el-bajon-de-las-cripto

El bajón de las cripto

Comparte esta entrada



Desde hace unas semanas, el mercado de criptoactivos ha atravesado una fase de notable corrección de su valor que ha afectado tanto a los activos de referencia –Bitcoin y Ethereum– como a plataformas emergentes de alto rendimiento como Solana. De hecho ha borrado de un plumazo la mayor parte de las sustanciosas ganancias que llevaban en lo que iba de año. Aquí vendría muy bien el socorrido “ya te lo advertí” que se emplea cuando una situación tiene muchos riesgos o supone un peligro. Sin embargo, la popularización de estas inversiones –de elevado riesgo, sin duda– requiere una reflexión más fría. Son activos que despiertan mucho interés inversor y financiero, se diga lo que se diga y a pesar los peligros que encierra no entender cómo funciona su fijación de precios. Asimismo, este episodio ha reactivado el debate académico sobre la sensibilidad de los criptoactivos a factores macroeconómicos y a las características de la estructura de su mercado que amplifican movimientos de precios.

Bitcoin continúa ejerciendo su papel como indicador sistémico del mercado. La caída desde niveles cercanos a 125.000 dólares a inicios de octubre hasta valores notablemente inferiores (por debajo de 100.000) responde a una combinación de shocks externos y factores internos del propio mercado. En el plano macroeconómico, la incertidumbre generada por la falta de visibilidad de algunos indicadores –como la inflación– en las últimas semanas, por el cierre del gobierno estadounidense, y que son determinantes sobre la estrategia de tipos de la Reserva Federal, disminuyó el apetito por activos de elevada volatilidad en ese periodo. Por otro lado, en términos del funcionamiento microestructural de ese mercado, la elevada presencia de posiciones apalancadas derivó en liquidaciones automáticas cuando el precio atravesó determinados umbrales. Fue un amplificador de la volatilidad y contribuyó a generar caídas abruptas en cortos periodos, fenómeno frecuente en mercados con infraestructura descentralizada y liquidez fragmentada. En todo caso, no se aprecia, por el momento, un deterioro fundamental en las redes subyacentes del mercado, lo que respalda la hipótesis de una corrección técnica más que de un cambio duradero de largo plazo. 

Más que al inicio claro de un mercado bajista, la evidencia apunta a una corrección causada por la combinación de tres fuerzas: un shock macroeconómico que reduce el apetito por activos de riesgo, un exceso de apalancamiento acumulado durante meses de euforia y una toma de beneficios natural tras máximos históricos. Si los factores macro se estabilizan y vuelve la liquidez, la caída podría convertirse en una oportunidad para reposicionar carteras. Pero si las tensiones geopolíticas y monetarias se profundizan, la corrección podría alargarse. Sin duda, un recordatorio de que es un mercado de alto riesgo pero que cuenta con el interés y apetito del inversor.

Este artículo se publicó originalmente en el diario La Vanguardia.

Comparte esta entrada



Leer más
la-carrera-entre-ia,-las-‘cripto’-y-geopolitica:-el-nuevo-tablero-global-tras-la-desregulacion-en-ee-uu.

La carrera entre IA, las ‘cripto’ y geopolítica: el nuevo tablero global tras la desregulación en EE. UU.

Comparte esta entrada



En el último lustro, el desarrollo tecnológico ha avanzado a una velocidad vertiginosa, impulsado por la inteligencia artificial y el ecosistema cripto. Estas tecnologías están redefiniendo el panorama económico y geopolítico global. Sin embargo, mientras Estados Unidos acelera su apuesta por la desregulación, sobre todo bajo el ala de las políticas de Donald Trump, Europa se encuentra ante una encrucijada: adaptarse o quedar relegada. Para una gran parte de analistas, la IA es el nuevo petróleo del siglo XXI. El tiempo confirmará o no una aseveración de este alcance, pero ya nada será igual en el contexto tecnológico y económico. 

Desde hace casi tres años, con la aparición de ChatGPT de OpenAI y todo el tsunami tecnológico que ha venido después, la IA ha dejado de ser una promesa futurista para convertirse en una infraestructura estratégica. Modelos de lenguaje como GPT-4 (y el próximo GPT-5) y su evolución hacia sistemas multimodales han empezado a integrarse en sectores tan variados como la salud, la educación, la defensa y las finanzas. La automatización de tareas cognitivas, la generación de contenido y la toma de decisiones basada en datos han transformado radicalmente la productividad y las capacidades de individuos, empresas e instituciones.

