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Mercado interbancario: claves, tipos y riesgos actuales


Mercado interbancario y sistema financiero

El comportamiento del mercado interbancario en 2025 no puede entenderse sin mirar al conjunto del sistema financiero: tipos oficiales, liquidez del BCE, deuda pública, bolsa, crédito bancario y, por supuesto, divisas. A lo largo del año, los bancos centrales han seguido afinando sus políticas, los índices bursátiles se han ido a máximos históricos y el coste del dinero ha iniciado una fase más benigna, pero todavía con muchas aristas para empresas y hogares.

En este contexto, el mercado interbancario ha funcionado como termómetro de la confianza entre entidades y barómetro de las expectativas sobre las próximas decisiones del BCE y de la Fed. Al mismo tiempo, la volatilidad extrema en el mercado de divisas, las dudas sobre el crecimiento global y la carga de deuda pública han obligado a extremar la prudencia en la gestión de riesgos de tipo de interés y de cambio.

Dinero, tipos de interés y papel del mercado interbancario

Si se mira la foto agregada, la oferta monetaria de la zona euro (agregado M3) se ha movido con mucha más moderación que en etapas anteriores: la variación media 2001-2022 rondaba el 5,5%, mientras que en 2023 apenas avanzó un 0,1% y en 2024 repuntó al 3,4%. Esa desaceleración refleja el final de las grandes inyecciones de liquidez y el giro hacia una política monetaria algo menos expansiva, aunque todavía acomodaticia en 2025.

En el corazón del mercado interbancario está el tipo interbancario a 3 meses, referencia clave para la financiación entre bancos. Su media histórica (2001-2022) se sitúa en el 1,2%, pero tras el ciclo de endurecimiento monetario y posterior relajación, en 2023 se elevó al 3,433% y en 2024 al 3,572%. Ya en 2025, con los recortes de tipos del BCE y la normalización de la curva, las medias de noviembre y diciembre se moderan hasta el 2,041% y 2,051% respectivamente, coherentes con un entorno de tipos oficiales en torno al 2%.

Algo parecido ocurre con el Euribor a 12 meses, el gran indicador para las hipotecas a tipo variable. Su promedio de largo plazo se sitúa cerca del 1,4%, pero en 2023 escaló al 3,868% y en 2024 se relajó hasta el 3,274%. Durante 2025, la referencia anual ha ido cediendo terreno hasta registrar un 2,217% de media en noviembre y un leve rebote al 2,269% en diciembre, en un contexto en el que el mercado ya había descontado que el BCE no iba a seguir bajando tipos al mismo ritmo que a comienzos de año.

En el tramo largo de la curva, los bonos del Estado a 10 años se mantienen en niveles moderados: frente a una media histórica del 3%, en 2023 el rendimiento medio fue del 3,4% y en 2024 del 3%. En 2025 el comportamiento ha sido relativamente estable, con un 3,1% en noviembre y un 3,3% en diciembre. Este nivel es coherente con un escenario de inflación controlada, crecimiento modesto y primas de riesgo contenidas dentro de la eurozona.

En conjunto, el BCE ha optado en 2025 por una estrategia de “pausa vigilante” tras varias bajadas de tipos. Después de hasta ocho recortes consecutivos, la reunión del 18 de diciembre mantuvo sin cambios los tres tipos oficiales, encadenando la cuarta pausa. La decisión estaba prácticamente descontada por el mercado interbancario, que ya había incorporado a precios la idea de un tipo de depósito en el 2% como nivel de referencia razonable a corto plazo.

Esta postura se refleja también en la curva de los swaps OIS en euros: el OIS a 12 meses ha pasado de cotizar en torno al 1,67% a mediados de abril a niveles cercanos al 1,95% al cierre del año, anticipando que no habrá más bajadas inmediatas y que, a medio plazo, incluso podría abrirse el debate sobre subidas en 2026-2027 si la economía aguanta y la inflación subyacente se resiste a bajar más.


Evolución del mercado interbancariohipotecas, ha dejado atrás la fase de contracción intensa: la variación trimestral media histórica era del -0,7%, pero en 2023 ya se aprecia un leve aumento (0,1%) y en 2024 un 1,2%. Los datos de 2025 muestran crecimientos del 0,4% en el primer trimestre y del 3% en el segundo, coherentes con un entorno de crédito algo más dinámico, especialmente en financiación al consumo y, en menor medida, en hipotecas.

