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Un código para el buen inversor

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El movimiento internacional alrededor del buen gobierno corporativo se activa a principios de los años noventa del siglo pasado con el llamado Informe Cadbury (1992), elaborado en el Reino Unido y presentado como un Código, cuyo propósito era “salvar” a las sociedades de capitales cotizadas en el Reino Unido, amenazadas por un desequilibrio de poder a favor de los equipos directivos y en detrimento de los accionistas. La gran innovación del Código Cadbury fue la potenciación de la figura del consejero independiente como defensor de los intereses de las compañías (de todos los accionistas, pero sobre todo de los minoritarios), y facilitar el reparto de las funciones de alta dirección y de control en personas distintas, evitando conflictos de interés. La iniciativa del Reino Unido se extendió por todo el mundo, y llega a España en 1998 con el llamado Código Olivencia para el buen gobierno de las sociedades cotizadas, con manifiestas influencias del Código pionero del Reino Unido. 

La crisis financiera de 2008 fue el detonante de un cuestionamiento más profundo de las que hasta entonces se habían considerado buenas prácticas en la gobernanza empresarial. De nuevo en el Reino Unido se puso en marcha una comisión gubernamental con la misión de valorar y revisar las responsabilidades de la gobernanza corporativa dominante en el estallido de la crisis, y de sus trabajos surge la propuesta de elaborar un Código de buenas prácticas para los inversores-accionistas. El denominado Stewardship Code (SC) de 2010, dirigido principalmente a los inversores institucionales (que en Reino Unido son en su gran mayoría los titulares de las acciones de las sociedades cotizadas), considera positivo para las propias empresas y para los beneficiarios de los fondos de inversión la implicación de estos últimos, sus gestores, en el gobierno empresarial, y evita cualquier mención a los consejeros independientes, que habían sido los grandes protagonistas de la gobernanza corporativa hasta entonces. 

La valoración oficial de la experiencia del SC 2010 en 2018 llegó a la conclusión de que su efectividad había sido muy escasa, y recomendó cancelarlo o revisarlo en profundidad. Finalmente, la autoridad competente optó por la revisión y en 2020 entró en vigor un nuevo SC. La versión revisada profundiza en el alcance de la implicación de los inversores institucionales en el gobierno empresarial, presta más atención a los incentivos de estos inversores a implicarse como accionistas activos, y, sobre todo, amplía los resultados a los que debe dirigirse la implicación para incluir aspectos medioambientales, sociales y de gobernanza, ESG —Environment Social Governance—, junto con el cambio climático. El subtítulo del artículo del profesor Paul Davies, From Saving the Company to Saving the Planet?, valorando críticamente la trayectoria reciente y perspectivas del SC 2020, sintetiza muy bien las aspiraciones del nuevo Código. La duda que plantea el interrogante es si, en las materias de ESG y cambio climático, las políticas gubernamentales y los cambios en las preferencias de los inversores y de los ciudadanos en general son suficientes, o no, para que los fondos de inversión y sus gestores se impliquen a favor de los intereses de toda la sociedad en estas áreas. 

También la corriente de los Stewardship Codes se propaga y llega a España con el proyecto de Código de Buenas Prácticas para Inversores Institucionales, Gestores de Activo y Asesores de Voto que la CNMV saca a consulta pública el 24 de junio de 2022. En un trabajo que puede consultarse íntegramente en la web de Funcas, se presenta una valoración personal del texto provisional. El trabajo incluye comentarios y sugerencias que tratan de clarificar la diferencia entre salvar a las compañías cotizadas (ayudar a resolver conflictos de intereses entre partes afectadas) y salvar al planeta (internalizar externalidades de alcance global), y llaman la atención sobre las singularidades de la estructura accionarial de las sociedades cotizadas en España. En base a esas singularidades, en particular la presencia generalizada de accionistas de control, lo que no ocurre en el Reino Unido, se propone que el Código se dirija en general a los inversores-accionistas, con los inversores institucionales como caso particular, y no como destinatarios principales como ocurre en su redacción actual.

Acceda a los comentarios sobre el texto preliminar del Código de Buenas Prácticas de Inversores aquí.

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Salarios y excedentes ante el brote inflacionario

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La persistencia de una inflación elevada, tanto históricamente como en relación a los otros países de la zona euro, no solo depende del fuerte impacto en nuestra economía de la crisis energética mundial. A este factor, origen del brote inflacionario, se añade un riesgo que nos es propio: la dinámica de los salarios y de los excedentes empresariales.

El diagnóstico, en base a datos publicados recientemente, confirma una opinión muy extendida, a saber: que los salarios apenas contribuyen a esa dinámica, a costa de perder poder adquisitivo. Pero también se desprenden otras realidades, especialmente cuando se tiene en cuenta el punto de partida previo a la pandemia.

El papel moderador de los salarios ante la presión inflacionaria que se ha adentrado en la economía española es una constatación sin paliativos. En el segundo trimestre los costes laborales unitarios apenas crecieron a un ritmo anual del 0,3%, frente a más del 3% de media en la UE. La información disponible de convenios firmados hasta agosto confirma la tendencia a la moderación, con incrementos muy por debajo tanto del IPC total como del indicador subyacente, es decir descontando la energía y los alimentos frescos.


La comparación con los niveles previos a la doble crisis pandémica y energética apunta sin embargo a una cierta recuperación, ya que el estancamiento del último año compensa parcialmente el crecimiento registrado durante los meses centrales de la pandemia, cuando las remuneraciones eran sostenidas por los ERTE. Así pues, los costes laborales unitarios superan el nivel precovid en términos nominales, si bien descontando el incremento del IPC todavía arrastran un déficit del 3,8% con respecto a ese periodo.

Por su parte, los beneficios empresariales han tenido un comportamiento más dinámico durante el brote de inflación. El excedente bruto de explotación generado por cada euro producido por nuestra economía (un indicador que proviene de la misma fuente que el coste laboral unitario, y que por tanto facilita el diagnóstico) se incrementó un 6,1% en el segundo trimestre, por encima de la media de la UE. El repunte de los excedentes también ha permitido recuperar los niveles precovid a precios corrientes, si bien se detecta un deterioro del 2% en términos reales (es decir descontando la evolución del deflactor del PIB).

Estos resultados son consistentes con la mejora de la rentabilidad empresarial detectada por el Banco de España a partir de la central de balances. También contribuyen a explicar el tirón del empleo pese al contexto plagado de incertidumbres, y el auge de las exportaciones, sostenidas por la mejora de la posición competitiva en relación con las otras grandes economías de la zona euro.

En suma, el golpe de la pandemia fue perjudicial para todos, especialmente las empresas, y el de la inflación también está teniendo un elevado coste macroeconómico, pero sobre todo para los asalariados. Ese parece haber sido el resultado del actual pacto tácito de rentas. No obstante, se vislumbran cambios. Uno de cada cuatro trabajadores amparados por un convenio contiene una cláusula de protección contra la inflación, casi el doble que hace un año. Parece que las presiones salariales irán en aumento, algo que podría llevar a renovar el mecanismo de ajuste. Por otra parte, la central de balances apunta a una gran heterogeneidad entre sectores que debería reflejarse en las próximas negociaciones: en la industria, la competencia internacional limita los precios y los excedentes, algo que no ocurre con la misma intensidad en los sectores más protegidos. Otro caso distinto es el de las empresas más endeudadas, que se enfrentan a la subida de los tipos de interés.