En este contexto, Estados Unidos ha logrado mantener su hegemonía, en parte gracias a su ecosistema de capital riesgo, sus universidades punteras y el papel de tecnológicas como OpenAI, Google o Perplexity. China, por su parte, avanza con fuerza con sus propias plataformas de IA, como la conocida DeepSeek, con costes mucho menores, aunque bajo un modelo mucho más intervencionista. La UE, en cambio, continúa mostrándose cautelosa y con mensajes confusos sobre su estrategia. Su enfoque regulador, ejemplificado por la Ley de IA de la Unión Europea, intenta equilibrar la innovación con la protección de los derechos fundamentales. Aunque sus intenciones sean loables, este marco puede ralentizar –y, de hecho, lo está haciendo– la adopción de IA frente a sus rivales que ya experimentan a gran escala sin tantas restricciones. 

Otro elemento tecnológico con gran potencia disruptiva, el mundo cripto, ha vivido varios ciclos de entusiasmo y cierto colapso, pero su potencial transformador sigue estando ahí. La tecnología blockchain permite la creación de sistemas descentralizados, transparentes e incorruptibles, con aplicaciones que van desde las finanzas hasta la gestión de la cadena de suministro. Lo que ha cambiado en el tablero global, son los recientes avances desregulatorios en Estados Unidos. A pesar de las numerosas advertencias en el pasado de la SEC (Securities and Exchange Commission), el Ejecutivo republicano ha promovido una visión más liberal en cuanto al desarrollo de productos financieros cripto, especialmente las stablecoins y plataformas DeFi (finanzas descentralizadas). 

La reciente norma, conocida como Genius Act, reordena prioridades legales y conlleva comprometidos riesgos entre regulación, mercado y potencialmente dinero público. Esta posición parece responder tanto a intereses económicos –atraer inversión, fomentar la innovación– como a una voluntad política de contrarrestar el poder de China en el terreno monetario digital. Se aspira a que Estados Unidos siga liderando la “nueva revolución industrial”. Sin embargo, es una visión muy optimista de los efectos de la desregulación del ecosistema cripto. Los críticos señalan que se puede generar una burbuja tecnológica aún más peligrosa que la del año 2000. Asimismo, sin reguladores activos, los consumidores quedan más expuestos, y los sistemas descentralizados pueden convertirse en herramientas para actores maliciosos. Y aumenta la inestabilidad financiera. Y lo que es más, la combinación entre IA y tecnologías cripto puede permitir que aplicaciones financieras de IA actúen de modo opaco, sin rendir cuentas, y con capacidad para alterar mercados o financiar actividades ilícitas. El desafío es de gran calado técnico, ético y político. ¿Quién controla a los operadores cuando estos son inteligencias artificiales sin rostro? 

Y en este contexto, ¿dónde queda Europa? El riesgo de quedar descolgado el Viejo Continente es evidente a pesar de contar con universidades prestigiosas, centros de excelencia en investigación como el CERN, y empresas innovadoras. Su excesivo enfoque regulador puede actuar como freno a la competitividad. Además, la falta de un mercado único digital verdaderamente cohesionado limita las posibilidades de escalar soluciones rápidamente, como sí ocurre en Estados Unidos o China. Las startups europeas se ven obligadas frecuentemente a migrar para poder crecer, llevándose con ellas talento e innovación. En todo caso, los excesos de EE. UU. pueden dar una oportunidad a Europa si se gestiona adecuadamente: ser el garante global de una tecnología ética, segura y sostenible, lo que podría atraer a empresas y usuarios que desconfían del desbarajuste regulatorio estadounidense o del control autoritario chino. Este modelo híbrido, sin ser ingenuo ni excesivamente burocrático, permitiría a Europa liderar desde el equilibrio. 

La combinación de IA y cripto promete reinventar la economía y la sociedad, pero también plantea enormes desafíos. Estados Unidos, con Trump a la cabeza, ha optado por la vía del riesgo y la innovación sin cortapisas. La UE, por el contrario, quiere marcar límites antes de avanzar. La pregunta clave es si esos límites son freno o guía. La respuesta determinará el lugar que ocupará cada bloque en la próxima década. Aún tiene una oportunidad de liderazgo en las reglas del juego global, pero para ello necesita algo más que regulaciones: audacia, inversión estratégica y una visión tecnológica alineada con sus valores, pero también con la velocidad del presente. Porque en el mundo de la IA y el cripto, quien se detiene, se hace irrelevante. 

