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China se pone las pilas y firma el mayor acuerdo comercial de la historia

Recientemente se ha firmado el mayor acuerdo comercial de la historia, al menos en población involucrada. Si hace unos años hablábamos que el acuerdo entre Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) y la UE sería el mayor acuerdo comercial del mundo en población involucrada al incluir a 773 millones de personas, el acuerdo RCEP (Regional Economic and Cooperation Partnership) lo ha dejado corto, involucrando a más 2.200 millones de personas, un 30% de la población mundial.

Esto deja cortos a otros acuerdos como la UE, o los que tiene la UE con Japón y Mercosur o al acuerdo entre EEUU, México y Canadá (también conocido informalmente como NAFTA 2.0). No es sólo el tamaño poblacional de las economías involucradas en el acuerdo, sino el potencial de crecimiento que van a tener en los próximos años.

Este acuerdo involucra a los países del ASEAN (Indonesia, Malasia, Filipinas, Singapur, Tailandia, Brunei, Vietnam, Laos, Birmania y Camboya), a China, Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda. Durante un tiempo se iba a sumar también la India, con 1300 millones de habitantes añadiría un peso brutal al acuerdo, pero de momento se ha retirado. Queda por ver si en los próximos años conseguirán involucrar a este gigante en su acuerdo.

¿Qué supone el RCEP?

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El RCEP quizás no sea tan ambicioso como otros muchos acuerdos comerciales, ya que supone sólo una eliminación de los aranceles al 90% de los productos. Incluye porvisiones al respecto de telecomunicaciones, servicios financieros, servicios profesionales y comercio electrónico. No obstante, no homologa regulaciones ni incluye provisiones medioambientales. Además muchos de estos países ya tenían acuerdos comerciales entre sí, por lo que lo que hace es consolidar las relaciones comerciales. Si es cierto que disminuye la fricción comercial entre estos países, ya que un producto fabricado en Indonesia con componentes australianos podría ser gravado por los aranceles al exportarse a Malasia, por ejemplo.

También es cierto que las relaciones entre algunos países miembros no son muy buenas. Australia y China tienen una relación bastante tensa en este momento. Al igual que Japón y Corea del Sur. Sí es cierto que ha sido un gran logro incluir en el mismo acuerdo comercial a países como Japón y China.

Además estamos hablando del conjunto de varias de las economías que más se espera que crezcan en las próximas décadas. Para 2050, se espera que las principales economías del mundo sean China, India, EEUU, Indonesia. Brasil, Rusia, México, Japón, Alemania y Reino Unido(en este orden). Este acuerdo involucraría a tres de ellas, cuatro si algún día consiguen que India se una al mismo.

Con esto economías más estancadas como Japón se vinculan a economías con mayor tasa de crecimiento como Indonesia, cuyas empresas pasan a tener mayor facilidad al acceder a mercados más desarrollados y con mayor renta familiar disponible como Nueva Zelanda o Corea del Sur.

Al retirarse EEUU del acuerdo Transpacífico, le dejó vía libre a China

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Nos podemos acordar del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica. Este acuerdo impulsado por la administración de Obama, estaba diseñado para orientar las economías del Pacífico más hacia EEUU frente a la creciente influencia china. El acuerdo Transpacífico además incluía a países de Latinoamérica, con lo cual se formaba el germen de un acuerdo comercial que pondría al pacífico como el nuevo centro del mundo.

Los países miembros iban a ser Australia, Brunei, Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur, Vietnam y EEUU. Otros países como Colombia, Filipinas, Tailandia, Taiwan, Corea Del Sur, Indonesia, Sri Lanka, China y hasta el Reino Unido han declarado su interés o intención de unirse. Este acuerdo hubiera unido a la tercera, séptima y octava potencia económica y podría haber llegado a rivalizar con la magnitud del RCEP. Pero en 2017, EEUU se retiró del acuerdo, dejándolo en una vía muerta, sólo Japón y Nueva Zelanda llegaron a ratificarlo.

Este movimiento ha permitido que China haya podido tomar el liderazgo comercial, como ya indicamos que podría pasar.. China es una de las principales beneficiadas de este acuerdo al reducir con el mismo su dependencia económica de EEUU. Además comienza a abrir la puerta a otros acuerdos comerciales más profundos o con otros países más lejanos, como podrían ser los africanos o los europeos.

Pregunta los lectores ¿será capaz de EEUU de contrarrestar este acuerdo comercial con otro en los países del Pacífico?

En El Blog Salmón | La vivienda de Singapur: de calidad, asequible, abundante, pero con un lado oscuro

En Magnet | "El mayor acuerdo comercial de la historia": cómo China está apuntalando su liderazgo mundial con el RCEP

Más información | BBC

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China recupera espectacularmente su crecimiento tras el Coronavirus… Pero esas cifras esconden abismos

En esta lamentable crisis del Coronavirus, China fue el origen de todo, al ser tanto donde se coció el funesto COVID-19 en un caldo de cultivo político-represivo que sólo propició su proliferación masiva, como por ser donde los primeros confinamientos masivos a nivel mundial llevaron a su economía a sufrir las dentelladas de la bestia socioeconómica más agresiva que hemos visto en el mundo desde hace décadas.