Los distintos puntos de partida dificultan la búsqueda de una nueva fórmula que ayude a repartir los costes de la inflación, sin perpetuarla ni deteriorar la capacidad de generar empleo. Pero la sostenibilidad del actual pacto tácito de rentas parece improbable.

TIPOS DE INTERÉS | Los bancos centrales están decididos a aplacar rápidamente la inflación. Esta semana el protagonista ha sido la Reserva Federal, con la quinta subida de su principal tipo de intervención en lo que va de año, hasta la horquilla del 3-3,25%. El BCE y otros bancos centrales han tomado decisiones similares en fechas recientes. La excepción es Japón, que no parece tener intención de alterar su política de tipos de interés cuasi nulos. Sin embargo, ante el riesgo de depreciación del yen, el banco nipón ha anunciado una intervención en los mercados cambiarios.   

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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El Moonswatch una jugada maestra para revitalizar la industria relojera suiza

En 2022 el grupo Swatch revolucionó el mundo de los aficionados de los relojes al lanzar una nueva colaboración entre el fabricante Omega y su marca popular Swatch. Miles de personas hicieron cola en las tiendas Swatch que veían como compradores se empeñaban en adquirir uno o más de estos relojes. Muchos de ellos aparecían en reventa en pocas horas a un precio mucho mayor por el que estaban disponibles en tienda.

En 2020 la pandemia provocó una caída en las ventas de los relojes suizos del 22%, desde el colapso financiero de 2008-2009 no se veían unos números tan devastadores para los productos suizos que más destacan en el “Swiss Made”. Además las ventas de los relojes conectados crecieron un 20% en lo peor de la pandemia, lo que ha hecho volver a temer por la industria a las miles de personas que en los Alpes se dedican a diseñar, fabricar y vender relojes.

Las crisis relojeras Suizas

Moonswatch2 Urano

Pero las crisis no son ajenas a la industria relojera helvética, estás llevan siendo comunes desde el siglo XIX y desde entonces los relojeros suizos han tenido que reinventarse varias veces.

En 1870 Suiza tenía el 70% de la producción mundial de relojes, con Francia como segunda potencia relojera. En 1890 EEUU había alcanzado la segunda posición gracias a la mecanización e industrialización que la American Walthman Watch Company mostró en la exposición universal de Filadelfia en 1876. El ingeniero de Longines y miembro de la delegación suiza Jacques David vuelve advirtiendo a los relojeros suizos que deben reaccionar. En 1877 las ventas de relojes suizos a EEUU han caído más de un 80% desde 1872 y un trabajador norteamericano produce 150 relojes al año, mientras que un suizo sólo llega a 40. La industria tendrá que reformarse y automatizarse. Pero otra crisis vendría después mucho más devastadora.

A finales de 1960 la industria relojera suiza tenía unos 90.000 trabajadores y 1500 empresas. En 1985 quedaban 30.000 trabajadores y unas 500 ó 600 empresas. Si en el siglo XIX se había configurado una industria que fabricaba en masa en paralelo y otra que se dedicaba al lujo, el competidor japonés Seiko había conseguido aunarlas y poner contra las cuerdas a la industria relojera suiza. Los movimientos basados en cuarzo en vez de mecánicos, eran más precisos y baratos. Normalmente esta crisis se atribuye al cuarzo, pero no es así según el profesor Pierre-Yves donzé de la Universidad de Osaka y especializado en la historia de la relojería suiza, según él Seiko consiguió relojes de mejor calidad y precio, también los mecánicos. Según este historiador, la relojería suiza pasa por una crisis periódicamente que se acaba solucionando siempre con la misma solución, una orientación al lujo.

La industria relojera suiza necesitó un salvador, y lo tuvo: Nicholas Hayek. Cuando los bancos suizos estaban viendo como liquidar las dos grandes relojeras de la época SSIH y ASUAG propietarias de marcas como ETA, Omega o Longines, Hayek consiguió convencerles de que debían fusionarlas y reestructurarlas en la SMH, precursora del grupo Swatch.

Además de eliminar redundancias acabó lanzando la marca Swatch, diseñada para competir con los modelos japoneses y cuya producción estaba completamente automatizada. Hayek solía llevar varios relojes en sus muñecas, destacando uno de ellos por su sencillez y materiales baratos al lado de los históricos y lujosos que llevaba, se trataba del primer Swatch salido de la línea de producción, el salvador de toda la industria que marcó el Swisss Made.

Pero estamos en los años posteriores. Ya decretó Thierry Stern el CEO de la histórica y admirada firma de alta relojería Patek Philippe en su momento que no podrían competir con Apple, el presupuesto de la firma de Cupertino era impresionante comparado con el de ellos y su negocio era diferente. También dijo Jony Ive (diseñador del iPhone y el Apple Watch) que veía a los suizos “j*****s” por el lanzamiento de su reloj. No obstante, lo que ha ido sucediendo es que las ventas de los relojes suizos de gama media y baja han disminuido, pero las de gama alta han subido. Ya comentamos como los cryptobros y los ricos chinos habían impulsado las ventas de relojes de lujo y ahora están haciendo caer el mercado de segunda mano.

Las colaboraciones entre el lujo y el Mainstream no son raras

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‘Como ya hemos comentado, en cada crisis de la industria relojera suiza esta se ha ido orientando más hacia el lujo. Aunque el grupo swatch no engloba todas las marcas de lujo, si engloba a marcas como Breguet, Longines, Omega, Tissot, Rado, Hamilton…

Si vamos a orientar al lujo la industria relojera ¿qué tal orientar al lujo a la gama media y baja? Es decir, no pueden competir (y no lo hacen) con los smartwatches, pero sí pueden subir el “glamour” asociado a llevar un reloj. Eso ha hecho que la colaboración entre las dos marcas del grupo Omega y Swatch haya tenido éxito, sacando una versión que aunque conserva las proporciones, cambia los materiales, mecanismos y colores del Omega Speedmaster, conocido como el Moonwatch, por ser el reloj que los astronautas llevaron a la luna (aunque no es el único modelo).

Esto no es raro, es fácil encontrar colaboraciones de moda con marcas asequibles, como por ejemplo las de Zara y Rhuigi o Narciso Rodriguez, las de H&M con Iris Apfel o Lanvin, o las de Louis Vuitton con Supreme o las de Gucci y Adidas o Superdry y Timothy Everest. Este tipo de colaboraciones no parecen quitar glamour a la marca más lujosa y en cambio la suelen acercar a un público más joven al que no llegarían normalmente.