Este artículo se publicó originalmente en el diario Cinco Días

Comparte esta entrada



Leer más
cripto-sin-riendas

Cripto sin riendas

Comparte esta entrada



Desde su primera aparición en 2010 los criptoactivos han evolucionado de ser casi una rareza, de importancia marginal en el ámbito de las inversiones, a un fenómeno global en la actualidad con implicaciones profundas para la economía, las finanzas y la soberanía monetaria. Continúa siendo un activo de elevado riesgo, con un mercado insuficientemente transparente a la vez que volátil, sin que gran parte de los inversores minoristas comprendan lo que se están jugando. Es en este escenario, en el que han proliferado estos activos digitales y las stablecoins (diseñadas para mantener un valor constante) la Administración Trump termina de impulsar una nueva ola de desregulación financiera que muy probablemente transformará el panorama cripto en EE. UU. y más allá. Y que podría afectar al futuro de la demanda y uso de divisas como el dólar, o sea, a la soberanía monetaria de los países, ya que la nueva norma otorga a aquéllas mayores posibilidades ser empleadas en transacciones comerciales, sobre todo, internacionales.

La reciente (des)regulación aprobada, denominada Genius Act, es un giro radical. Con promesas de transparencia y confianza, reordena prioridades legales y crea una peligrosa dependencia entre regulación, mercado y potencialmente dinero público. Con una capitalización por encima de los 200.000 millones de millones, las stablecoins se han convertido en el combustible de todo el ecosistema cripto. Ofrecen liquidez casi instantánea y paridad con el dólar. Sin embargo, detrás de su aparente estabilidad existe una compleja red de riesgos operativos y regulatorios. El elemento más controvertido, que no único, reside en que los tenedores de stablecoins pasarían a tener prioridad legal en caso de quiebra, por encima del resto de acreedores, alterando el orden tradicional de prelación. Algunos agentes de gran importancia en posibles procesos problemáticos como abogados o administradores concursales podrían no desear involucrarse en liquidaciones si no tienen garantías de cobro. Y, lo que es peor, si los activos del emisor no alcanzan para cubrir las obligaciones, la presión recaería en el Estado para indemnizar a los tenedores. O sea, se allana el camino a un posible rescate cripto con fondos públicos. El nuevo marco legal podría, entre otras disfuncionalidades, incentivar la confianza excesiva, desincentivar la debida diligencia de los usuarios y alimentar la idea de que las stablecoins son “seguras por ley”. 

Mientras, en Europa, la normativa MiCA (Reglamento sobre Mercados de Criptoactivos) contrasta enormemente con la Genius Act, ya que aquella es una regulación garantista y que busca proteger a los usuarios. Esas grandes divergencias pueden generar arbitraje regulatorio, donde las empresas migran hacia jurisdicciones más permisivas, debilitando los esfuerzos multilaterales por armonizar las reglas del juego. Y con un potencial aumento considerable de riesgos financieros globales.

Este artículo se publicó originalmente en el diario La Vanguardia.

Comparte esta entrada



Leer más
la-desregulacion-de-los-criptoactivos:-¿que-puede-salir-mal?

La desregulación de los criptoactivos: ¿qué puede salir mal?

Comparte esta entrada



Desde la reelección de Donald Trump en noviembre de 2024, el mercado de criptoactivos ha experimentado abundantes y marcadas fluctuaciones, en gran parte siguiendo la estela de las iniciativas de desregulación en Estados Unidos. También afectan cambios legislativos de otros países (por ejemplo, El Salvador). Como contrapeso aparece la Unión Europea, que mantiene normas mucho más estrictas. Estas disparidades entre jurisdicciones prometen un periodo de vértigo en un mercado con tan elevado riesgo y volatilidad. Todo ello ha influido en la evolución de las cotizaciones de criptoactivos, incluyendo a Bitcoin, y ha tenido implicaciones globales en los mercados financieros.

El contraste entre lo que está ocurriendo en Estados Unidos y Europa queda reflejado con las últimas decisiones en ambas demarcaciones. Hace unos días, la Administración Trump anunció la creación de una reserva estratégica de criptomonedas, incluyendo activos como Bitcoin, Ether, XRP, Solana y Cardano. Representa un cambio notable en la política gubernamental hacia una participación activa en la economía cripto, lo que podría acelerar la adopción institucional de los criptoactivos allí. Por su parte, la Unión Europea continúa con un enfoque más regulador y garantista con la puesta en práctica del Reglamento sobre Mercados de Criptoactivos (MiCA), cuya aplicación en totalidad se materializó a finales de diciembre de 2024. MiCA abarca requerimientos de transparencia y protección al inversor, así como medidas para evitar conductas de abuso de mercado.

