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Trump quiere topar al 10% los intereses de las tarjetas de crédito: claves y reacciones


Límite a las tasas de interés de tarjetas de crédito

La nueva propuesta de la Casa Blanca ha encendido el debate sobre el costo del crédito al consumo y el papel del Estado a la hora de proteger a los usuarios de productos financieros. Donald Trump ha planteado fijar un tope temporal del 10% a las tasas de interés que se aplican a las tarjetas de crédito, una idea que, de salir adelante, sacudiría de lleno el modelo de negocio de bancos y emisores.

El anuncio llega en un momento de malestar social por el encarecimiento de la vida, con muchas familias estadounidenses ahogadas por deudas de tarjeta que pagan tipos del 20% al 30% o incluso más. Desde Europa y España, donde ya existen distintos límites y controles sobre la usura, se observa este movimiento con interés, porque puede reabrir la discusión sobre hasta qué punto es razonable permitir intereses tan elevados en un producto de uso tan cotidiano.

Qué ha propuesto exactamente Trump y cómo funcionaría el límite

Trump comunicó su iniciativa a través de su red social Truth Social, asegurando que los consumidores están siendo “estafados” por las compañías de tarjetas de crédito que aplican tipos muy por encima del 20%. En su mensaje, el presidente estadounidense explicó que está pidiendo un límite de un año que restrinja las tasas de interés de las tarjetas de crédito al 10% como máximo.

La fecha elegida para activar el tope no es casual: el mandatario quiere que entre en vigor el 20 de enero de 2026, coincidiendo con el primer aniversario de su actual mandato en la Casa Blanca. La medida se plantea como un tope anual y excepcional, a diferencia de otras propuestas más prolongadas en el tiempo que han circulado en el Congreso.

En concreto, el senador independiente Bernie Sanders registró en febrero de 2025 un proyecto de ley para limitar también al 10% los intereses de las tarjetas, pero con una vigencia mucho mayor: hasta el 1 de enero de 2031. Es decir, su esquema legal supondría mantener el techo durante unos nueve años más que la propuesta de Trump.

Pese a lo rotundo del anuncio, el presidente no ha detallado todavía el mecanismo jurídico para aplicar el límite del 10%, ni si dependería de la cooperación voluntaria de los emisores privados o de una intervención directa del Gobierno federal sustentada en una ley aprobada por el Congreso.

Trump ha insistido en que durante la Administración de Joe Biden los tipos de las tarjetas de crédito se dispararon sin control, lo que, según él, justificaría actuar ahora para “corregir un abuso” que afecta a millones de hogares. El tono del mensaje, muy político, busca diferenciar su gestión de la etapa anterior y presentarse como defensor del “público estafado”.

Trámite político: el papel del Congreso y la batalla legislativa

Más allá del impacto mediático, la propuesta necesita el respaldo del Congreso de Estados Unidos, donde se espera una dura negociación entre republicanos y demócratas. Sin una norma específica, el planteamiento de Trump se quedaría en una simple declaración de intenciones sin efectos reales sobre los contratos de crédito.

Los analistas apuntan a que no se puede descartar la aprobación de algún tipo de límite, ya que varios legisladores han mostrado en el pasado interés en acotar las tasas que se cobran en las tarjetas de crédito. Sin embargo, el diseño final de la medida —duración, excepciones, productos afectados o sanciones— será clave para que el texto salga adelante.

Dentro del Partido Demócrata, una de las voces más activas ha sido la de Elizabeth Warren, senadora por Massachusetts y figura destacada en el Comité Bancario del Senado. Warren lleva tiempo defendiendo un endurecimiento de las normas de protección al consumidor financiero en Estados Unidos.

La senadora ha reclamado a Trump que, si realmente está comprometido con el límite del 10%, presente un proyecto de ley formal que pueda ser debatido y votado. Según Warren, “rogar a las compañías de tarjetas de crédito que se porten bien es una broma” y la única vía seria pasa por fijar el techo de tipos en la legislación federal.

En el campo republicano también hay tensiones. Mientras figuras como el senador Josh Hawley han mostrado un apoyo explícito a la iniciativa —llegando a decir en redes sociales que “no puede esperar para votar a favor”—, otros sectores más cercanos a la gran banca y a los mercados consideran que el plan puede ser contraproducente.

Reacciones del sector financiero y del mundo político

Las asociaciones bancarias han salido rápidamente al paso de la propuesta. El Bank Policy Institute, la Asociación Americana de Banqueros, la Asociación de Banqueros de Consumidores, el Foro de Servicios Financieros y los Banqueros Comunitarios Independientes de América emitieron un comunicado conjunto calificando el límite del 10% como potencialmente “devastador”.

Estos grupos aseguran compartir el objetivo de hacer más asequible el acceso al crédito, pero sostienen que un techo tan bajo reduciría la disponibilidad de tarjetas de crédito para los perfiles de mayor riesgo. En su opinión, muchos clientes dejarían de cumplir los criterios de rentabilidad mínima y se verían excluidos del sistema formal.

Según su argumentación, si se obliga a los emisores a reducir los intereses sin poder ajustar de forma equivalente otros componentes del negocio —como comisiones, requisitos de solvencia o límites de crédito—, se recortarían líneas de crédito y se cancelarían millones de tarjetas consideradas demasiado arriesgadas.

El multimillonario Bill Ackman, gestor del fondo Pershing Square, se ha alineado con esta visión crítica. Ha calificado la iniciativa de Trump como un “error” y advierte de que podría empujar a parte de la población hacia prestamistas informales o mucho menos regulados, que suelen aplicar tipos todavía más altos y condiciones más duras que la banca tradicional.

Desde el ámbito progresista, figuras como Sanders o la propia Warren también han sido muy duras con el historial de Trump. Le reprochan que, pese a sus mensajes actuales, en el pasado haya apoyado la desregulación de grandes bancos y haya respaldado decisiones que beneficiaban al sector financiero, como la eliminación del límite de 8 dólares a las comisiones por retraso en el pago de tarjetas, una norma impulsada originalmente por la Administración Biden.