La novedad fue un éxito. De Hong-Kong a Nueva York pasando por Madrid y Edimburgo (Los Ángeles parece una excepción), miles de personas hicieron cola en las tiendas de Swatch con el objetivo de obtener uno de estos relojes, además la colección tiene diez modelos diferentes. Además, estas colas no disminuyeron aun cuando avisaron que no era una edición limitada, con lo cual se fabricarían todos los moonswatch que se fuera a tener. Todavía apenas hay stock y Swatch no ha sido capaz de ofrecerlos en su web, a pesar de tener sus fábricas produciendo 24h. Esto ha impulsado las ventas de Swatch que se encontraba en decadencia y no era relevante para el consumidor joven. Sólo en suiza sus ventas han subido un 41%, excluyendo el nuevo modelo Moonswatch. Los centros comerciales de lujo ahora quieren tener tiendas de Swatch, a pesar de que el rango de precios de Swatch ni se acerca.

Por parte de Swatch también se ha anunciado una colaboración con otra marca de lujo que no es del grupo Swatch. Los rumores y especulaciones se preguntan si será Rolex o alguna otra del trío de la alta relojería (Patek-Philippe, Audemars Piguet o Vacheron Constantin), veremos en el futuro.

Pregunta a los lectores ¿estamos ante un movimiento magistral que revitalizará la relojería suiza durante una o dos décadas o esto es el canto del cisne de vendedores de pulseras caras?

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Endeudarse para comprar un coche nuevo no suele ser la mejor decisión

Comprar un coche tiende a ser una de las decisiones financieras que implican una mayor movilización de recursos, por lo que equivocarse en su planteamiento puede llevarnos a elevadas pérdidas. De hecho, es el segundo gasto más grande después de la vivienda.

Un automóvil es un bien de consumo duradero que en el momento de salir del concesionario pierde alrededor 10% de su valor inicial. Además, los automóviles nuevos continúan perdiendo alrededor del 10% al 15% de su valor por cada año a partir de entonces -los coches de ala gama mantiene tasas de depreciación más bajas en la curva- lo que hace que el coste de depreciación sea el principal contribuyente al coste total de propiedad del automóvil.

Si un bien de consumo duradero que en el transcurso del primer año lo financiamos con crédito al consumo, que es el más caro de los existentes, pues podemos encontrarlo al 6-8%, estamos financiando pérdidas a un alto coste. Sobre el monto inicial se nos han evaporado más de un 25% de los recursos en el primer año. Por supuesto, no incluimos, impuesto de circulación, seguros o mantenimiento.

Si nos ceñimos exclusivamente a la depreciación del vehículo, después de esa fuerte caída del primer año, ese coche nuevo se depreciará entre un 15% y un 25% cada año hasta que alcance la marca de los cinco años. Entonces, después de cinco años, ese auto nuevo perderá alrededor del 60% de su valor.

Por lo que la depreciación de un coche de 25.000 euros (compra de vehículo promedio español) quedaría de la siguiente manera:

  • Salir del concesionario: 22.500 euros.
  • Primer año: 20.000 euros.
  • Segundo año: 17.000 euros.
  • Tercer año: 14.450 euros.
  • Cuarto año: 12.325 euros.
  • Quinto año: 10.425 euros.

En los cinco años nos queda el 46,33% del valor del vehículo, por lo que hemos consumido más de la mitad fruto de la depreciación, un 54%.

En el quinto año, se tiende a finalizar el préstamo incurrido para la compra de un vehículo nuevo. Supongamos que hemos dado una entrada del 25% de la compra (6.250 euros) y hemos financiado a un TAE del 7,2% los 18.750 euros restantes. Los resultados tras los 60 meses son un importe total de 22.276,35 euros y los intereses totales abonados por la operación son 3.526,35 euros.

Esto supone que en ese periodo de cinco años, se han consumido 12.075 euros por la depreciación y 3.526,35 euros de la financiación (con una entrada del 25%), es decir, 15.601,35 euros, lo que supone un 62% menos sobre los 25.000 euros que teníamos cinco años atrás.

Como vemos, el primer año es el más delicado en términos de depreciación, por lo que una de esas alternativas sería tratar de comprar un vehículo tras un año de su matriculación y, de ese modo, esquivamos una depreciación del 20% (5.000 euros en el ejemplo). A partir de ahí, puede tener sentido endeudarse, sí y solo sí, la primera finalidad de ese apalancamiento es la inversión para la generación de rentas que finalmente paguen las cuotas del vehículo adquirido.

Con todo ello, conseguimos que a lo largo de los años paguemos la deuda vinculada a una inversión y no a un gasto, el monto invertido no quede depreciado por la adquisición del vehículo y consigamos un vehículo en notables condiciones que periódicamente iremos renovando.

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La senda del halcón

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La reunión de la Reserva Federal de esta semana era —de nuevo— particularmente esperada no solo por su destacado anuncio sobre los tipos de interés, sino porque también se presentaban proyecciones económicas de largo plazo, incluida la ruta esperada de los tipos de interés hasta 2025. Una senda para los halcones. No es que la Fed pueda asegurar que los tipos no bajarán en los próximos tres años, pero la imagen que debía proyectar era dura, sugiriendo que el precio del dinero estará ahí, en cotas más altas de las acostumbradas estos últimos años, durante bastante tiempo. Una foto contundente para enfriar la economía hoy y, de una vez por todas, ir aminorando la inflación. Al menos, la parte de subida de precios que está en su mano. Es el tiempo de los halcones. Como esa ave rapaz, no son las más rápidas en vuelo horizontal, pero, cuando cazan en picado llegan hasta 300 km/h. Mantienen el pulso y, cuando llega su momento, pisan el acelerador, como sucede ahora con las elevaciones de tipos de interés.

La subida de tres cuartos de punto, aun siendo de magnitud considerable, era lo esperado. El rumbo alcista ha quedado claro, con la proyección de que el tipo oficial llegará hasta el 4,6% en 2023 en Estados Unidos. Subir en esta ocasión un punto porcentual estaba sobre la mesa, pero la Fed tampoco quiere parecer desesperada. Cada apretón del 0,75% es una subida de costes financieros considerables. Está por ver hasta qué punto es un cubito de hielo para el termómetro de los precios. Todos los cambios significativos de tipos de interés tienen ganadores y perdedores, certidumbres y riesgos. No podemos olvidar que muchas empresas en todo el mundo (en Estados Unidos hasta el 30%) presentan vulnerabilidad financiera en distinto grado y, para muchas, una subida de tipos de interés es una presión para su deuda, un apretón en el cuello de su viabilidad. Otra implicación de esta senda más alcista en EEUU es la apreciación del dólar, que alimenta la inflación vía importaciones en Europa.