El mercado de estos activos digitales, como era esperable, ha mostrado volatilidad en los últimos meses. Tras el anuncio de las reservas estratégicas de criptomonedas por parte de EE UU, el bitcoin se disparó, superando los 100.000 mil dólares en diciembre de 2024. Sin embargo, esa euforia inicial se desvaneció con rapidez, y bajó su cotización en torno a un 20%, que es donde permanece en la actualidad, sobre los 80.000 dólares. Estos vaivenes reflejan la sensibilidad de este mercado a las políticas gubernamentales y a las expectativas de los inversores. Aunque las iniciativas de desregulación pueden generar optimismo a corto plazo, también pueden aumentar los riesgos asociados a la falta de supervisión y protección al inversor.

La desregulación de los criptoactivos en Estados Unidos debería preocupar y mucho más ya que plantea riesgos de calado. En particular, la ausencia de una supervisión adecuada puede dar lugar a actividades fraudulentas, manipulación del mercado y una mayor exposición de los inversores a activos de una volatilidad excesiva. Además, la falta de transparencia en las normativas que se aprueban o anuncian puede dificultar la adopción institucional y la integración de los criptoactivos en el sistema financiero tradicional. La falta de un enfoque coordinado a escala global puede dar lugar a arbitraje regulatorio (transacciones financieras diseñadas para capturar oportunidades de ganancias creadas por diferentes regulaciones o leyes), donde los intermediarios de estos mercados operan en jurisdicciones con regulaciones más favorables, con implicaciones para la estabilidad financiera global.

El elevado riesgo de volatilidad puede alcanzar espacios que hasta ahora fundamentalmente se afectaban a los inversores. Privados. Y eso aumenta los riesgos notablemente, incluidos los sistémicos. La posibilidad de que la Fed o las administraciones públicas estadounidenses, incluidas sus haciendas –como ya han comenzado en más de 15 estados–, mantengan determinados criptoactivos como reservas es un territorio inexplorado de consecuencias imprevisibles. Lo que muchos tenemos claro es que estos activos, por su volatilidad, elevado riesgo y poca transparencia no son adecuados para ser refugio de inversiones. Por otro lado, se quiere dar mayores posibilidades de tenencia o gestión de estos activos a las entidades financieras. Aquellas que ofrezcan productos relacionados con criptomonedas, como cuentas de inversión en criptoactivos o préstamos respaldados por estos activos podrían enfrentarse a importantes pérdidas debido a la comentada volatilidad extrema del mercado.

Asimismo, una excesiva desregulación podría permitir que algunas entidades financieras ofrecieran servicios de custodia sin estándares de seguridad adecuados, lo que aumentaría el riesgo de fraudes de todo tipo, con el riesgo de que queden expuestos a litigios y problemas de cumplimiento normativo en el futuro. Por último, el riesgo sistémico está ahí. Si es una gran entidad financiera la que sufriera pérdidas significativas por su actividad en criptoactivos, se podrían generar efectos en cadena en el sistema financiero, como ocurrieron en crisis financieras pasadas. La falta de una supervisión adecuada podría incentivar a los intermediarios financieros a asumir riesgos excesivos sin mecanismos de control efectivos.

Otros riesgos incluyen, por ejemplo, el aumento de la actividad ilegal dentro del ecosistema cripto. La eliminación de controles regulatorios estrictos en EE UU podría facilitar el blanqueo de capitales. Por su parte, si estos activos digitales se consolidan como una alternativa viable a la banca tradicional, las entidades podrían ver una reducción en los depósitos y, por tanto, de su capacidad de conceder crédito y mantener la estabilidad financiera. En definitiva, la desregulación puede incentivar la innovación financiera –algo que es importante, sin duda– pero también aumenta significativamente los riesgos sistémicos del sistema financiero y la economía en general. Y de esos riesgos y cautelas se está hablando muy poco en EE UU. Son necesarios el diseño y la coordinación internacional de estrategias de los reguladores que permitan aprovechar los beneficios de esta tecnología sin comprometer la estabilidad financiera global. Sin embargo, los tiros no parecen ir por ahí. 17 años después del caos de Lehman Brothers y lo que vino después, se vuelve a jugar con fuego. ¿Qué puede salir mal?

Este artículo se publicó originalmente en el diario Cinco Días

Comparte esta entrada



Leer más

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies