 20 o a 15, aparte de que el impacto económico es muy alto, no es tan efectivo.

Sinceramente, en los niveles en los que estamos, con la normativa que tenemos, creo que la vía de mejorar la educación reduciendo ratios no es la mejor estrategia siguiendo una comparativa coste-beneficio.

¿Por qué seguimos oyendo hablar de la reducción de ratios como panacea que todo lo soluciona? Principalmente porque todas estas demandas vienen impulsadas por los profesores, que lo que ven es que las clases grandes tienen a descontrolarse más y es más complicado dar clase. Es cierto que hay que escuchar a los que lidian con las aulas, pero hay que también son una parte interesada: tener menos alumnos por aula les haría tener un trabajo más sencillo y cómodo.

Sin querer porfundizar en esto es como cuando se pide la jornada continua en los colegios por parte de los profesores. En el fondo lo que quieren es tener un horario más ventajoso para su vida privada, aunque muchas veces los sindicatos lo vendan como una mejora para los niños. Y esto tiene unas implicaciones en la conciliación del resto de familias y en la brecha salarial de la mujer.

Otras inversiones que mejorarían la educación por menos coste

Propuestas más económicas que reducir los ratios hay, pero son más díficiles de implementar. Son pequeños cambios que harían mejorar la educación si los sumanos todos. Hay muchos estudios que apoyan estas medidas, solo hace falta voluntad de implementarlas y sobre todo, el apoyo de todos (administración, profesores y familias).

También está claro que profesores tenemos, el número de alumnos por profesor es muy bajo. Estamos diciendo, por tanto, que es clave organizarlos mejor para que lleven su labor de forma más efectiva.

Lo primero que habría que hacer es abordar el problema de la repetición de curso. Dentro de la OCDE estamos entre los que más alumnos repetidores tenemos y además no sirve de nada porque al final terminan sin titular Secundaria. La clave aquí es evitar la repetición de curso y usar profesores de apoyo para puedan pasar al siguiente recuperando las materias que no han aprendido. Y hay dinero para ello, ya que tener alumnos que repiten es caro, se estima que entre 1.500 y 2.000 millones de euros al año. Y si no titulan, al menos que puedan pasar la Formación Profesional (cosa que era posible antes y desde la LOGSE no).

Un pequeño cambio es no tener a los profesores tan compartimentados en secundaria. El modelo de un aula y profesores que entran y salen cada hora a dar su materia puede ser válido en bachillerato o en la universidad, pero en la ESO todavía son muy pequeños y necesitan más referentes, más coordinación entre las distintas áreas.

También es necesaria una mayor formación del profesorado, tanto en las materias que imparten como en métodos de enseñanza. Los países exitosos en educación cuidan mucho este aspecto.

Otro aunto importante es que deberíamos tener menos interinos, tenemos un porcentaje muy alto (25%). Esto hace que los profesores roten mucho de centro y no lleguen a establecer un vínculo duradero con la dirección del mismo. Al final es como en todos los trabajos, la productividad cuando empiezas es baja, si vas rotando nunca llegarás al nivel óptimo.

También debería potenciarse la autonomía de los centros (el caso de Finlandia es significativo), con carreras largas de dirección de la escuela que entiendan los problemas particulares del centro y el barrio en el que se encuentran. La autonomía que se está dando a los centros para implementar las medidas anti-covid-19 es un buen paso, nadie mejor que los propios centros para determinar como implementar la normativa. Y por supuesto siempre con rendición de cuentas, autonomía no significa carta blanca.

Y, por supuesto, también reducir ratios. Pero con sentido. Por ejemplo en colegios de barrios con baja renta o conflictivos. Los alumnos de padres con altos ingresos ya parten con ventaja y quizá no necesitan ratios en aula bajos ni profesores de apoyo en el centro. Es importante concentrar los recursos donde realmente se necesitan.

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#004-[loogic-podcast]-–-especial-entrevista-a-enrique-penichet

#004 [Loogic Podcast] – Especial Entrevista a Enrique Penichet

¿Quién ha sido el director de la primera aceleradora de startups en España? ¿Quién lidera uno de los fondos más importantes actualmente en inversión temprana en startups en España, con sede en Silicon Valley?