Impacto inmediato en los mercados y efectos sobre los bancos

El anuncio ha tenido una consecuencia rápida en las bolsas: las principales entidades financieras estadounidenses registraron caídas significativas durante la sesión posterior a la publicación del mensaje en Truth Social. Los inversores reaccionaron con cautela ante el riesgo de una futura reducción forzada de márgenes.

Entre los grandes bancos, las acciones de Citigroup llegaron a caer alrededor de un 3,01%, mientras que JPMorgan retrocedió aproximadamente un 1,41% y Bank of America se dejó en torno a un 1,23%. La inquietud se extendió también a las compañías de medios de pago: Visa perdió cerca de un 1,78% y Mastercard se situó en torno a un -1,54%.

Estas correcciones se producen en un momento delicado para el sector, justo cuando las entidades se preparan para presentar los resultados del cuarto trimestre de 2025 y del conjunto del ejercicio. Un recorte regulatorio sobre un producto tan rentable como las tarjetas añadirá incertidumbre a las previsiones de beneficios.

Para los bancos, las tarjetas de crédito son uno de los segmentos con mayores márgenes, especialmente entre los clientes que financian saldos mes a mes a tipos superiores al 20%. Un tope del 10% recortaría de manera muy sustancial esa fuente de ingresos, obligando a las entidades a revisar precios, comisiones y criterios de concesión.

Algunos estudios internos manejados por el sector sugieren que, ante un escenario de límite estricto, la prioridad sería reducir exposición al riesgo: menos tarjetas activas, líneas de crédito más pequeñas y endurecimiento de las condiciones para colectivos con peor historial de pago.

Qué supondría para los consumidores: alivio de la deuda y riesgos ocultos

Para los hogares endeudados, sobre el papel el plan podría representar un importante alivio. Se estima que la deuda media por tarjetas de crédito de los estadounidenses ronda los 7.000 dólares, con una tasa habitual cercana al 21%. Con ese punto de partida, recortar los intereses hasta el 10% reduciría de manera sustancial el coste anual del endeudamiento.

Un análisis elaborado por Brian Shearer, ex subdirector de la Oficina de Protección Financiera del Consumidor (CFPB), sobre una propuesta similar planteada por Trump en campaña, concluía que el tope era técnicamente viable. Según sus cálculos, la medida podría suponer un ahorro agregado superior a los 100.000 millones de dólares al año para las familias estadounidenses, sin necesariamente hacer inviables a los bancos emisores.

Ese potencial beneficio convive, sin embargo, con varias advertencias. Economistas críticos con el plan señalan que una parte de los clientes con peor perfil de riesgo podría ver canceladas sus tarjetas o sufrir recortes drásticos en los límites de crédito disponibles, lo que les empujaría a recurrir a vías menos reguladas de financiación.

Además, ya hay precedentes de decisiones de política económica que, según los expertos, han agravado las tensiones en la llamada “economía en forma de K”: mientras los hogares de rentas altas siguen acumulando riqueza, las familias con menos recursos se enfrentan a precios elevados, salarios que no crecen al mismo ritmo y deudas más difíciles de sostener.

En este contexto, una parte de la opinión pública mantiene un fuerte escepticismo hacia las políticas de la Administración Trump. Encuestas recientes citadas en medios estadounidenses apuntan a que en torno al 61% de la población percibe que sus decisiones han empeorado la situación económica del país, lo que complica la lectura política de cualquier nueva medida, por muy popular que parezca a primera vista.

El espejo europeo: topes a la usura y protección del cliente en España y la UE

Desde Europa, la iniciativa estadounidense se observa a través del prisma de los mecanismos ya existentes para limitar la usura. Aunque no existe un tope único aplicable a toda la Unión Europea, muchos países cuentan con reglas estrictas que, en la práctica, acotan los tipos máximos en el crédito al consumo.

En España, por ejemplo, el Tribunal Supremo ha ido configurando una doctrina sobre los intereses “notablemente superiores al normal del dinero”, especialmente en el caso de las tarjetas revolving, consideradas abusivas cuando superan de forma desproporcionada la media del mercado. Esto ha dado lugar a numerosas reclamaciones judiciales y a una mayor vigilancia sobre estos productos.

Además, la normativa europea en materia de crédito al consumo obliga a las entidades a ofrecer información transparente y evaluaciones de solvencia más rigurosas que en el pasado, con el objetivo de reducir el riesgo de sobreendeudamiento. Aunque no haya un techo del 10% como tal, el entorno regulatorio es, en general, más restrictivo que en Estados Unidos.

Si la propuesta de Trump prosperase y demostrase ser eficaz para aliviar la carga financiera sin generar un colapso del crédito, podría alimentar en la UE un debate sobre la fijación de techos más claros y uniformes para ciertos productos, especialmente en segmentos de población vulnerables. No obstante, de momento las autoridades europeas se muestran prudentes y siguen priorizando la supervisión caso por caso.

Para los consumidores españoles, el caso estadounidense sirve sobre todo como recordatorio de la importancia de comparar ofertas, revisar la TAE real de las tarjetas y entender bien las condiciones antes de financiar compras a plazos largos, incluso en un entorno regulado más protector que el norteamericano.

La iniciativa de Trump, con su mezcla de componente político, presión social y fuerte impacto potencial en bancos y mercados, vuelve a poner en el centro del debate global la pregunta de hasta qué punto es aceptable que un producto tan extendido como la tarjeta de crédito aplique intereses que doblan o triplican el coste habitual del dinero, y si los topes legales son la vía adecuada para equilibrar la balanza entre rentabilidad bancaria y protección del usuario.


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La economía ante el estrés geopolítico

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El año ha comenzado con una proliferación de focos de
tensión internacional, que se superponen a un panorama geopolítico ya muy
deteriorado como consecuencia de la renuncia de la primera potencia mundial a
las reglas del multilateralismo y a algunos principios básicos de buena gestión
macroeconómica. La economía española ha logrado capear las adversidades, pero
los riesgos se acrecientan.  

Si bien la inercia de la economía ha sido un factor clave que ha permitido suavizar el impacto del shock comercial, su persistencia no está garantizada. En EE. UU., los aranceles no han generado una recesión ni el brote de inflación que se vaticinaba, pero el mercado laboral da señales de enfriamiento. En cuanto a la inflación, los efectos de segunda ronda, soliviantados por el descontento social a propósito del poder adquisitivo, podrían todavía dar quebraderos de cabeza. Los mercados, de momento, lo descartan, y consideran que el camino se allana para que la Reserva Federal proceda a varios recortes de tipos de interés en los próximos meses. Todo ello alimenta el auge de los valores bursátiles, entre los que destacan las grandes corporaciones tecnológicas: una bonanza cuya continuidad depende, sin embargo, del comportamiento de la inflación y de la política monetaria.  

Por otra parte, el efecto disuasorio que ejercieron los mercados ante la ofensiva arancelaria de EE. UU. no puede producirse en el caso de una acción militar o de conflictos territoriales, tratándose de cuestiones que transcienden el marco de la economía. No olvidemos que muchos sectores productivos reaccionaron con premura a las tarifas anunciadas por el presidente Trump en el día de la liberación, por el miedo a la desorganización de las cadenas de suministro y al encarecimiento de los costes de producción, obligando a una cierta contención. El propio entramado institucional ha jugado un papel positivo: la Corte Suprema, en una decisión muy esperada, podría revertir parte de la política comercial.

Por otra parte, la economía europea es más vulnerable a un debilitamiento del actual sistema de defensa –algo inevitable en caso de una anexión de Groenlandia– que a la disrupción del comercio transatlántico que se produjo el año pasado como consecuencia de los aranceles. El comercio con EE. UU. no supera el 1% de nuestro PIB, mientras que los flujos de inversión internacional, que es la variable más expuesta a los vaivenes geopolíticos, tienen una relevancia macroeconómica.

Afortunadamente, ante estos riesgos, la economía europea y
la española disponen de margen de maniobra. La potencia comercial que aporta un
mercado de 450 millones de consumidores puede ejercer de contrapeso, sobre todo
frente a economías que se encuentran en una fase menos boyante que en el
momento de la llegada al poder del mandatario republicano.

Además, el mercado único europeo dispone de un potencial de crecimiento, y por tanto de fortalecimiento de la posición de negociación con otros bloques comerciales, lo que trae consigo múltiples beneficios para una economía competitiva como la española. Nuestros intercambios con la UE arrojan un superávit superior al 5% del PIB, frente al 3,2% antes de la pandemia (fundamentalmente por el tirón de los servicios no turísticos). No obstante, en el periodo más reciente un ligero retroceso es perceptible, tal vez como consecuencia de la escalada de ayudas de Estado y otras trabas a los intercambios comunitarios, apuntando a la necesidad de profundizar en la integración.


Con todo, el contexto internacional seguirá siendo muy incierto y cabe anticipar una aportación ligeramente negativa del sector exterior al crecimiento de la economía española en 2026. Nada que amenace el crecimiento, ya que el motor interno seguirá funcionando, pero la sostenibilidad del impulso expansivo depende de reformas y de inversiones en vivienda y capital productivo que están por llegar, a falta de consenso. Contrariamente a otros momentos de nuestra historia, el factor limitativo está en la política, ya sea nacional o internacional, y no en la propia economía.    

REGLOBALIZACIÓN | Tras la crisis financiera, se produjo un recrudecimiento de los intercambios en el seno de los bloques comerciales, en detrimento de la lógica multilateral. En consonancia con este movimiento de reglobalización, la cuota de la UE en el total de exportaciones españolas pasó del 58,3% en 2015 hasta un máximo del 64,2% en 2022. Desde entonces, el debilitamiento del mercado único ha traído consigo que la cuota de la UE descendiera hasta el 63,6% en 2024, una tendencia que no parece haber sido alterada por la escalada arancelaria de EE. UU.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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El nuevo mapa del precio objetivo de la banca española


precio objetivo banca española

La banca cotizada española atraviesa un momento en el que las valoraciones en Bolsa y los precios objetivos de los analistas se han convertido en la principal referencia para muchos inversores. Tras varios ejercicios de fuertes subidas, las casas internacionales empiezan a afinar el lápiz y a distinguir claramente qué entidades mantienen todavía margen de revalorización y cuáles tienen el recorrido, al menos en apariencia, bastante agotado.

Informes recientes de firmas como Bank of America, Morgan Stanley, Deutsche Bank, UBS y Barclays dibujan un mapa complejo pero muy revelador: el consenso ya no compra “banca española” en bloque, sino historias concretas, con precios objetivo muy distintos según el perfil de cada entidad, su capacidad de generar capital y la visibilidad de sus resultados a futuro.

BBVA, el banco con mayor potencial según Bank of America

En el último informe de su división de análisis de valores, Bank of America ha colocado a BBVA como su opción preferida dentro de la banca española que cotiza en el Ibex 35. La firma estadounidense destaca la “franquicia de calidad envidiable” del grupo, apoyada en sólidas cuotas de mercado en México, Turquía y España, y mantiene para el valor una recomendación de Comprar.

El banco de inversión ha elevado de forma notable el precio objetivo de BBVA hasta 24,30 euros, frente a los 21 euros anteriores, lo que se traduce en un potencial alcista cercano al 22% desde los niveles que manejaba en su análisis. Este salto sitúa a la entidad vasca a la cabeza del sector en términos de recorrido estimado, en un contexto en el que el mercado ya había puesto en precio buena parte del rally previo.

En paralelo, Bank of America también se muestra constructivo con CaixaBank, al que asigna igualmente recomendación de Comprar tras revisar al alza sus previsiones. El precio objetivo del banco catalán pasa de 10 a 12 euros por acción, lo que implica un potencial de subidas del entorno del 16%, ligeramente por debajo del de BBVA pero todavía relevante dentro del sector.

En el caso de Unicaja Banco, la visión es más matizada: el precio objetivo se incrementa desde 2,75 hasta 3,10 euros, con un margen de ganancia potencial del 14%, pero la recomendación baja de Comprar a Neutral. Para Santander y Sabadell, la firma sitúa también el consejo en terreno neutral, con precios objetivo de 11 y 3,60 euros respectivamente, que suponen una posible revalorización cercana al 9% para ambos títulos.

Más dura resulta la lectura para Bankinter, donde Bank of America fija una recomendación de Infrarrendimiento. Aunque eleva su precio objetivo hasta 13,20 euros (desde 11,50 euros), su escenario implica una caída potencial próxima al 5%, al considerar que el mercado ha ido demasiado lejos en la prima que otorga a esta entidad frente a otros bancos minoristas españoles.

Todo ello se enmarca en una visión razonablemente positiva sobre la economía nacional: los analistas de Bank of America calculan que España crece a un ritmo nominal cercano al 4%, por encima de la media de la zona euro y de la mayor parte de las economías desarrolladas, y subrayan que los volúmenes de crédito en España se mantienen “saludables”, con tasas interanuales de entre el 5% y el 7%, en máximos desde 2009.

Morgan Stanley: precios objetivos más ajustados tras un año excepcional

Frente a la visión más expansiva de Bank of America, el informe reciente de Morgan Stanley introduce un matiz de prudencia. La firma reconoce que la banca española ha firmado uno de los mejores ejercicios de su historia, con revalorizaciones de dos y hasta tres dígitos, pero avisa de que el gran tramo del rally podría estar ya completado en varios casos, algo que se refleja de forma clara en sus precios objetivo.

En CaixaBank, Morgan Stanley mantiene una recomendación de “peso de mercado” y ajusta ligeramente al alza el precio objetivo, desde 10,50 hasta 10,90 euros. Con las acciones moviéndose en el entorno de 10,65 euros en el momento del informe, el margen estimado se reduce a apenas un 2% de potencial adicional, una cifra modesta para un valor que había duplicado prácticamente su capitalización bursátil en el año previo.

El diagnóstico es todavía más exigente en Bankinter. La casa de análisis mantiene la recomendación de “ponderación de mercado” y sube el precio objetivo hasta 14,50 euros, pero recuerda que el valor ya cotiza prácticamente en ese nivel, lo que deja el potencial prácticamente agotado tras un ejercicio en el que el banco se anotó subidas de en torno al 95%, consolidándose como uno de los más sólidos del sector.

Para BBVA, Morgan Stanley también ajusta el precio objetivo, aunque de forma muy moderada: pasa de 20,50 a 20,70 euros, manteniendo la recomendación de “ponderación de mercado”. El problema es que, con la acción moviéndose ligeramente por encima de esa cota, la firma no ve recorrido adicional hacia 2026, pese al fuerte impulso obtenido tras la OPA sobre Banco Sabadell y la revalorización de más del 120% acumulada en los últimos meses.

La nota más pesimista recae sobre Unicaja. Aunque Morgan Stanley eleva el precio objetivo de 2,20 a 2,25 euros, conserva una recomendación de “infraponderar” debido a que el valor cotiza claramente por encima de ese nivel, en torno a 2,85 euros, lo que se traduce en un potencial de caída cercano al 21%. Un contraste llamativo si se tiene en cuenta que Unicaja fue uno de los bancos más alcistas del Ibex en el último ejercicio.

Deutsche Bank y UBS: el rally continúa, pero con selección fina

Otra pieza clave para entender el precio objetivo de la banca española la aportan los análisis de Deutsche Bank y UBS, que miran más al conjunto del sector europeo pero dedican un foco especial a las entidades del Ibex 35. Su diagnóstico es que el rally bancario no se ha agotado, pero entra en una fase mucho más selectiva en la que será clave elegir bien las posiciones.

Según los cálculos de Deutsche Bank, los bancos europeos cotizan, de media, a 10,6 veces los beneficios estimados y a 1,6 veces su valor en libros, con un descuento del entorno del 30% frente al mercado en general. A cambio, el sector ofrece una rentabilidad sobre el capital tangible (RoTE) que ronda el 15%, lo que, en principio, deja margen para seguir viendo revisiones al alza en los precios objetivos si los resultados acompañan.

La gran diferencia respecto a ejercicios anteriores, explican los analistas, es que el mercado ya no está dispuesto a premiar a toda la banca por igual. Durante los años de subida de tipos, mejora de márgenes y aceleración en la generación de capital, la marea elevó prácticamente a todos los barcos. Ahora, en un entorno en el que las valoraciones son más exigentes, los inversores se fijarán sobre todo en la calidad de los beneficios, la capacidad de crecimiento y la política de dividendos de cada entidad antes de ajustar sus precios objetivo; entre esos factores influyen de forma decisiva.

En este nuevo escenario, los bancos españoles parten, según Deutsche Bank, en una posición destacada. Santander y BBVA se sitúan en la “pole position” del Ibex 35 para seguir atrayendo flujo inversor, apoyados en rentabilidades elevadas y en su capacidad para seguir remunerando al accionista. En el caso de BBVA, el banco alemán subraya que la rentabilidad podría superar el 20%, con una política de dividendos que actúa como red de seguridad para la cotización.

No obstante, los analistas recuerdan que el margen para revisar los precios objetivo al alza dependerá también de la evolución de los resultados trimestrales. De hecho, algunos consensos, como el de Bloomberg, llegan a situar en determinados momentos el precio objetivo medio de BBVA por debajo de la cotización, con un ligero potencial de caída, lo que refleja lo ajustadas que empiezan a estar algunas valoraciones tras el rally.

UBS añade un matiz adicional: su estudio de estacionalidad desde 2020 sugiere que enero suele ser un mes favorable para la banca, pero marzo tiende a ser un periodo complicado, lo que podría invitar a parte del mercado a recoger beneficios tras un arranque de año fuerte. Esa dinámica temporal también condiciona la lectura que los inversores hacen de los precios objetivo, que pueden parecer conservadores o agresivos según el punto del ciclo en que se observen.

Santander, foco de interés con subidas de precio objetivo

Dentro del universo de la banca española, Banco Santander concentra una atención especial en los informes recientes de las grandes firmas internacionales, tanto por su tamaño como por el recorrido que se le atribuye a medio plazo y sus resultados. La entidad ha sido uno de los grandes motores del Ibex gracias a revalorizaciones de tres dígitos en el último año, lo que obliga a afinar las valoraciones.

En este punto, destaca el análisis de Barclays, que mantiene su recomendación de sobreponderar el valor y eleva el precio objetivo desde 10,10 hasta 11,30 euros por acción. Ese nivel implicaría un potencial alcista superior al 10% sobre la cotización que manejaba el informe, un margen destacable teniendo en cuenta que el título ya había experimentado un fuerte rebote.

Barclays justifica este incremento apoyándose en unas previsiones de rentabilidad sobre el capital (RoTE) ajustada cercanas al 19%-20% en el horizonte de 2028 y en una tasa de crecimiento del beneficio por acción que estima en torno al 16% anual entre 2025 y 2028, claramente por encima del consenso del mercado. La clave, según la firma británica, será comprobar si Santander es capaz de consolidar un crecimiento de ingresos robusto sin perder disciplina de costes ni deteriorar su perfil de capital.

El banco español también se encuentra en el punto de mira por su estrategia de retribución al accionista. Distintos análisis recogen previsiones de que, gracias a la fortaleza en la generación orgánica de capital y a una ratio CET1 confortable, la entidad podría destinar sumas muy significativas a recompras de acciones y dividendos en efectivo durante los próximos ejercicios, un factor que influye directamente en las revisiones de precio objetivo.

En paralelo, otros consensos más amplios recogidos por plataformas como Reuters muestran lecturas algo más prudentes en determinados momentos, con precios objetivo medios ligeramente por debajo de la cotización y potencial negativo en el corto plazo, lo que demuestra que no existe una única visión sobre el valor. Aun así, la mayoría de las casas de análisis mantienen recomendaciones favorables o, como mínimo, neutrales, respaldadas por el historial reciente de mejora de resultados y de disciplina en el uso del capital.

El resto de la banca española: potencial, primas y riesgos

Más allá de BBVA y Santander, el mapa de precios objetivo del resto de bancos españoles muestra una mezcla de oportunidades selectivas y advertencias claras sobre valoraciones tensas. Entidades como CaixaBank, Bankinter, Sabadell y Unicaja ilustran bien hasta qué punto los analistas diferencian hoy cada caso.

CaixaBank aparece en los informes como un valor respaldado por varios bancos de inversión, aunque con matices. Bank of America lo considera un “campeón nacional” por su cuota de mercado en depósitos y el margen de mejora en ingresos por comisiones y otros conceptos no ligados a intereses, y respalda esa visión con un precio objetivo de 12 euros y recomendación de Comprar. Sin embargo, Morgan Stanley adopta un enfoque más cauto, con un precio en torno a 10,90 euros y un potencial muy contenido, reflejando que una parte importante de la historia de revalorización ya podría estar en precio.

En el caso de Bankinter, los informes resaltan un perfil de entidad de alta calidad, con negocios de pagos y seguros en expansión, pero advierten de varios vientos en contra: el coste de los depósitos, la estructura de financiación y la evolución de la cartera ALCO, entre otros aspectos. Bank of America habla abiertamente de Infrarrendimiento, con un precio objetivo que implica caídas potenciales, y Morgan Stanley sitúa su precio teórico precisamente donde está el mercado, lo que refuerza la idea de que la prima de valoración sobre otros bancos minoristas podría ir reduciéndose con el tiempo.

Banco Sabadell, por su parte, aparece con un recorrido más moderado. Bank of America asigna precios objetivo que dejan un potencial alrededor del 9% y una recomendación neutral, teniendo en cuenta que una parte del atractivo de la entidad reside en su rentabilidad por dividendo elevada más que en grandes revalorizaciones en Bolsa tras episodios corporativos recientes.

Finalmente, Unicaja Banco es probablemente el caso donde las divergencias entre firmas resultan más visibles. Mientras Bank of America ve cierto margen de mejora en el precio objetivo (hasta 3,10 euros) y destaca la opcionalidad asociada a su exceso de capital, Morgan Stanley advierte de un posible riesgo de corrección si el mercado decide ajustar las valoraciones a niveles más prudentes. Esa disparidad refleja que, a pesar de ser uno de los valores más alcistas del último año, no todos los analistas coinciden en que el recorrido adicional compense los riesgos.

En conjunto, la fotografía que se desprende de estos informes es la de una banca española en buena forma, pero con precios objetivo cada vez más selectivos, alejados de las subidas indiscriminadas del pasado. Para el inversor, esto implica que ya no vale con comprar el sector como un bloque homogéneo, sino que es necesario analizar con lupa la situación de cada entidad, su ciclo de beneficios y su política de capital.

A la luz de todas estas valoraciones, el tablero de la banca española se presenta como un terreno donde conviven bancos con potencial alcista relevante, otros con recorrido muy limitado y algunos con riesgo claro de corrección si los resultados no confirman las expectativas. Los precios objetivo fijados por las grandes casas internacionales actuán, de este modo, como una especie de brújula: no marcan el único camino posible, pero sí ayudan a situar dónde ve hoy el mercado el equilibrio entre el atractivo y el riesgo en cada uno de los grandes nombres del sector.


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Calendario próximos dividendos del Ibex 35 y mercado continuo


Calendario próximos dividendos Ibex 35

Disponer de un calendario actualizado de los próximos dividendos del Ibex 35 y de las compañías más seguidas del Mercado Continuo se ha convertido en algo casi imprescindible para cualquier inversor que quiera tomar decisiones con cabeza. No se trata solo de saber qué día se ingresa el dinero en la cuenta, sino de entender qué hay detrás de cada pago, cómo encaja en la política de retribución de la empresa y qué relación guarda con sus beneficios y su situación financiera.