Evolución del negocio bancario y relación con el mercado interbancario

En lo que respecta a las entidades de depósito, el crédito bancario al sector privado ha pasado de muchos años de contracción a una fase de crecimiento moderado pero sostenido. Frente a una tasa de variación mensual media del 4,9% entre 2001 y 2022, en 2023 el crédito avanzó un -0,2% (todavía en terreno negativo) y en 2024 se situó ligeramente en positivo (0,09%). En 2025, la tasa de crecimiento mensual medio en septiembre y octubre se sitúa en torno al 0,1% y 0,5%, señal de que la oferta de crédito mejora, aunque sin exuberancias.

En sentido contrario, los depósitos del sector privado en bancos, cajas y cooperativas de crédito han mostrado cierta debilidad. Tras una media histórica del 6% de crecimiento mensual, en 2023 cayeron un -0,5% y en 2024 apenas aumentaron un 0,39%. En los datos más recientes de 2025, septiembre arroja un incremento del 0,4% pero octubre registra un retroceso del -0,7%, posiblemente ligado a rotaciones hacia otros activos con mejor rentabilidad o a rescates para consumo e inversión real.

Los bancos han incrementado su exposición a valores de renta fija -valores distintos de acciones y participaciones-, que en la serie larga crecían un 8,3% mensual medio. En 2023 el aumento fue del 0,1% y en 2024 del 0,72%, mientras que en 2025 los datos de septiembre y octubre muestran variaciones del 2,3% y 0,4% respectivamente. Las acciones y participaciones en cartera también han avanzado, con crecimientos mensuales medios en torno al 0,4% en 2023, 0,25% en 2024 y valores del 0,8% y 0,3% en septiembre y octubre de 2025.

La posición neta de las entidades de crédito en el sistema interbancario se ha consolidado en terreno claramente positivo. Históricamente, esta partida -diferencia entre activos y pasivos frente al sistema crediticio- mostraba un saldo del -1,9% de los activos totales. Sin embargo, tras las grandes inyecciones de liquidez del BCE, en 2023 la posición neta escaló al 5,9% y en 2024 al 7,24%. En 2025, la cifra se sitúa en torno al 6,5% en septiembre y al 6,1% en octubre, indicando que el sector en su conjunto mantiene una cómoda posición de liquidez frente al resto del sistema.

En cuanto a la calidad del activo, los préstamos dudosos siguen reduciéndose. Con una media histórica de variación del -0,4% mensual, en 2023 la caída fue del -0,2% y en 2024 del -0,65%. En 2025, las variaciones de septiembre y octubre muestran descensos del -1,5% y -0,6% respectivamente, lo que confirma la mejora de la morosidad empresarial y de hogares en un contexto de mercado laboral razonablemente resistente.

Las cesiones temporales de activos (repos) han crecido con fuerza en los últimos años: frente a una variación mensual media del 2,1%, en 2023 se incrementaron un 1,9% y en 2024 un 3,65%. En 2025, esta partida aumentó un 2,9% en septiembre, para luego retroceder un -4,1% en octubre, reflejando ajustes tácticos de las entidades en sus necesidades de financiación y gestión de liquidez.

En el plano patrimonial, el patrimonio neto de las entidades de depósito ha crecido mucho menos que en el pasado. La media de largo plazo rondaba el 6,3% mensual, mientras que en 2023 el crecimiento fue del 0,5% y en 2024 del 0,36%. En 2025, los datos apuntan a ligeras caídas del -1% en septiembre y -1,1% en octubre, posiblemente ligadas a ajustes de valoración y a distribuciones de resultados.

Estructura del sector bancario y financiación del Eurosistema

El mapa del sector bancario español es hoy mucho más concentrado que hace dos décadas. El número de entidades de depósito nacionales ha pasado de una media de 166 en 2000-2022 a 109 en 2023, 108 en 2024 y 105 en septiembre de 2025. Se mantiene, eso sí, la presencia de entidades extranjeras operando en España, con un promedio histórico de 76 y cifras actualizadas de 76 en 2023, 76 en 2024 y 78-79 en 2025, según el momento del año.

En términos de capacidad instalada, el número de empleados del sector bancario se ha estabilizado tras años de ajustes. La media de 2000-2022 se situaba en más de 221.000 trabajadores, pero en 2023 se bajó a unos 161.640 y en 2024-2025 se mantiene en torno a los 163.496 empleados. El número de oficinas ha seguido una trayectoria similar: de casi 34.700 sucursales de media en los años previos se ha descendido hasta unas 17.603 en 2023 y 17.168 aproximadamente en 2025.

La apelación al Eurosistema a largo plazo se ha reducido drásticamente tras el fin de los programas de liquidez masiva. En el conjunto de la zona euro, el importe medio de las operaciones a largo plazo era de unos 579.197 millones, pero en 2023 ya había bajado a 457.994 millones y en 2024 se desplomó hasta los 30.806 millones. En 2025 continua la normalización, con un saldo de 13.426 millones en junio y 10.015 millones a finales de noviembre.

Para las entidades españolas, la tendencia es similar: desde una media de 103.699 millones de euros, la financiación a largo plazo del BCE ha caído hasta los 27.860 millones en 2023 y 8.217 millones en 2024. En 2025, la apelación repunta ligeramente hasta los 8.811 millones en junio y los 11.145 millones en noviembre, niveles muy inferiores a los de la época de los TLTRO pero que siguen marcando dependencia puntual para ajustar liquidez.

Las operaciones principales de financiación -las subastas regulares a plazo más corto- casi han desaparecido como fuente relevante de liquidez para la banca española. De una media histórica de 21.522 millones, se ha pasado a 297 millones en 2023, apenas 6 millones en 2024 y cantidades simbólicas (en torno a 39 millones en junio y 24 millones en noviembre de 2025), reflejando un sistema bancario sobrado de liquidez estructural.

Conviene tener presente, además, que desde 2015 el BCE informa de sus programas de compra de activos. En noviembre de 2025, el stock de estos programas alcanza casi 498.000 millones de euros en España y alrededor de 3,8 billones en el conjunto de la zona euro, lo que sigue condicionando fuertemente los niveles de tipos y las primas de riesgo.

Eficiencia, productividad y rentabilidad del sector bancario

Los ratios de eficiencia y productividad reflejan un sector bancario que, tras años de ajuste, ha ganado músculo, aunque se enfrenta a cierta presión de costes. El ratio de gastos de explotación sobre margen ordinario -indicador de eficiencia operativa- se ha movido en una banda razonable: frente a una media de 47,5% en 2000-2022, en 2023 bajó al 39,33% y en 2024 al 41,16%. En 2025, sin embargo, el segundo y tercer trimestre muestran un ligero deterioro hasta niveles cercanos al 39,95% y al 51,1%, señal de que la caída de márgenes por tipos más bajos puede tensionar de nuevo la relación ingresos/costes.

En cuanto a productividad, los indicadores de depósitos por empleado y por oficina han mejorado muchísimo. El ratio depósitos/empleado ha pasado de unos 5.082 miles de euros de media a casi 12.993 miles en 2023 y 13.282 en 2024, alcanzando más de 13.714 miles en el segundo trimestre de 2025 y cerca de 14.252 miles en el tercero. En términos de depósitos por sucursal, el salto es aún mayor: de 34.005 miles de euros de media a más de 116.854 miles en 2023, 123.541 miles en 2024 y alrededor de 130.257-135.730 miles en 2025, gracias a la reducción de oficinas y a la concentración del negocio.

Los ratios de red muestran que la estructura física del sector bancario se ha adelgazado, pero es más intensa en términos de actividad. El número medio de oficinas por entidad ronda ahora las 93-95, frente a los más de 171 locales de media en la etapa 2000-2022. Al mismo tiempo, hay unos 9,5 empleados por oficina, por encima del promedio histórico de 6,38, lo que indica mayor tamaño medio de las sucursales.

En capital regulatorio, los fondos propios de las entidades de depósito han crecido de forma moderada y, más recientemente, se han estabilizado. La variación mensual media histórica de los fondos propios era del 0,64%, pero en 2023 el crecimiento subió al 1,6% y en 2024 al 1,8%. Los datos de 2025 apuntan a una ligera corrección, con variaciones negativas cercanas al -0,07% en el segundo trimestre y al -1,1% en el tercero, influenciadas por pagos de dividendos, recompras y movimientos de valoración.

En términos de rentabilidad, los indicadores clave se mantienen en niveles cómodos. El ROA (rentabilidad sobre activos) se sitúa claramente por encima de su media histórica del 0,42%: en 2023 fue del 1% y en 2024 del 1,3%. En 2025, la rentabilidad sobre activos se mantiene en torno al 1,3% en el segundo trimestre y cede ligeramente al 1,2% en el tercero, lo que sigue siendo una cifra razonable para un entorno de competencia intensa y regulación exigente.

El ROE (rentabilidad sobre recursos propios) también supera con holgura su promedio de largo plazo (5,51%). En 2023 alcanzó el 12,3% y en 2024 el 15,7%. En 2025, las cifras se mantienen muy robustas, con valores del 15,5% en el segundo trimestre y del 15,8% en el tercero, apoyadas en menores provisiones, control de costes y cierta recuperación de ingresos por comisiones.

Volatilidad extrema en el mercado de divisas y riesgo de tipo de cambio

El año 2025 también ha sido especialmente movido en el mercado de divisas, con un comportamiento del dólar frente al euro muy alejado de los pronósticos iniciales. Los consensos de mercado de comienzos de año -Reuters, Bloomberg- anticipaban una posible vuelta a la paridad, con un rango proyectado en torno a 1,04-1,05 USD/EUR. La realidad ha sido muy distinta.

La llegada de un nuevo mandato de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos y la implementación de medidas económicas proteccionistas y poco convencionales a partir del llamado “día de la liberación” (2 de abril) han volteado las expectativas. Desde febrero hasta finales de junio, el dólar se ha debilitado desde 1,0142 hasta 1,1809 por euro, y el punto mínimo anual llegó a 1,1918 USD/EUR el 17 de septiembre, lo que implica una pérdida del 17,5% del valor del billete verde en lo que va de año.

La zona euro vive así una apreciación significativa del euro en un contexto de enfriamiento económico en países como Alemania, Francia y otras economías del norte. A la vez, el BCE ha recortado su tipo de intervención del 4,5% al 2,0%, y la revalorización de la divisa complica la competitividad exterior. Las empresas europeas sufren un doble golpe: un arancel estadounidense cercano al 15% y un encarecimiento del 17,5% por tipo de cambio, lo que en conjunto supone una pérdida aproximada del 32,5% en términos de competitividad precio.

Las previsiones para 2026 siguen abiertas. El consenso del mercado plantea un tipo medio de 1,20 USD/EUR, con un posible rango 1,13-1,27, pero algunos analistas empiezan a cuestionar si la debilidad del dólar será tan persistente. Se señalan varios factores de riesgo que podrían cambiar la narrativa: posibles burbujas en determinados activos (bolsas, materias primas, criptomonedas), sobrevaloración de algunos negocios ligados a la inteligencia artificial, incremento del peso de la deuda pública en las grandes economías y la fragilidad potencial de bancos pequeños en Estados Unidos por problemas de liquidez.

En este contexto, la aversión al riesgo vuelve con fuerza. El oro alcanza máximos históricos, el franco suizo -considerado divisa refugio- se aprecia frente al euro y el propio dólar tiende a recuperar terreno en episodios de tensión, pese a su debilidad estructural en determinados momentos. La conclusión que sacan muchas empresas es clara: es imprescindible reforzar la gestión del riesgo de tipo de cambio, revisar coberturas y evitar exposiciones abiertas excesivas.

Políticas monetarias globales: BCE, Fed, BoE, BoJ y otros bancos centrales

En el plano internacional, 2025 se ha cerrado como otro ejercicio de relajación monetaria en la mayor parte de los bancos centrales. Con pocas excepciones, los tipos de interés han iniciado un ciclo bajista o han frenado su subida. Japón ha sido uno de los pocos países que ha movido al alza el tipo oficial, con un aumento total de 50 puntos básicos hasta el 0,75%, y Brasil ha seguido un camino similar, situando la tasa en torno al 15% tras subidas de 275 puntos básicos.

Dentro de la eurozona, el BCE ha ejecutado cuatro recortes de tipos en febrero, marzo, abril y junio de 2025, hasta dejar la tasa de depósito cerca del 2%. El mercado ya descontaba entre cuatro y cinco rebajas, por lo que no ha habido grandes sorpresas. El debate actual gira alrededor de si el banco central empezará a preparar el terreno para una futura subida en 2027 o incluso a finales de 2026, siempre y cuando la inflación se mantenga cerca del objetivo y el crecimiento no se deteriore demasiado.

En Estados Unidos, la Reserva Federal ha optado por un enfoque algo más cauto, pero también ha recortado tipos. A finales de 2024 se esperaba que la Fed aplicara dos rebajas, pero finalmente en 2025 ha realizado tres, iniciando el ciclo más tarde de lo previsto (en septiembre) para evaluar mejor el impacto de los nuevos aranceles sobre el crecimiento y los precios. El tipo de intervención se mueve en un rango del 3,5%-3,75%, con el mercado anticipando más descensos en 2026, aunque sin un consenso claro sobre su magnitud.