Con sólo estas dos líneas ya es suficiente para querer hablar con Enrique Penichet sobre la situación actual y futura de las startups en España. Sus oportunidades y sus posibilidades, de la mano de uno de los mejores conocedores del ecosistema.

Una entrevista breve pero intensa, si no conocías a Enrique hasta ahora, te sugiero que no te pierdas esta entrevista.

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Publicado por Ignacio de Miguel

Fundador de Loogic. Especializado en soluciones técnicas sobre WP y Ecommerce. Autor del libro InnovaPYME y sé feliz Ver todas las publicaciones de Ignacio de Miguel

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los-riesgos-que-se-esconden-tras-la-escalada-de-deuda-publica-esperada

Los riesgos que se esconden tras la escalada de deuda pública esperada

La deuda pública está en plena escalada. Durante el primer trimestre del año la deuda pública se incrementó hasta alcanzar una ratio del 98,9%, hasta los 1,22 billones de euros** y hasta junio ha seguido su tendencia al alza hasta los 1,29 billones, rebasando ya el 100% del PIB. Por ahora, la pandemia nos ha supuesto 88.000 millones de euros de más deuda pública.

La senda levemente bajista de reducción de esta ratio en estos años ha sido cortada y, en los próximos trimestres, veremos un fuerte incremento a raíz de las grandes necesidades de liquidez por parte de las administraciones públicas para afrontar el golpe derivado de la crisis.

La deuda pública española ya era un problema anterior a la crisis económica que sufre actualmente el mundo. Si nos ponemos en antecedentes, la ratio deuda pública sobre PIB fue incrementándose con las crisis anteriores hasta alcanzar en 2014 el nivel del 100,7% del PIB.

En los últimos años, España ha mostrado un crecimiento económico fuerte, superando a la media europea. No obstante, debido a la falta de estabilidad presupuestaria tanto en la etapa del PSOE como del Partido Popular en el Gobierno, el déficit ha sido líder en europa, y, tras los máximos, la ratio únicamente ha descendido cinco puntos en cinco años, un fracaso de gestión.

El déficit se ha reducido sí... pero con una calma preocupante. Si en 2012, España tenía un déficit público del 10,7%, en 2018 llegó al 2,5% y un año más tarde, con los Decretos de Pedro Sánchez, se rompió la tibia senda de reducción y se incrementó tres décimas hasta el 2,8%.

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Por lo tanto, el punto de partida ya era malo, se estaba poniendo a España en el punto de mira de un potencial shock externo. Una crisis inesperada que ha afectado específicamente a España por la confluencia de una actividad económica vinculada a eventos multitudinarios y unos gestores públicos del todo ineficaces, que han llevado las cifras de muertes de coronavirus por millón de habitantes a ser las tercera más elevada del mundo (se contabilizan los 29.000 muertos publicados por el Gobierno y no los 48.000 del INE) quedando por detrás de Bélgica y Perú.

Este cóctel peligroso nos lleva a que la deuda pública entre en una escalada importante en los próximos trimestres. Según las previsiones realizadas por el Banco de España, el déficit público se elevaría este año hasta el 9,5% en el escenario de recuperación temprana y hasta el 11,2% en el de recuperación gradual.

Sin embargo, para 2021 se esperan un rebote de la actividad económica con el desvanecimiento del impacto de las medidas que han tenido un carácter puntual y ha sido la respuesta a la pandemia. Todo ello llevaría una disminución del déficit del 5,8% y el 6,8% del PIB en uno u otro escenario.

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Por otro lado, la deuda publica se incrementaría aproximadamente entre 20 y 25 puntos porcentuales de PIB, hasta situarse cerca del 115% y del 120% en cada uno de los dos escenarios, respectivamente, y permanecería en niveles muy elevados en los dos años siguientes dependiendo de las medidas que se lleven a cabo.

Por ahora el BCE ayuda a controlar los intereses de la deuda pero el riesgo está presente

Durante los últimos años se ha desarrollado una política monetaria viciada cuyo objetivo no ha sido otro que manipular las rentabilidad de es de los títulos de deuda, con la única finalidad de desvincular el riesgo del emisor frente a al retorno esperado por el inversor y empujar a los inversores a tomar más riesgo. De este modo, se ha podido refinanciar la deuda, reducir el coste de la deuda y alargar la vida de los vencimientos.