Hay algo que resulta curioso en estos anuncios duros de política monetaria. Por un lado, la Fed (también el BCE y otros) asegura estar siguiendo un enfoque mucho más contingente que en los últimos años. Esto supone que se actúa según las circunstancias y datos de cada momento porque no sabemos a ciencia cierta aún si el pico de inflación se ha alcanzado y, sobre todo, cuánto tiempo cuesta bajar a cotas respirables el crecimiento de los precios. Por otro lado, proyectan a largo plazo (siendo también bastante incierto) con un mensaje también de dureza. Sin embargo, si finalmente los críticos con estas políticas aciertan y se produce una pasada de frenada (una recesión dolorosa y duradera), tendrán no solo que frenar las subidas de tipos sino, incluso, dar marcha atrás. La gran pregunta es dónde estará la inflación llegado el momento. Y ese instante se antoja el primer semestre de 2023. Existen no pocos riesgos, pero el aumento de los precios es el más claro y evidente y cruzarse de brazos no es una opción.

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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Así aumentan las hipotecas variables si sigue subiendo el Euribor

Hace unos meses anunciábamos que si tenías hipoteca a tipo variable había que empezar a hacer simulaciones, pues los tipos iban a subir y rápido. En ese momento el BCE todavía mantenía los tipos al 0%, pero ya había anunciado que los subiría 25 puntos básicos en julio y seguramente otra vez más en septiembre.

Pues bien, no íbamos mal encaminados: finalmente los subieron en 50 puntos básicos y luego en 75 puntos básicos en la subida más alta de la historia del BCE. Los tipos están ya en el 1,25% y todavía somos los que tenemos los tipos más bajos de occidente. Las hipotecas a tipo variable van a subir y mucho.

¿Hasta dónde llegarán los tipos?

Lo primero que podemos hacer para ver hasta dónde llegarán los tipos es mirar a nuestro entorno. La Fed de EEUU los tiene en el 3% (ayer mismo subieron los tipos 75 puntos básicos). El Reino Unido en el 1,75%. Suecia en el 1,75% (después de una subida esta semana de 100 puntos básicos). Australia en el 2,35%. Y todavía siguen subiendo. En definitiva, la zona Euro va por detrás y le queda por subir.

El Euribor a 12 meses, que realmente es el indicador al que van referenciadas las hipotecas y que recoge las expectativas del mercado, ya va por el 2,3% en su tasa diaria. La media mensual de agosto (último dato publicado y la referencia real de las hipotecas) está en el 1,249% pero la media provisional de septiembre ya supera el 2%. En diciembre de 2021 estaba en el -0,5%.

Pero estos datos, que parecen espectaculares, no son nada comparados con lo que puede venir. La inflación ronda el 8% y en algunos países, como España, supera el 10%. Por tanto no sería raro que los tipos de interés lleguen al 4-5% y si la inflación persiste incluso más. Por ello no sería raro ver un Euribor en el entorno del 4-6%, como hace 15 años. En EEUU las hipotecas ya superan el 6%, como en 2008, así que no sería raro ver algo similar en Europa.

Así aumentarán las hipotecas

Veamos unos cuantos ejemplos de lo que podría significar el aumento de cuota hipotecaria estos incrementos del Euribor. Vamos a tomar como referencia una hipoteca a tipo variable de Euribor 1% (las hay mejores pero piden vinculaciones) y a 30 años de duración. Y distintos capitales. Y vamos a ver cómo habría quedado la cuota en diciembre del año pasado, como estaría hoy y como estará con el Euribor al 3, 4, 5 y 6%.

Hipoteca 100.000 euros

Hipoteca 200.000 euros

Hipoteca 300.000 euros

Euribor -0,5% (diciembre 2021)

299,19 euros

598,38 euros

897,57 euros

Euribor 2% (septiembre 2022)

421,60 euros

843,21 euros

1.264,81 euros

Euribor 3%

477,42 euros

954,83 euros

1.432,25 euros

Euribor 4%

536,82 euros

1.073,64 euros

1.610,46 euros

Euribor 5%

599,55 euros

1.199,10 euros

1.798,65 euros

Euribor 6%

665,30

1.330,60 euros

1.995,91 euros

Como podemos ver un Euribor al 6% (lo que implicaría una hipoteca al 7%) genera una cuota hipotecaria de más del doble de lo que se tendría en diciembre de 2021. En el caso de un capital pendiente de 300.000 euros estamos hablando de un incremento de más de 1.000 euros.

Hay algunos matices, claro. Lo primero es que estas subidas afectan principalmente a las hipotecas recientes, pues una hipoteca que tiene 10-15 años de vida ya tiene menos capital por amortizar y los incrementos de tipos afectan menos. También es cierto que existen hipotecas a tipo variable con clausulas techo, por lo que habría que mirar si hay algún límite del tipo de interés que nos pueden llegar a aplicar.

¿La solución?

Lo hemos presentado recientemente, la mejor solución es cambiarse ya a una hipoteca a tipo fijo. Aunque los bancos no la promocionan se pueden encontrar todavía, y aunque el mejor momento fue hace unos meses, desde luego ahora mejor que dentro de seis meses.

Eso sí, hay que negociar con tino las clausulas, pues es importante dejar la puerta abierta a renegociar de nuevo por si los tipos vuelven a bajar. Esto requiere tiempo y esfuerzo, pero es imprescindible si no queremos que la economía familiar quede completamente rota.

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Impuesto de patrimonio en España: así se calcula lo que realmente se paga con exenciones y por comunidad autónoma

El impuesto de patrimonio es un impuesto que, en lugar de gravar las rentas o el gasto, grava las posesiones de las personas. No hay muchos países que lo tengan establecido, pero España no está tampoco sola en este barco: Francia, Suiza, Noruega o Países Bajos tienen impuestos parecidos.

La tendencia, en general, es a que este tipo de impuestos desaparezcan, pues entre los años 2005 y 2009 fue eliminado en países como Suecia, Finlandia, Grecia, Luxemburgo y... España, aunque lo recuperó de nuevo en 2010. También es cierto que Francia estableció el suyo en 2019, aunque anteriormente tenía otro distinto.

¿A quien afecta el impuesto de patrimonio?

El impuesto de patrimonio afecta únicamente a las personas físicas, nunca a las jurídicas. Además es un impuesto individual, independientemente de que haya un matrimonio en régimen de bienes gananciales.

Hay dos tipos de personas a las que afecta el impuesto de patrimonio en España: a los residentes en España, afectando dicho impuesto a todos los bienes y derechos que posea esta persona, incluso los que estén situados en el extranjero; pero también afecta a los no residentes en España (incluso extranjeros) siempre que tengan bienes o derechos en España, aunque en esta ocasión el impuesto solo afecta a los bienes y derechos que estén dentro del territorio español.

Por supuesto exite una deducción doble imposición, para evitar que se tengan que pagar impuestos por lo mismo en varios países. Lo veremos más adelante.

Normativa estatal y normativa autonómica

Es importante saber que el impuesto de patrimonio es un impuesto regulado estatalmente pero cedido a las Comunidades Autónomas, y algunas de estas han cambiado la regulación (los tramos, los mínimos extentos, bonificaciones, etc.).

A los residentes se les aplica la normativa autonómica donde viven. Y a los no residentes hasta hace poco se les aplicaba la normativa estatal, pero desde la última reforma se le aplica la normativa autonómica de donde están situados la mayoría de los bienes.

¿Cómo se calcula?

Para explicar el cálculo vamos a usar como referencia la normativa estatal, teniendo en cuenta que hay variaciones dependiendo de la Comunidad Autónoma.

Ecala Patrimonio 2019

Escala del impuesto de patrimonio en 2020. Para 2021 se ha aumentado el último tramo hasta el 3,5%, afectará a las declaraciones hechas en 2022

Primero hay que sumar todos los bienes y derechos de la persona afectada, restando 300.000 euros en el caso de la vivienda habitual. Después se restarán las deudas para obtener el patrimonio neto. Una vez hecho esto se restará a este patrimonio el mínimo exento, que es de 700.000 euros. Y sobre esta base liquidable se efectuará el cálculo del impuesto a pagar, que va por tramos (desde el 0,2% hasta el 3,5%). Por último se aplican deducciones, reducciones y bonificaciones y sale la cuota íntegra a ingresar.

Pongamos un ejemplo. Un matrimonio en gananciales vive en una vivienda de 500.000 euros, tiene fondos de inversión por un valor de 1.500.000 millones de euros, y un coche en propiedad de 60.000 euros. El impuesto de patrimonio es individual, así que habrá que dividir todo entre dos. La vivienda (500.000 euros entre dos, 250.000 euros), al ser menos de 300.000 euros esta propiedad queda fuera, siendo el patrimonio neto de cada uno 780.000 euros. El mínimo exento es de 700.000 euros y por tanto cada persona del matrimonio tendrá que tributar por 80.000 euros, que está en el tramo más bajo, un 0,2%. Por tanto 160 euros cada uno.

Otro ejemplo sería un extranjero que tiene una vivienda de 1.000.000 euros en España, pero que no reside en nuestro país. Al no ser dicha vivienda su residencia no aplicaría el concepto de vivienda habitual y solo aplicaría el mínimo extento de 700.000 euros. Por tanto la base liquidable sería de 300.000 euros y el impuesto a pagar 732,89 euros (el 0,2% de los primeros 167.129,45 euros y el 0,3% del resto). Como hemos explicado a persona el impuesto de patrimonio español no aplicaría a los bienes y derechos que no están situados en España, pero si por algún motivo se trasladara su residencia a su vivienda de España entonces sí le afectaría a todo su patrimonio.

Normativas autonómicas

Lo cierto es que muchas Comunidades Autónomas han modificado la normativa estatal del impuesto de patrimonio. Por ejemplo, la escala que hemos visto anteriormente ha sido modificada por Andalucía, Asturias, Baleares, Cantabria, Cataluña, Extremadura, Galicia, Murcia y Valencia.

Además, el mínimo extento está modificado (y por tanto no son 700.000 euros) en Aragón, Cataluña, Extremadura y Valencia. Y también en algunas Comunidades Autónomas hay mayor número de bienes exentos (como por ejemplo bienes forestales en el caso de Cataluña).

También existen bonificaciones al impuesto, que aplican algunas Comunidades en el caso de discapacidad. Pero la más famosa bonificación es la de Madrid, que bonifica sin condiciones el 100% de la cuota resultante. Por tanto en Madrid no se paga impuesto de patrimonio.

Valoración del patrimonio

Uno de los problemas del impuesto de patrimonio es la valoración de los bienes. Es relativamente fácil saber cuánto dinero se tiene en una cuenta bancaria o acciones que cotizan en bolsa, pero otros bienes y derechos no son tan fáciles. Por ejemplo, las viviendas.

La valoración de la vivienda para el impuesto de patrimonio es siempre el máximo entre el valor catastral, el valor de compra de la vivienda y el valor comprobado por la Administración a efectos de otros tributos.

En el caso de las cuentas y depósitos se toma el máximo entre el valor a 31 de diciembre y el saldo medio del último trimestre.

Para acciones, pagarés y bonos, si cotizan en algún mercado de valores se usará el valor de mercado (valor medio del último trimestre del año). Y si no cotizan se tienen en cuenta al valor nominal.

Es importante saber que los planes de pensiones están exentos de tributación en el impuesto de patrimonio.

Límite conjunto por IRPF e impuestos en el extranjero

Aparte de las deducciones, bonificaciones y reducciones autonómicas existen dos de ámbito estatal que son importantes de contemplar.

La primera es la reducción por límite conjunto del IRPF. Esta reducción permite que aunque se tenga un gran patrimonio si dicha persona no tiene ingresos abultados, reducirá de forma importante el montante a pagar. La idea es que la suma del IRPF y el impuesto de patrimonio no supere el 60% de los ingresos que haya tenido dicha persona durante el año. Esta reducción, por cierto, solo aplica a las personas que pagan impuesto de patrimonio siendo residentes (lógico, ya que los no residentes no pagan IRPF).

Para el cálculo primero hay que sumar las cuotas íntegras del IRPF y del impuesto de patrimonio. Si esta suma supera el 60% de las bases imponibles general y del ahorro del IRPF, entonces el impuesto de patrimonio queda reducido para que no se supere este límite. Eso sí, la máxima reducción de la cuota es del 80%, si se supera la reducción entonces el impuesto de patrimonio sí que podrá superar este 60%.

El cálculo tiene algunos matices, como que no se tiene en cuenta en la base imponible del ahorro las ganancias y pérdidas patrimoniales generados en más de un año y que los bienes improductivos no se tienen en cuenta para la reducción del patrimonio.

Veamoslo con un ejemplo. Una persona en el IRPF tiene como suma de las bases imponibles general y del ahorro de 51.000 euros (lo que ha ganado a efectos del IRPF). Además su cuota íntegra general y del ahorro es de 12.597 euros (lo que paga de impuestos en el IRPF). En el caso del impuesto del patrimonio tiene una base imponible de ocho millones de euros y una cuota íntegra de 108.843,30 euros. En este caso el límite de la cuota íntegra del impuesto de patrimonio es el 60% de la base del IRPF, es decir, 30.600 euros (51.000 x 0,6). Y por tanto la reducción teórica es de 90.840,30 euros (108.843,30 12.597 - 30.600). Sin embargo como la máxima reducción de la cuota íntegra del impuesto de patrimonio por este concepto es del 80% de la cuota íntegra entonces esta reducción es de 87.074,64 euros y la cuota a ingresar del impuesto del patrimonio sería de 21.768,66 euros (108.843,30 euros - 87.074,64 euros).

Por otro lado lado si el declarante tiene bienes en el extranjero y en dicho país ha pagado un impuesto equivalente al de patrimonio por dichos bienes, este valor se puede deducir en la declaración (como máximo la parte de la cuota generada por dichos bienes).

¿Quién tiene que presentar la declaración de impuesto de patrimonio?

Queda una última cuestión, y es sobre la presentación de la declaración. Por un lado están obligados a presentar la declaración de impuesto de patrimonio aquellos cuya cuota le salga a ingresar. Es decir, aquellos que tengan un patrimonio superior al mínimo exento (teniendo en cuenta también que la vivienda habitual por debajo de 300.000 euros no se tiene en cuenta). Hay que recordar también que estamos hablando de patrimonio neto, es decir, si hay deudas se restan del patrimonio bruto.

Por otro lado también están obligados a presentar la declaración del impuesto de patrimonio aquellos cuyo patrimonio bruto (es decir, sin tener en cuenta las deudas) supera los dos millones de euros.

Pongamos un ejemplo. Una persona tiene todo su patrimonio acumulado en su vivienda de 2.100.000 euros, pero tiene una hipoteca por la misma de 1.200.000 de euros. Su patrimonio neto es 900.000 euros, y como es su vivienda habitual la vivienda figuraría en el impuesto de patrimonio como de 600.000 euros, por debajo del mínimo exento y no tendría que pagar nada de impuesto de patrimonio. Sin embargo como su patrimonio bruto está por encima de los 2 millones de euros está obligado a presentar la declaración.

Impuesto de patrimonio en las Comunidades forales

Como hemos detallado, el impuesto de patrimonio es un impuesto estatal cedido a las Comunidades Autónomas. Por tanto éstas pueden modificar los tramos, bonificaciones, reducciones, deducciones e incluso bienes exentos. Muchas lo han hecho, con mayor o menor profundidad.

Sin embargo en las Comunidades Forales, País Vasco y Navarra, el impuesto no aplica para sus residentes, ya que son las Haciendas locales las encargadas de establecer dicho impuesto.

A pesar de esta capacidad de regular su propio impuesto de patrimonio, ambas Comunidades han establecido una normativa muy similar a la estatal. Si miramos la de Navarra se verá que el principal matiz (aparte de que los mínimos exentos y la tabla de gravamen varía, pero como en otras muchas Comunidades) es que existe la obligación a declarar si el patrimonio bruto supera el millón de euros (y no los dos millones como en el resto del España).

En el caso del País Vasco, como la recaudación de impuestos es competencia de las diputaciones, cada provincia tiene su normativa (aunque son muy similares entre sí y también muy similar a la norma estatal). En Álava y Vizcaya el mínimo exento es de 800.000 euros, y en cambio en Gipuzcoa la vivienda habitual está exenta hasta 400.000 euros y la obligación a declarar solo es si el patrimonio bruto supera los tres millones de euros.

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Giro en la estrategia energética

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El sorprendente vuelco narrativo de la Comisión Europea, unido a las informaciones disponibles acerca del consumo energético y de las reservas de gas, apuntan en la buena dirección. Sin embargo, nada de ello parece suficiente para doblegar la tendencia recesiva que se cierne sobre la economía europea. 

La Presidenta von der Leyen se libera de un dogma anunciando topes en la remuneración de la generación de electricidad, de modo que la factura de la luz no amplifique el vaivén de la cotización del gas, algo que está acrecentando el riesgo de recesión y de pobreza energética. No será fácil sellar un acuerdo entre los Estados miembros, por los diferentes postulados de partida. Además, mucho depende del nivel del tope y de su funcionamiento. Pero la propuesta de la Comisión tiene una lógica económica difícil de rebatir. Es un hecho que la excepción ibérica, utilizando una fórmula similar a la de Bruselas, está aportando un respiro en relación a los países vecinos. 

También ha sido bien recibida la propuesta de compensación solidaria por los beneficios extraordinarios de las empresas petroleras y gasísticas. El shock de precios equivale a un impuesto que recae sobre el conjunto de la economía, y cuya carga tiene que ser repartida, con especial atención a los hogares vulnerables y a los sectores en dificultad: de no proceder a ese reparto, se intensificará el malestar social, así como el riesgo de espiral inflacionaria y de cierre de empresas. 

Entre tanto, los países intentan reducir la dependencia del suministro ruso y moderar la demanda. Las reservas europeas se encuentran ya por encima del objetivo del 80% marcado para el otoño, el doble que antes de la invasión de Ucrania. Por otra parte, ante el recorte del suministro ruso que transita por gasoducto, las importaciones de gas licuado se han disparado, evidenciado la diversificación de la oferta. Los consumidores, por su parte, han empezado a ahorrar energía. En España, ante la presión de las tarifas, el consumo eléctrico ha descendido un 2,3% durante el verano y el de gasolina lo ha hecho un 1%, a la vez que la demanda de gas se ha desacelerado. Una tendencia similar es constatable en el resto de la UE. 


Sin embargo, estos esfuerzos no parecen suficientes para evitar una recesión en los países más dependientes de Rusia, ni prevenir una fuerte desaceleración en otros menos vulnerables como España. Según la Agencia Internacional de la Energía, en caso de cese total de los envíos procedentes del gigante euroasiático, las reservas de gas solo permitirían cubrir las necesidades hasta enero, obligando a adoptar medidas drásticas de ahorro energético y a un parón de la actividad industrial. La administración Biden había prometido acelerar sus envíos de hidrocarburos a Europa, para así paliar el déficit ruso, pero los productores americanos han enfriado esas expectativas alegando dificultades técnicas para acelerar el bombeo. Otros países celebran la vuelta al carbón, pero esto apenas aliviaría la escasez global –además de agravar la huella de carbono.         

Conviene, por tanto, complementar las acciones ya anunciadas con incentivos a la eficiencia energética. Algunas propuestas han empezado a aparecer en el debate, como en Francia con la introducción de progresividad en los precios en función del volumen de consumo y de las emisiones de carbono. Es también crucial que la reforma del mecanismo de formación de precios no desincentive la inversión en energías renovables y que la mejora de las interconexiones entre países no sufra más retrasos. 

En suma, las medidas propuestas por Bruselas son un primer paso para aliviar el impacto de la crisis energética a corto plazo, pero requieren de más profundización para lograr la autonomía estratégica que se pretende. A nosotros nos incumbe la tarea de compatibilizarlas con las reformas ya emprendidas. Y encontrar consensos para cerrar la brecha de inflación con el resto de Europa.  

IPC | El mantenimiento de la inflación por encima del 10% en términos interanuales refleja dos tendencias contrarias: una moderación de los precios energéticos y de los alimentos frescos, contrarrestada por la aceleración del resto de precios, o IPC subyacente. Sin embargo, la inflación podría retroceder levemente en los próximos meses, como consecuencia de los fuertes incrementos registrados en el mismo periodo del pasado ejercicio (efecto escalón). Se espera una tasa de inflación en diciembre del 8,6% bajo la hipótesis de moderación de los precios energéticos, y del 9,5% en caso de presión incrementada. 

Este artículo se publicó originalmente en el diario El País.

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Que no te engañen: no te vas a hacer rico ahorrando

Hay gente que se pasa media vida recortando gastos minúsculos con el objetivo de ahorrar un poco de dinero extra todos los meses.

Son personas con un perfil de ahorrador lonchafinista llevado al extremo:

  • Evitan tomarse un par de cafés a la semana en el bar y tienen sentimiento de culpa si se gastan 15 euros en unas cervezas con los amigos.
  • A pesar de que trabajan duro, se van de vacaciones muy pocos días al año y siempre escogen el hotel más barato que encuentran en Booking.
  • Algunos se obsesionan con no superar los 110 kms/h cuando conducen el coche en autovía y tienen una app que les dice en qué gasolinera repostar para ahorrar 0,01 céntimos por litro de combustible.
  • Otros van al supermercado y se pasan la mitad del tiempo buscando ofertas, promociones 3x2 y champús con un 20% de tamaño extra.

No tengo absolutamente nada en contra de estas personas. Cada uno hace con su vida lo que quiere, faltaría más. Yo mismo era así de radical hace unos pocos años.

Sin embargo, en mi muy sesgada opinión de hoy, debo decir que se equivocan; y no precisamente poco.

Si su plan para amasar una gran suma de dinero y alcanzar el fck you money* es este, les deseo suerte.

Lo más seguro es que no lo consigan jamás.

Las promesas de un hombre enamorado

Déjame que te cuente una breve historia muy personal.

Mi hija mayor, que aún es muy pero que muy pequeña, nació por cesárea.

Después de un par de noches de terribles contracciones, los médicos decidieron abrir a la Sra Nudista con un cúter esterilizado y sacar de su interior a nuestra pequeña.

Por aquella época yo tenía la misma experiencia con los bebés que con los fondos indexados: ninguna.

Sin embargo, con mi mujer aún sedada, la enfermera del turno de mañana decidió que yo era la persona idónea con la que mi hija debía pasar las primeras horas de su vida.

Así que allí estaba yo, sin ducharme, sin comer, sin dormir, despeinado, completamente aterrorizado y con una preciosa princesita entre mis brazos.

En ese momento de sobreexcitación y con las emociones a flor de piel miré a mi hija a los ojos y tomé dos decisiones que a la larga terminaron siendo determinantes en mi vida.

La primera fue dejar de fumar.

La segunda fue intentar ser rico.

El plan fake hacia la riqueza

No te voy a engañar, en aquellos años mi economía familiar no estaba como para tirar cohetes.

Trabajaba por cuenta ajena cobrando poco y mis ingresos online eran muy reducidos. Mis ahorros en el banco tampoco eran excesivos.

En resumidas cuentas, mi situación financiera y personal era muy parecida a la de la mayoría de la gente:

  • No controlaba mis gastos.
  • Sabía más bien poco sobre inversiones.
  • No me fiaba de los bancos.
  • No me gustaba trabajar para otros.
  • No pasaba suficiente tiempo con mi familia.
  • No tenía tiempo para aprender.

Como no soy imbécil, desde el primer momento entendí que hacerme rico con esta base no iba a ser fácil.

Se habían repartido las cartas y las mías no eran las mejores para ganar la partida.

Pero como quejarme no era una opción, me puse las pilas y empecé a ahorrar a lo loco:

  • Empecé a controlar exhaustivamente mis gastos diarios (sigo haciéndolo ahora).
  • También a hacer presupuestos.
  • Eliminé todos mis gastos hormiga.
  • Me di de baja del gimnasio.
  • Cancelé todas mis suscripciones.
  • Reduje la potencia contratada con mi compañía eléctrica.
  • Compraba ropa de baja calidad en rebajas.
  • No me gastaba un duro en restaurantes.
  • Cambiaba la tarifa del móvil si me podía ahorrar 1€ al mes.
  • etc, etc, etc.

A corto plazo, esta frugalidad tan radical tuvo un fuerte impacto en mis finanzas personales, ya que dupliqué mi tasa de ahorro en poco tiempo.

Sin embargo, como plan para hacerme rico, pues no te voy a engañar, era una m*erda de plan.

Llegó un momento en el que para pasar de ahorrar 350 euros al mes a ahorrar 400€, tenía que hacer un esfuerzo tan grande que la calidad de vida de mi familia se veía resentida.

Y yo no quería hacerme rico así.

Además, cada día que pasaba tenía más claro que no lo iba a conseguir. Era sencillamente imposible.

Sin embargo, leía artículos en internet y veía que mucha gente defendía la idea de que se podía alcanzar la independencia financiera con un sueldo “normal”.

Sólo había que hacer un gran esfuerzo para ahorrar y seguir lo que algunos años después bauticé como las expectativas FIRE de los que viven en el mundo de la piruleta.

Vamos a analizarlo.

Las expectativas FIRE de los que viven en el mundo de la piruleta

Si llevas poco tiempo en este mundillo friqui de la inversión seguro que habrás leído cosas de este estilo:

“Si inviertes en bolsa el euro que te cuesta el café en el bar, dentro de 20 años tendrás el dinero necesario para comprarte un coche”.

-Oh.

“Si ahorras 300€ al mes y los inviertes en un fondo indexado al S&P 500, con una rentabilidad del 8% anual, dentro de 30 años tendrás casi medio millón de euros y habrás alcanzado la independencia financiera”.

-Oh.

“Podrás despedir a tu jefe y viajar por el mundo”.

-Oooh.

Hay que reconocer que estos mensajes calan muy hondo. La idea de hacerte rico “poco a poco” con un sueldo discreto es bastante atractiva. Es difícil resistirse a intentarlo.

El problema es que esperar un 8% de rentabilidad anual durante 30 años seguidos me parece ser demasiado optimista.
Por otra parte, 30 años son muchos años.

Además, el medio millón de euros (que en realidad es menos, pero “casi medio millón” suena mejor) es bruto.

Y no nos olvidemos de la inflación. Si los precios suben entre un 1 y un 2% anual durante 30 años seguidos, el medio millón se te va a quedar muy corto.

Pero bueno, quién soy yo para romperle los sueños a nadie.

Volvamos a la historia inicial.

Nuevo plan: f*ck you money

A lo largo de esta travesía de ahorro extremo y máxima frugalidad hubo un momento, no sabría decirte cuál, en el que me di cuenta de que ya no podía ahorrar más.

O, al menos, no podía ahorrar más si quería comer tres veces al día y encender el aire acondicionado cuando hiciera calor.

Esas pijadas del hombre blanco, ya sabes.

Con mi sistema fake para alcanzar la libertad financiera, el ahorro no era escalable. Había llegado al máximo. Y ya no sabía qué hacer para ahorrar más. Pero yo quería ahorrar más. Mucho más. Infinitamente más.

Por tanto, sólo había una solución posible: ganar más dinero.

Te lo voy a explicar de la forma más sencilla posible:

Imagina que ahorras 300 euros al mes.

Si para ahorrar un poco más, por ejemplo, 400€, tienes que hacer un gran esfuerzo, posiblemente el ahorro extra no te merezca la pena porque el sacrificio es excesivo y el beneficio es insignificante.

Sin embargo, si buscas una fórmula que te permita generar un ingreso extra de 300 euros al mes, tu capacidad de ahorro automáticamente se duplicaría. Pasarías de ahorrar 300€ a ahorrar 600€ sin reducir tu calidad de vida.

Es más, podrías darte un capricho y aumentar tus gastos en 100€ al mes. Si lo haces, tu ahorro sería de 500€, que sigue siendo más que los 300€ que ahorrabas antes de conseguir el ingreso extra.

Bien.

Soy consciente de que el ejemplo es tan simple que tú, como lector, podrías llegar a pensar que estoy faltándole el respeto a tu inteligencia.

Pero es que por muchas vueltas que queramos darle al tema del ahorro, es así de sencillo. No intentemos complicar las cosas, que no hace falta.

El secreto está en ganar más dinero.

Ganar.
Más.
Dinero.

Cuando esta idea se asentó en mi cabeza, lo vi clarísimo: el primer paso para hacerme rico era ganar, como mínimo, 1.000 o 2.000 euros más al mes.

Así que me dije:

- “Espabila, Nudista. Una niña preciosa de ojos azules te mira”.

Tenía que diseñar un sistema que me permitiera cumplir mis sueños de padre primerizo:

  1. Tener más dinero y el control sobre mis finanzas.
  2. Tener más tiempo libre.
  3. Trabajar para mí y no para otros.
  4. Ganarme el reconocimiento de mi entorno.
  5. Pasar más tiempo y de mejor calidad con mi familia.
  6. Ser un padre del que mi hija se pudiese sentir orgulloso.

En ese momento, la frugalidad extrema y el ahorro radical pasaron a un segundo plano.

Ojo, esto no significa que de repente me despreocupase de mis gastos y que descuidase mi economía doméstica. No.

Seguí manteniendo un estilo de vida sencillo (sigo haciéndolo ahora) y viviendo muy por debajo de mis posibilidades, pero con una mentalidad completamente diferente.

Decidí dejar de hacer el pardillo reduciendo gastos absurdos y puse el foco en ganar más dinero.

Tenía que ganar más pasta para poder afrontar la vida desde una posición de fck you money*.

¿Y sabes qué?

Con paciencia, estrategia, trabajo duro y un poco de suerte he logrado aumentar mucho mis ingresos en los últimos años.

La semana pasada, sin ir más lejos, superé el medio de millón de facturación con mi negocio online.

¡¡Medio kilo!!
Me pinchan y no sangro.

Y bueno, que me pongo pesado y el único sitio en el que se me permite ponerme pesado es en mi newsletter semanal.
La próxima vez que me pase por aquí te contaré cuáles son los pasos de mi plan para alcanzar el f*ck you money.

Quizás puedas implementarlos en tu vida. O quizás no. Pero será divertido.

En cualquier caso, hablamos pronto.

Un fuerte abrazo,

Nudista Investor.

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Siete señales para saber si has caído en las garras de la productividad tóxica

De un tiempo a esta parte lo de ser productivo se ha puesto muy de moda. Los emprendedores afincados en Silicon Valley y sus historias de éxito, en las que predominan horas y horas de creatividad, reuniones, brainstorming y demás, nos han colocado en la mente la idea de que cada minuto, cada segundo, cuenta.

Si te paras corres peligro de perder el tren al éxito empresarial o profesional. Siempre tienes que estar ideando un nuevo negocio, poniéndolo en marcha, haciendo networking, mirando las ofertas laborales de tu sector, estudiando a tu competencia...

Muchas cosas, quizá demasiadas, para simples mortales, los cuales estamos programados para trabajar, pero también para descansar. Y, sobre todo, desconectar. Descansar la mente es fundamental en la era de la conectividad permanente, de ahí que las nuevas corrientes que apuestan por un estilo de vida slow o pausado hayan creado un nuevo concepto: el de la productividad tóxica.

Ser productivo hasta el extremo se ha convertido en un comportamiento tóxico que solo genera estrés, ansiedad y personas que acaban quemadas de sus trabajos. El problema que cuesta detectar los hábitos o comportamientos que derivan en una productividad tóxica. Por ello, vamos a ayudarte a detectarlos para que puedas corregirlos antes de que sea tarde.

Analiza si te pasa esto y actúa

Vamos a ver siete puntos que son típicos en las personas con productividad tóxica.

1. Nunca desconectan: si no te despegas del móvil o el portátil ni por la noche cuando llegas a casa, es posible que tengas este problema. Las personas que llevan la productividad al extremo no desconectan ni en vacaciones, pues temen que, si bajan la guardia, las cosas salgan mal.

2. No se permiten días de descanso: de hecho, los adictos al trabajo presumen de no tener ni un día libre a la semana, algo que acaba pasando factura, pues tanto la mente como el cuerpo necesitan descansar y desintoxicarse para funcionar plenamente. Si no te tomas ni un día a la semana para descansar o hacer planes de ocio, puedes acabar incluso aborreciendo lo que haces.

3. Duermen mal y pocas horas: los workaholic tienen muchos problemas para conciliar el sueño. Al obligarse a permanecer siempre conectados duermen pocas horas y siempre con el móvil encendido y cerca para consultar o atender cualquier cosa en todo momento. La falta de descanso desemboca en ansiedad y estrés, por lo que no es una buena idea para quienes quieren ser productivos.

4. Comen a deshoras, de cualquier manera y cualquier cosa: tampoco se permiten el gusto de tomarse su tiempo para comer bien buenos alimentos. La mala alimentación, e incluso la carencia de ella, es otra seña de identidad de los que están enganchados al trabajo. Se saltan comidas y no respetan unos horarios lógicos para comer, algo que también pasa factura a la salud. Hay que comer de forma consciente, alimentarse con buenos productos y no tirar de ultraprocesados por la falta de tiempo.

5. Descuidan sus relaciones personales: los workaholic descuidan a sus familiares, amigos, parejas... Apenas les ven y cuando lo hacen es con prisa y siempre hablando de trabajo. No se acuerdan de llamarles ni de interesarse por sus cosas, lo que hace que pierdan lazos importantes y decepcionen a sus seres queridos. Cierran tanto su círculo que corren el riesgo de quedarse solos.

6.Dicen que están casados con su trabajo: para ellos es su mayor pasión, por ello justifican las horas que emplean en ser productivos, aduciendo que ya descansarán más adelante, pero nunca lo hacen. Se acaban encerrando en un círculo vicioso del que no saben salir. Confunden la pasión con obsesión.

7. Se obsesionan con la competencia: analizan al extremo a la competencia y siempre están alerta por si hacen algo mejor o se adelantan en algún proyecto o lanzamiento. Esto hace que incluso descuiden su propio proyecto, pues están más preocupados del vecino que de lo suyo.

Seguramente la mayoría de nosotros tiene alguno de estos rasgos, ya que nos han educado en la mentalidad de que hay que sacrificarse en el trabajo para triunfar. Presumimos de las horas que echamos cuando realmente eso nos está quitando tiempo de calidad en nuestra vida y poder dar lo mejor de nosotros en el plano profesional. Por lo que si te reconoces en estos comportamientos, para y resetea. Porque las consecuencias de seguir así pueden ser muy malas.

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