Si te gusta invertir para cobrar rentas periódicas a través de dividendos, o simplemente quieres tener bajo control cuándo y cuánto pagan las principales cotizadas españolas, en esta guía vas a encontrar un repaso muy detallado a las fechas de pago más relevantes, las políticas de dividendo de cada compañía y las estrategias que hay detrás. Todo ello explicado en un lenguaje directo, sin jerga innecesaria, pero manteniendo el rigor que exige hablar de tu dinero.

Calendario de dividendos confirmados y previstos del Ibex 35


Dividendos Ibex 35

En las secciones de calendario de dividendos del Ibex 35 se suelen distinguir dos bloques: los pagos ya confirmados por las empresas y los importes estimados por los analistas a partir de las guías oficiales, los resultados recientes y el historial de retribución. De este modo, cualquier inversor puede ver de un vistazo qué dividendos están asegurados y cuáles son todavía previsiones sujetas a cambios.

Los cuadros que recopilan los dividendos pagados por las 35 empresas del Ibex 35 y las 20 del Ibex Medium Cap detallan mes a mes los importes abonados y las fechas clave. Por debajo de esas tablas, lo habitual es incluir un resumen empresa por empresa con el detalle de cada pago, la evolución respecto a ejercicios anteriores, el porcentaje del beneficio que se reparte (payout) y las orientaciones que han dado las compañías de cara a los próximos años.

En los resúmenes también se señala cuándo una empresa forma parte del Ibex 35 o del Ibex Medium Cap, ya que algunas entradas recogen compañías que han cambiado de índice, han sido excluidas de cotización vía OPA o simplemente han abandonado el selectivo. Este contexto es clave para entender por qué un valor aparece entre los dividendos destacados de un año y desaparece del listado en ejercicios posteriores.

Además de las fechas del Ibex, muchas webs de referencia incluyen un apartado para los dividendos del mercado continuo con un número más reducido de compañías seleccionadas, en el que se sigue la misma lógica: se indica el importe bruto por acción, el día de pago y, en ocasiones, si se trata de una cifra confirmada o de una previsión basada en estimaciones de analistas.

Dividendos detallados de las empresas del Ibex 35 y del Ibex Medium Cap


Empresas Ibex 35 dividendos

Uno de los grandes valores añadidos de los mejores calendarios es que no se limitan a listar fechas y cantidades, sino que ofrecen explicaciones extensas sobre la política de dividendos de cada compañía. Así, por ejemplo, se detalla cómo Acciona viene pagando un dividendo único que suele rondar el 60% de sus beneficios, con incrementos como el de julio de 2025, cuando repartió aproximadamente 5,28 euros por acción con cargo a 2024, mejorando en torno a un 8% el pago previo.

En el caso de Acciona Energía, se explica la sucesión de recortes en la retribución: cobró 0,48 euros a cargo de 2023, un tercio menos que el año anterior, y anunció un pago único cercano a los 0,44 euros con cargo a 2024, reduciendo nuevamente el importe. Estos movimientos muestran cómo el dividendo se ajusta a la evolución del negocio y las necesidades de inversión en renovables.

Compañías industriales como Acerinox presentan una trayectoria más estable, con pagos a cuenta que se mantienen en el tiempo (por ejemplo, 0,31 euros por acción en enero de 2025, el mismo importe que el ejercicio anterior) y estimaciones de que el dividendo complementario repita la misma cifra. En paralelo, se comenta que empresas como ACS o Ferrovial combinan el dividendo tradicional con modalidades flexibles, permitiendo elegir entre efectivo o nuevas acciones.

En sectores regulados como el de las infraestructuras energéticas, se profundiza en casos como Enagás, Redeia o Naturgy, donde las compañías han ido ajustando sus promesas de dividendo mínimo en función de los cambios regulatorios, la rentabilidad de los negocios y la necesidad de preservar el rating crediticio. Por ejemplo, Enagás rebajó su objetivo de pago entre 2023 y 2026 desde 1,74 a 1 euro, mientras que Naturgy ha ido incrementando gradualmente el importe previsto hasta situar su objetivo en torno a 1,90 euros por acción a medio plazo, siempre que mantenga una solvencia determinada.

También se recogen casos especiales de pagos extraordinarios, como los dividendos de Elecnor ligados a la venta de su filial de renovables, los repartos excepcionales de Neinor Homes vinculados a devoluciones de nominal con menor retención fiscal, o los abonos especiales de Sabadell condicionados a operaciones corporativas como la venta de TSB. Estos movimientos muestran cómo el dividendo puede ser una vía para canalizar plusvalías puntuales hacia el accionista.

En el ámbito financiero, bancos como BBVA, Santander, CaixaBank, Sabadell, Bankinter o Unicaja combinan pagos crecientes con programas recurrentes de recompra de acciones, que actúan como retribución indirecta al aumentar el beneficio por título. Se explica, por ejemplo, cómo BBVA ha ido ampliando su payout al rango del 40-50% del beneficio neto ordinario, cómo Santander mantiene una política de repartir el 50% de las ganancias combinando dividendo en efectivo y recompras, o cómo Sabadell ha elevado con fuerza su dividendo tras mejorar sus ratios de capital.

Dentro del sector inmobiliario cotizado, se analizan políticas como la de Merlin Properties, que vincula el dividendo a los fondos ajustados de operaciones (AFFO), con un reparto habitual de alrededor del 80% de esa métrica, o la de Colonial, que relaciona su pago con el beneficio recurrente. De esta forma, se ayuda al lector a comprender que, en este tipo de compañías, el dividendo no se mira solo frente al beneficio contable, sino frente a indicadores específicos de generación de caja.

En el segmento de renovables y telecomunicaciones, se destacan perfiles más dispares: Cellnex y Solaria han priorizado históricamente la inversión sobre la distribución de dividendos, con pagos simbólicos o incluso nulos y una hoja de ruta que retrasa la retribución relevante hasta que los proyectos maduren y generen caja suficiente. En cambio, valores como Iberdrola, Endesa o Repsol combinan un dividendo creciente con ambiciosos planes de inversión, apoyados en su mayor tamaño y capacidad financiera.