Debido a esta acción por parte de la autoridad monetaria, los Estados, en términos generales, han sido especialmente el laxos para el control del déficit público, sobretodo en el sur de Europa, y, como resultado, la deuda pública sobre el PIB ha descendido muy levemente en una etapa de crecimiento económico, a excepción de Alemania que sí ha sido un país que ha hecho los deberes en términos de estabilidad presupuestaria.

Es un absurdo que con semejante crisis, en la que el PIB ha caído en una tasa interanual por encima del 20% y liderando la contracción entre los países desarrollados, el bono español a 10 años esté cotizando con una rentabilidad del 0,37%. Y peor aun... la prima de riesgo únicamente está cotizando con 80 puntos básicos.

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En otras palabras, recurrir al déficit continuado independientemente de la evolución económica, interrumpir la senda de reducción del déficit y ser el país más dañado por la actual crisis, cotiza una prima de riesgo inferior a 100 puntos básicos, lo que nos puede dar una idea de la necesidad de la deuda española de la acción del BCE.

No obstante hay un problema, y es el incentivo perverso que se está generando y ya hemos visto en años anteriores. Si ser un emisor poco riguroso con la estabilidad presupuestaria no tiene una consecuencia directa en los tipos de intereses, el incentivo es ir incrementado la deuda, hasta llegar a dos escenarios.

El primero es que vayamos a una japonización de la deuda. Es decir que el los próximos años se incremente sustancialmente la deuda y que detrás esté apoyando el BCE. Debido al incremento de la deuda, el pago recurrente al servicio de la deuda va a más y es que, a pesar de los menores intereses que enfrentan, el alto volumen lleva a que el servicio de la deuda pondere cada vez más en el presupuesto.

El segundo escenario es que el BCE llegue a un punto de frenar la manipulación de la deuda y el riesgo empiece a cotizar en su justa medida. En este escenario, los mayores intereses de la deuda obligaría al gobierno a dirigirse a la estabilidad presupuestaria para transmitir confianza a los inversores y, de no ser así, coquetear con la idea del impago de la deuda.

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¡el-mundo-entero-parece-estar-en-internet!-y-tu-negocio,-¿esta-ya-online?

¡El mundo entero parece estar en Internet! Y tu negocio, ¿está ya online?

La situación excepcional, causada por la pandemia, ha acelerado el proceso de transformación digital de las empresas, los procesos de trabajo, el comportamiento de los consumidores y las relaciones personales. Hasta el punto de que, si no tienes un negocio online, no existes.

  • La era post-coronavirus viene de la mano de un mundo cada vez más digitalizado. Pero, las pequeñas empresas, ¿cómo se están ajustando a esta realidad?
  • En este artículo hacemos un repaso a los principales desafíos del mundo online: marketing, logística y distribución.

Este es un camino sin retorno. Un camino de recuperación de la economía que está siendo diseñado por las empresas de la mano del Gobierno, en sus múltiples dimensiones.

Mientras el diseño toma forma, la economía no puede detenerse y la pregunta es: ¿Cómo pueden ajustarse las pequeñas empresas?

Sage

Algunos de los principales retos del mundo online son el marketing, la logística y la distribución.

Canales de venta online para el pequeño comercio local y tradicional

La pandemia nos dejó el retrato de dos realidades distintas.

Por un lado, las grandes empresas de venta al por menor, donde el e-commerce ya estaba asentado. Aún así, en muchos momentos han sido incapaces de satisfacer las necesidades excepcionales de los consumidores. Principalmente, porque requerían inversiones en la optimización de las áreas de distribución y logística.

Por otro, la convivencia con un comercio local cuyo factor diferenciador parecía haberse convertido en su mayor oponente: la proximidad. Pero muchos de estos minoristas se dieron cuenta de que la proximidad era sinónimo de confianza. Incluso, de que podían fidelizar a sus clientes actuales y conseguir nuevos abriéndose al mundo online.

Según algunos estudios, parte de estas pequeñas empresas se reinventaron creando o invirtiendo en los canales digitales que ya tenían:

  • Facebook o Instagram. Utilizando la página existente, promovieron entre sus clientes la posibilidad de hacer sus pedidos por mensaje o por teléfono.
  • Tienda online. Para aquellos con mayor capacidad de inversión era un momento oportuno para avanzar con una decisión largamente postergada: la creación de una tienda online o e-commece.

Esto era una realidad, especialmente para el sector de la alimentación (supermercados, carnicerías, pescaderías, restaurantes, estos últimos aplicando el modelo de comida para llevar o entrega a domicilio, etc.).

Los desafíos del mundo online: marketing, logística y distribución

Para estas empresas que han logrado dar el saldo al mundo digital, han surgido ahora nuevos desafíos. Cómo promover su negocio online y cómo cumplir con los nuevos requisitos de distribución son solo algunos de ellos.

Marketing

No basta con estar en Internet a través de las redes sociales (Facebook o Instagram), tienes que “alimentar” tu presencia.

Aquí hay algunos consejos:

  1. Mantén la página actualizada: los contactos y la ubicación son clave. Es importante que cuando lances un producto o servicio novedoso, o haya algún cambio en los existentes, lo comuniques.
  2. Crea contenido de interés para tu objetivo: el contenido es muy importante para lograr seguidores fieles. Por ejemplo, si tienes un supermercado, puedes generar contenido sobre el cuidado de los alimentos, el valor añadido de los productos orgánicos, entre otros.
  3. Proporciona apoyo a los clientes: responde a las solicitudes/preguntas de los seguidores tan pronto como sea posible. Cuando te lanzas al mundo online, dejar a un cliente sin respuesta puede significar perderlo.
  4. Invierte en publicidad para promover el negocio: por ejemplo, invertir en publicidad en Facebook o Google Adwords puede ser una palanca de crecimiento. La ventaja es que puedes tener un presupuesto diario y medir el rendimiento de la campaña.

La gestión de un negocio online abarca conceptos que a veces son desconocidos para la gran mayoría de las pequeñas empresas. Por ello será importante invertir en formación.

Logística y distribución

Según un estudio del Grupo M, realizado a mediados de abril, la pandemia provocó un aumento del comercio electrónico de entre el 40% y el 60% en comparación con el mismo período del año pasado. Los sectores más favorecidos por este crecimiento fueron: entretenimiento, cultura y suscripción (60% de aumento), alimentación y venta al por menor (41% de aumento) y catering, entrega de alimentos y comida para llevar (40% de aumento) **.

Ante un crecimiento así, es posible que aumenten los problemas logísticos y de distribución asociados a la gestión eficiente de las existencias. Una parte de la pequeña empresa se ha adaptado para hacer las entregas solicitadas de modo autónomo. Otras se han asociado con empresas de distribución especializadas en este servicio, como Glovo o Uber Eats.

Con el aumento de la demanda, especialmente en el sector alimentario, una forma de hacer más eficiente la gestión de los pequeños comerciantes es reducir la variedad de productos y marcas, limitando la oferta a los bienes esenciales o creando dos o tres tipos de cestas de la compra. De esta manera, es más fácil gestionar los pedidos y controlar las existencias.

En el área de la restauración, el mismo modelo puede aplicarse al servicio de comida para llevar o a la entrega a domicilio: crear un menú diario y una selección más amplia de platos en el fin de semana, haciendo los ajustes necesarios según los pedidos recibidos.

El futuro. ¿Quién es este nuevo cliente online?

Según el Barómetro Global de Kantar***, la pandemia ha dado forma a un nuevo cliente. Un usuario que se caracteriza por ser más digital, más informado sobre el precio de los productos y servicios, y que da más valor a la producción local. Este es un perfil que aumentará: el mismo estudio indica que el 33% de los hogares creen que sus compras online aumentarán en el futuro.

Al mismo tiempo, este nuevo cliente será menos tolerante con algunas situaciones. Por ejemplo, con las entregas con retraso o defectuosas, o con las dificultades para ponerse en contacto con el negocio online.

Por todo ello, antes de lanzarse al mundo online será necesario hacer un plan de negocios y definir la estrategia. Para ello, no olvides que un asesor contable será siempre un gran apoyo para ello.

**Fuente: Expresso.pt

*** Estas son tres de las tendencias identificadas por la última oleada del Barómetro Global de Kantar, llevada a cabo en más de 50 mercados de países. Fuente: Dinheiro Vivo

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economia-digital-en-tiempos-de-pandemia-(viii).-los-viejos-nokia-y-radar-covid

Economía digital en tiempos de pandemia (VIII). Los viejos Nokia y Radar Covid

En una mis películas favoritas de Woody Allen, “Sueños de
un seductor” (Play It Again, Sam, 1972), hay un personaje que es
ridiculizado porque siempre que llega a un sitio hace una llamada a su
secretaria para estar localizable. Hoy en día todos somos ese personaje y eso,
para bien o para mal, se lo debemos en gran parte a Nokia, que popularizó los
móviles y los comercializó masivamente entre todos los segmentos de mercado en
el tránsito del pasado siglo a este. ¿Recuerdan su melodía? De su legendario modelo
3310
, que cumple 20 años esta semana, se vendieron casi 200 millones
de unidades. Nokia era la joya de la corona de Finlandia, de forma que en 2006 representaba,
por sí sola, alrededor del 13% de su PIB, una fracción superior a la que el
sector turístico supone hoy en España.

Nokia dominó el mundo gracias a la innovación, pero su
éxito era en parte el de un país que invertía un 3,5% de un PIB en
investigación y desarrollo y estaba muy adelantado en términos de penetración
de Internet, ordenadores personales y redes de telecomunicaciones. El éxito de Nokia
se debió a muchísimas variables: un entorno favorable, un contrato con el
estado que le llevó a especializarse en radiotransmisión, la apuesta por la
innovación y las buenas prácticas en la gestión —entre ellas, sentar en su
consejo a expertos y académicos de prestigio como el premio nobel de economía y
profesor del MIT Bengt Holmström—.
Pero Nokia cayó, y lo hizo a plomo: perdió el tren de los teléfonos inteligentes
y su acción se desplomo de 40 dólares en 2007 a menos de 3 en 2012.

En 2008, en plena caída libre, Holmström visitó mi universidad
para una conferencia de investigación. Estaba desolado, ¿Qué había pasado? No
se habían dormido, no habían abandonado la innovación, habían mejorado sus terminales
en todas las dimensiones… Pero Steve
Jobs
había entendido mejor que nadie las preferencias de los consumidores y
la lógica de la nueva economía digital. La pantalla táctil del iPhone y el
concepto de plataforma, la venta de música y aplicaciones a través del
teléfono, cambiarían la industria para siempre y convertirían a Apple en la
empresa más valiosa del mundo (recientemente
su capitalización ha superado los 2 billones de dólares
). No había
sido siempre así. Hasta ese momento, Apple era una empresa cool, con consumidores con alta disponibilidad a pagar y muy fieles
pero escasos. Era una empresa de nicho, con una rentabilidad mediocre dentro
del sector tecnológico, a años luz de Microsoft. No tocaba con los dedos al
consumidor masivo. Todo cambió con el iPhone y su pantalla táctil que, por
cierto, no fue un invento de Apple, pero eso es otra historia….

Ahora que se oye hablar de planes para apostar por la economía digital, pensemos en la historia de Nokia y Apple. No hay recetas mágicas para el éxito, pero sí algunas ideas: no tener prisa, apostar por la innovación y la meritocracia, crear un entorno (educación, infraestructuras…) favorable, abierto a la competencia, a las nuevas ideas… y tener intuición, suerte e imaginación. No hay que olvidar la cita de Albert Einstein: “En los momentos de crisis, solo la imaginación es más importante que el conocimiento”.

Gracias a que Nokia metió en los bolsillos de todos uno de
estos aparatos, ahora es posible hacer rastreo inteligente de nuestros
contactos y, con ello, frenar la pandemia. Desde el comienzo de esta
serie en el blog
, hemos resaltado la importancia estratégica del
rastreo. La mala evolución que están teniendo los contagios en España se explica,
en parte, porque no hemos sido capaces de aumentar significativamente nuestra
capacidad de rastreo. Pero de nada sirve el lamento o la melancolía, así que miremos
hacia delante: las comunidades autónomas y el gobierno central están aumentando
el número de rastreadores y, además, ahora contamos con una nueva herramienta:
Radar Covid. Las aplicaciones de rastreo no son sustitutivas de los
rastreadores tradicionales, pero complementan su labor, y aunque en Europa
todavía están en una fase incipiente, en Asia han dado muestras de su eficacia.