En el Reino Unido, el Banco de Inglaterra se encamina a un recorte de 25 puntos básicos hasta el 3,75%, en medio de un comité dividido (se anticipa una votación ajustada 5-4). Japón, como se ha señalado, podría subir de nuevo otros 25 puntos básicos, llevando el tipo al 0,75%, con una probabilidad cercana al 95% según los precios del mercado. Otros bancos centrales, como el de Suiza y México, han movido fichas relevantes: Suiza ha recortado 50 puntos básicos hasta el 0,0% y México ha acometido un recorte de 300 puntos básicos, hasta el 7%, tras varios años de tipos muy restrictivos.

Los datos macro de Estados Unidos siguen muy vigilados por los inversores, especialmente los de inflación y empleo. La inflación general se sitúa alrededor del 3%, con una subyacente cercana también al 3%, mientras que el crecimiento del PIB ronda el 2,3% y la tasa de paro se mantiene en torno al 4,4%. En este contexto, la probabilidad de un recorte de tipos adicional en enero se estima en torno al 24%, con el grueso de las bajadas desplazado hacia más adelante en 2026.

Crecimiento, inflación y perspectivas de mercados en 2025

Las previsiones de las grandes gestoras apuntan a un escenario de crecimiento global positivo pero con muchas fuentes de incertidumbre. Para Estados Unidos se baraja un avance del PIB cercano al 2%, con capacidad de sorprender al alza si el consumo sigue mostrando fortaleza. La eurozona se movería en torno al 1%, mientras que China podría situarse alrededor del 1,5%, aunque con dudas sobre la efectividad de sus políticas de estímulo.

En la zona euro, el consumo parte de una posición relativamente sólida -mercado laboral robusto, salarios reales positivos desde 2024-2025, ahorro acumulado- y se verá favorecido por tipos de interés más bajos. No obstante, buena parte de ese ahorro puede quedarse aparcado en liquidez o instrumentos de corto plazo, sobre todo si los inversores no perciben una mejora clara del entorno. Se empieza a observar cierta mejoría en los indicadores de consumo alemán, aunque todavía de forma incipiente.

China ha anunciado múltiples medidas de estímulo, tanto monetarias como fiscales y de apoyo al sector inmobiliario y al consumo, pero sigue sin verse un impacto contundente en los datos. Las ventas minoristas crecen por debajo de lo previsto, la producción industrial avanza algo menos de lo esperado y la inversión inmobiliaria marca caídas históricas. El precio de la vivienda nueva continúa retrocediendo, lo que alimenta la cautela de hogares y empresas.

En lo que respecta a la inflación, la mayoría de economías desarrolladas convergen hacia tasas cercanas al 2,4% en 2025, tanto en Estados Unidos como en la eurozona, con algo más de riesgo por el lado de la inflación subyacente en Estados Unidos. Este escenario permite a los bancos centrales ir retirando parte del carácter restrictivo de la política monetaria, aunque sin regresar a los tipos cero de la era preinflacionaria.

Todo ello dibuja un contexto razonablemente constructivo para la renta fija: las bajadas de tipos mejoran las perspectivas de rentabilidad de los bonos, con un perfil de riesgo y volatilidad relativamente bajo. Dentro de este universo, el crédito con grado de inversión parece especialmente atractivo frente al high yield, al ofrecer una buena combinación de rentabilidad absoluta y riesgo controlado. Para la renta variable, las expectativas también son favorables, con crecimientos del beneficio por acción en torno al 9% para la bolsa estadounidense y al 5% para la europea, y un potencial de revalorización interesante para la bolsa española gracias a valoraciones aún razonables.

El año se presenta, por tanto, como un ejercicio en el que las carteras mixtas -incluidas las más conservadoras- podrían registrar rentabilidades positivas en términos reales, siempre que se mantenga el actual equilibrio entre crecimiento moderado, inflación contenida y tipos en descenso gradual. La clave para los próximos trimestres será hasta qué punto las tensiones geopolíticas, las políticas arancelarias o posibles sobresaltos financieros (burbujas en activos, problemas de liquidez bancaria) alteran este guion.

La fotografía conjunta de 2025 deja un mercado interbancario más tranquilo que en los años de crisis, unas entidades con buena rentabilidad y liquidez, un ahorro de hogares más prudente y un entorno global donde la gestión rigurosa del riesgo de tipos y divisas vuelve a ser fundamental; si algo se desprende de todos estos datos es que la estabilidad financiera ya no se puede dar por sentada, y que tanto inversores como empresas y bancos necesitan moverse con cautela, diversificar y mantener siempre un ojo puesto en la evolución de los bancos centrales, la deuda pública y la volatilidad de los mercados.


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