Guías y estudios sobre el Ibex 35 y las estrategias de dividendo

Más allá del calendario puro y duro, algunos recursos especializados incorporan material adicional para entender mejor la bolsa española. Uno de ellos es la denominada “Guía del Ibex 35”, un manual práctico que dedica varias páginas a cada una de las compañías del selectivo y explica, con un lenguaje accesible, cómo funcionan sus negocios, sus balances, sus beneficios, sus flujos de caja y, por supuesto, sus dividendos.

Esta guía subraya las ventajas de invertir en empresas españolas frente a concentrar toda la cartera en mercados extranjeros: cadena de registro y custodia más sencilla y transparente, menor riesgo jurídico por operar bajo un marco regulatorio conocido, ausencia de riesgo de divisa en los dividendos cobrados en euros, comisiones habitualmente más bajas y mayor facilidad para seguir de cerca la información corporativa y entender el modelo de negocio.

En la segunda parte de esa obra se incluyen análisis históricos de una década larga (por ejemplo, 2015-2024), con series que permiten detectar patrones que no se ven si solo se miran uno o dos años. Gracias a esa perspectiva, el inversor puede ver cómo determinados valores han logrado sostener y aumentar su dividendo de forma consistente, mientras otros han tenido que recortarlo o suspenderlo en momentos de estrés financiero.

Otra pieza clave para quienes buscan estrategias de inversión basadas en dividendos es el estudio “Todo sobre los dividendos”, que revisa cómo habrían funcionado distintas carteras centradas en la rentabilidad por dividendo en el mercado español entre 2006 y 2022. Una de las carteras estrella es la llamada “Dividendo 10 Ibex 35”, que selecciona cada año los diez valores del índice con mayor rendimiento por dividendo y los mantiene durante doce meses, revisando la composición anualmente.

Según ese análisis, la estrategia “Dividendo 10 Ibex 35” habría generado una rentabilidad media anual claramente superior al Ibex con dividendos, con una ventaja que se hace especialmente visible cuando se amplía el horizonte a más de diez años. El estudio también demuestra que cuando se combina un alto rendimiento por dividendo con beneficios estables y buena calidad financiera (medida con indicadores propios como un Índice de Calidad Financiera), las diferencias frente al mercado se disparan, con series de años consecutivos en positivo incluso en periodos complicados como la crisis financiera de 2008, la crisis de deuda de 2010-2012 o el shock de la pandemia.

En las últimas actualizaciones, los datos muestran que las carteras de alto dividendo y calidad han batido al Ibex 35 con dividendos en varios ejercicios recientes de forma consecutiva, con tasas anuales de doble dígito en algunos tramos de ocho años. Eso refuerza la idea de que el dividendo, por sí solo, no basta: es la combinación de rentabilidad por dividendo, crecimiento de beneficios, solvencia y volatilidad contenida la que termina marcando la diferencia a largo plazo.

Qué son los dividendos y por qué importan tanto

Para situarnos, conviene recordar que los dividendos son la parte de los beneficios de una empresa que se reparte entre los accionistas en proporción al número de acciones que poseen. La decisión de si se reparte, cuánto se reparte y en qué formato se hace (efectivo o acciones) la toma la junta general de accionistas a propuesta del consejo de administración, teniendo en cuenta la situación financiera de la compañía, sus necesidades de inversión y su estrategia de capital.

Un mismo beneficio puede dar lugar a políticas de dividendo muy diferentes: hay empresas que optan por pagar un dividendo estable y creciente año tras año, aunque los beneficios fluctúen; otras fijan un porcentaje (pay-out) y aceptan que el importe varíe en función del resultado; algunas priorizan la reducción de deuda o las inversiones y rebajan o suprimen el dividendo temporalmente; y otras combinan un dividendo relativamente modesto con recompras de acciones, que también benefician al accionista al aumentar el beneficio por título.

Para el inversor que busca rentas periódicas, los dividendos permiten cobrar ingresos con cierta regularidad (anual, semestral o trimestral, según la política de cada empresa) sin necesidad de vender acciones. Para quien está en fase de acumulación, reinvertir esos dividendos puede impulsar de forma importante el crecimiento del patrimonio a largo plazo, gracias al efecto del interés compuesto.

En el caso del Ibex 35, el atractivo de la retribución al accionista es especialmente elevado: las compañías españolas figuran entre las más generosas de Europa en pago de dividendos, con importes totales repartidos que, en algunos años, se han situado cerca de máximos históricos. A ello contribuye el peso del sector bancario, las grandes energéticas y empresas maduras con modelos de negocio consolidados que generan excedentes de caja recurrentes.

Formato habitual de los dividendos: efectivo, scrip y pagos extraordinarios

Las formas de pago más frecuentes se encuadran en tres grandes grupos, que ayudan a entender los distintos anuncios que aparecen en el calendario de dividendos del Ibex 35:

En primer lugar están los dividendos estables en efectivo, en los que la empresa fija una cantidad por acción (por ejemplo, 0,50 euros) y la abona de forma periódica, normalmente una o dos veces al año. Esta modalidad da mucha visibilidad al inversor, ya que las compañías suelen esforzarse por mantener o incrementar esos pagos, incluso si los beneficios tienen algún bache puntual.

En segundo lugar aparece el modelo de pago basado en un porcentaje del beneficio neto, conocido como pay-out. Aquí la compañía anuncia que repartirá, por ejemplo, el 50% de lo que gane cada año. Si el beneficio sube, el dividendo sube; si el beneficio baja, el dividendo se recorta. Este enfoque es muy común en bancos y grandes grupos energéticos, y permite al inversor estimar el dividendo futuro a partir de las previsiones de resultados.

En tercer lugar están los dividendos flexibles o en acciones, también llamados scrip dividend, en los que el accionista puede elegir entre recibir nuevas acciones o un importe en efectivo. Aunque se anuncian como dividendos, cuando se opta por las acciones implican, en la práctica, una ampliación de capital. Empresas como Ferrovial, ACS o Telefónica han utilizado en distintas etapas este sistema para mantener una retribución aparente elevada reduciendo a la vez la salida de caja.