«El informativeness Principle viene a decir que toda información (señal) sobre el comportamiento de los agentes ha de ser utilizada en los contratos de incentivos. Aplicado a nuestro problema, esto implica que, a pesar de las dificultades, debemos de ser capaces de incorporar la información que el uso de esta app genera para mejorar el funcionamiento global del sistema sanitario en la pandemia»

Juan José Ganuza

Como
anticipamos en otra entrada del blog
, con Radar Covid España ha
optado por el modelo descentralizado impulsado por Apple y Google, que prima la
privacidad renunciando a geolocalizar los contactos y a centralizar la
información. Esta decisión no era trivial y hubiera merecido un debate más
amplio. En teoría, la eficacia de un sistema centralizado sería mayor, más aún
si se hubiera basado en GPS. En el otro lado de la balanza, claro, no cuenta solo
la privacidad, sino también el impulso tecnológico de Apple y Google. Países
como Reino Unido, que han intentado lanzar modelos centralizados alternativos,
se han encontrados con enormes problemas tecnológicos y, al parecer, los dos
gigantes —que controlan los sistemas operativos de casi todos nuestros móviles—
no les han facilitado las cosas. Por ello, seguramente el diseño
descentralizado de Radar Covid ha sido una decisión prudente y acertada.

Su funcionamiento se basa en que cada teléfono móvil, a través de bluetooth, vaya almacenando cookies de los teléfonos de todas las personas que se han instalado la misma app y han estado en contacto con nosotros un mínimo de tiempo. Cuando una de estas personas declara al sistema que ha sido diagnosticado con Covid, recibimos un mensaje de la aplicación advirtiéndonos de este hecho. Todo pasa en nuestro teléfono móvil, y nadie, ni nosotros mismos, conoce la identidad o localización de nuestros contactos. La privacidad está garantizada y, precisamente por eso, la eficacia de Radar Covid va a depender en gran medida de cuántos de nosotros la usemos (cuestión que abordaremos en una próxima entrada) y de cómo se utilice la información así obtenida. Cuando recibimos una alarma, deberíamos comunicarla al sistema sanitario y activar con ello un protocolo de actuación. Dependiendo de cómo se calibre la aplicación (la distancia y tiempo que determinan un contacto), la cantidad de información que pueden generar es ingente, y también lo podrían ser las consecuencias económicas y sanitarias que los protocolos asociados a la aplicación pueden generar. Por ejemplo, ¿se debería realizar una prueba diagnóstica y poner en cuarentena a todas las personas asintomáticas que reciban una alerta? De hecho, se rumoreaba que parte del retraso en lanzar Radar Covid se debía a que las autoridades sanitarias (estresadas ya por otras muchas razones) no sabían cómo encauzar esa cantidad de información y responder a ella. En este sentido, el retraso puede ser una ventaja, dado que nos puede permitir aprovechar las experiencias de nuestros vecinos europeos que han instalado una aplicación similar, que son la gran mayoría.

Desde el punto de vista económico, estamos ante un gran problema de incentivos; el uso que se haga de la app dependerá, a su vez, de cómo como la calibremos y qué protocolos definamos. Lo que nos devuelve a nuestro premio nobel y ejecutivo de Nokia, Bengt Holmström, que recibió el premio por sus contribuciones a la teoría de incentivos. Su tesis doctoral contenía las principales ideas de dicha teoría y determinó la agenda investigadora de la economía de la información en los siguientes 20 años. Entre los muchos resultados de aquella tesis está el informativeness Principle, que viene a decir que toda información (señal) sobre el comportamiento de los agentes ha de ser utilizada en los contratos de incentivos. Que, aplicado a nuestro problema, implica que a pesar de las dificultades debemos de ser capaces de incorporar la información que el uso de esta app genera para mejorar el funcionamiento global del sistema sanitario en la pandemia. La aplicación nos debe ayudar a mejorar la eficacia de los rastreadores tradicionales y hacer un mejor uso de los tests y las cuarentenas de cara a contener la pandemia. Confiemos en que las autoridades sanitarias tengan éxito en este objetivo y contribuyamos a ello, descargándonos y utilizando Radar Covid.

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