Además de estas modalidades recurrentes, muchos calendarios incluyen pagos extraordinarios vinculados a eventos puntuales: venta de filiales, devoluciones de prima de emisión con ventajas fiscales, reducciones de capital mediante devolución de aportaciones o distribución de reservas. Suelen ser importes significativos pero esporádicos, que conviene no confundir con el dividendo ordinario que se repite cada año.

Fechas clave para no perder un dividendo

Para aprovechar de verdad el calendario de próximos dividendos del Ibex 35, no basta con saber el día en que se paga el dinero; hay que entender cuáles son las fechas críticas que determinan quién tiene derecho a cobrar. Normalmente se distinguen cuatro momentos importantes en cada anuncio de dividendo.

La primera es la fecha del anuncio, cuando el consejo de administración o la junta general comunica oficialmente el importe propuesto, el tipo de dividendo (a cuenta, complementario, extraordinario, scrip, etc.) y las fechas clave. A partir de aquí, el mercado suele ajustar la cotización teniendo en mente el pago que se aproxima.

La segunda es la fecha ex-dividendo, que es la más relevante para el accionista práctico. Es el día a partir del cual quien compre acciones ya no tendrá derecho a cobrar el próximo dividendo; ese derecho queda en manos de quien era accionista al cierre de la sesión anterior. En la práctica, si quieres asegurarte de cobrar un dividendo concreto, tienes que tener las acciones en cartera antes de la apertura de la sesión ex-dividendo.

En tercer lugar está la fecha de registro o de corte, en la que la empresa verifica formalmente quién aparece como accionista en los registros de la entidad encargada de la compensación y liquidación. Suele ir muy pegada a la fecha ex-dividendo y sirve para cruzar los datos del libro registro con el listado final de beneficiarios del pago.

Por último, tenemos la fecha de pago, que es el día en que el dividendo se abona efectivamente en la cuenta de valores. Muchos calendarios ordenan los dividendos precisamente por esta fecha, algo muy útil si lo que quieres es estimar las entradas de efectivo de tu cartera a lo largo del año y planificar cobros mensuales, trimestrales o semestrales.

Tablas de dividendos confirmados y estimados del Ibex 35 y Mercado Continuo

Los mejores recursos online sobre dividendos del Ibex 35 muestran una tabla con los próximos pagos ordenados por fecha de abono. En ella suele aparecer el nombre de la empresa, el importe bruto por acción y la fecha de pago. Cuando el dato procede de estimaciones de analistas y aún no está confirmado, se marca con algún distintivo, como un asterisco antes del nombre de la compañía.

En esas tablas se mezclan dividendos del Ibex 35 con algunos valores significativos del Mercado Continuo. Por ejemplo, se listan pagos de compañías como Acciona, Aena, Amadeus, Iberdrola, Inditex, Repsol, CaixaBank o Santander, junto a otras como Ebro Foods, Atresmedia o Vidrala, que cotizan fuera del selectivo pero mantienen políticas de dividendo muy seguidas por los inversores de renta.

Cada fila de la tabla permite ver de un vistazo qué empresas tienen pagos confirmados en las próximas semanas, qué importe supone cada uno y si el dividendo es ordinario, extraordinario o depende de modalidades especiales (como los dividendos residuales, que se reparten solo una vez cubiertas las necesidades de inversión). En algunos casos se añade también información sobre la fecha de descuento o ex-dividendo, de gran utilidad para decidir cuándo entrar o salir de un valor.

Junto a las tablas principales, suele incluirse un enlace directo a la fuente oficial de datos de Bolsas y Mercados Españoles (BME), donde se recogen todos los hechos relevantes comunicados por las compañías: anuncios de dividendos, ampliaciones de capital, recompras de acciones, fusiones, etc. De este modo, el inversor que quiera comprobar un dato concreto puede ir a la fuente primaria en cuestión de segundos y evitar confusiones.

En la parte inferior de muchas de estas páginas aparece un recordatorio importante: el contenido se ofrece con un enfoque meramente informativo y bajo criterio editorial, sin constituir en ningún caso una recomendación personalizada de inversión. Se insiste en que la inversión en bolsa implica riesgos, que las rentabilidades pasadas no garantizan resultados futuros y que antes de tomar decisiones conviene valorar el perfil de riesgo y, si es preciso, consultar con un experto financiero.

El papel del asesoramiento y los brókers en la inversión por dividendos

Para pasar de la teoría a la práctica, el calendario de próximos dividendos del Ibex 35 suele complementarse con información sobre brókers y plataformas de inversión. En muchas ocasiones se ofrece al lector comparativas de entidades para comprar acciones directamente o listas de plataformas centradas en fondos de inversión, para quienes prefieren delegar la selección de valores en un gestor.

Al hilo de estas herramientas, también se sugiere la posibilidad de acudir a un asesor financiero que ayude a diseñar una estrategia de rentas acorde con los objetivos y la situación personal de cada inversor. No es lo mismo alguien que empieza a invertir con poco capital y un horizonte muy largo, que un ahorrador cercano a la jubilación que busca ingresos estables para complementar su pensión.

En paralelo, muchas entidades financieras explican que, si ya eres cliente, puedes aprovechar productos y servicios específicos para inversores pensados para gestionar el patrimonio a medio y largo plazo. Esto incluye desde cuentas de valores y brókers integrados hasta mandatos de gestión discrecional o carteras gestionadas de fondos y ETFs con sesgo a dividendos.

El objetivo de toda esta información complementaria es que el lector no se quede solo con una lista de fechas y números, sino que pueda encajar el calendario de dividendos dentro de una estrategia financiera global, calculando el impacto fiscal, la diversificación sectorial, el peso de cada empresa en la cartera y el equilibrio entre rentabilidad por dividendo presente y crecimiento futuro.

Con todos estos elementos sobre la mesa —histórico de pagos, políticas de retribución, estudios de largo plazo, fechas clave y herramientas para invertir— cualquier persona interesada en los próximos dividendos del Ibex 35 y del mercado continuo dispone de una base muy sólida para tomar decisiones más informadas, organizar sus cobros y, sobre todo, valorar la calidad real de las compañías que elige para construir su cartera de renta.


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