Pero igualmente, tras toda crisis, en algún momento llega una recuperación, sin quitar que sólo sea momentánea entre tanto que no llegue una vacuna que nos permita afirmar con rotundidad que este Coronavirus ha dejado de ser un problema para siempre jamás. Y ya teníamos cifras sobre esa recuperación en los econométricos países occidentales, pero nos faltaban cifras macroeconómicas significativas sobre cómo lo estaba haciendo China, a pesar de que las suyas son siempre cifras fiables sólo relativamente. Ahora ya han llegado los números macro, y aunque la recuperación allí es muy clara, lo cierto es que no es oro todo lo que reluce, y que hay más negras sombras que esperanzadoras luces tras un análisis mínimamente detallado.

El mundo se recupera como puede tras la desolación social y económica dejada por la estela de la destructiva pandemia

China Recupera Su Crecimiento Tras El Coronavirus Pero No Es Precisamente Oro Todo Lo Que Reluce 1

Desde estas líneas fuimos uno de los primeros medios salmón en advertirles ante la debacle sanitaria, social y… económica que se nos venía encima con el funesto Coronavirus, y de hecho en nuestro análisis del 3 de Febrero sobre el tema ya les poníamos sobre la mesa el impacto económico que iba a acabar teniendo todo aquello que se estaba cociendo en China, envuelto entre no poco secretismo y silencio oficial impuesto a base de pura y simple represión informativa y policial. Aunque obviamente entonces nos vimos constreñidos a hacerlo exponiendo la imprevisibilidad de un impacto ciertamente incuantificable por entonces que, en todo caso, desde estas líneas teníamos ya muy claro que iba a ser mayúsculo tanto para China como para el resto del mundo, en lo que ya creíamos que iba a acabar siendo toda una pandemia, como de hecho ha acabado siendo.

Pero tras la crisis, en la cual todavía estamos todos inmersos hasta el cuello (y lo que nos queda), igualmente es nuestro deber más salmón analizar las ulteriores recuperaciones. Ya hicimos lo propio con las cifras que arrojaron los países Occidentales, tanto los de la órbita anglosajona y que se han quedado evidentemente rezagados, como los de la órbita más europea que lideran claramente y con fuerza la recuperación. Pero nos faltaban los datos de la superpotencia que fue el origen de todo, tanto por ser donde se originó el terrible virus, como por haber hecho una nefasta gestión del mismo que, en vez de apoyar a los profesionales médicos que encendieron la luz de alarma cuando se estaba a tiempo de evitar el desastre, optó por represaliarlos, con el resultado de que allí la epidemia se les fue literalmente de las manos, y se acabó convirtiendo en toda una pandemia, en la que hay todavía muchas más cuestiones aún por resolver y aclarar, que respuestas claras y creíbles tenemos en todo este lamentable asunto.

Y China también se recupera con fuerza, publicando unas cifras muy efectistas y aparentes, pero que…

China Recupera Su Crecimiento Tras El Coronavirus Pero No Es Precisamente Oro Todo Lo Que Reluce 3

Como ya presuponíamos, aunque no contásemos con las cifras macroeconómicas adecuadas como para poder analizarlo rigurosamente, la recuperación obviamente también estaba llegando a la desencadenadora China. Y ello era de suponer incluso a pesar de ese nuevo brote que ha tenido lugar en su capital, Pekín, y que alarmantemente no era ni la segunda ola ni una simple mutación del virus originario de Wuhan, sino que era un nuevo Coronavirus que presentaba modificaciones genéticas mayores que lo hacían ser considerado por los expertos como un nuevo Coronavirus, y lo que es peor, también susceptible de desencadenar otra pandemia similar en síntomas y causas de mortalidad a la anterior. Pero ahora ya han publicado en el gigante rojo sus esperadas cifras salmón que, más que tranquilizarnos por mostrar una vuelta a la (nueva) normalidad, lo cierto es que resultan bastante inquietantes por evidenciar que la recuperación china tiene los pies de barro, y que además ese barro está muy muy licuado con salsa agridulce aguada.

Así, las cifras más aparentes publicadas por el gobierno chino muestran una realidad económica en clara recuperación, que va mucho más allá de esas cifras occidentales que simplemente se debaten entre poder recuperar los niveles de actividad previos a la pandemia. Pero en China ya están haciendo alarde de un crecimiento del PIB contundente sobre las cifras que tenían en Abril, y esa recuperación de tasas positivas alcanza una envidiable expansión económica del 3,2% entre Abril y Junio en términos interanuales con respecto al mismo periodo de 2019. La cifra es doblemente significativa, porque no sólo muestra un crecimiento con respecto al año anterior, sino porque además lo hace recuperando el gran terreno perdido y en negativo del trimestre precedente, en el que la asfixiante contracción alcanzó un -6,8% en lo que muy significativamente fue la primera contracción en China desde hace casi medio siglo.

Así, parece que China podría estar dejando atrás lo peor de la crisis económica traída (al menos) por la primera ola de la pandemia… “Parece”… porque si nos paramos a analizar las cifras con detenimiento, la realidad que muestran es radicalmente distinta. Y es que ese crecimiento no es nada sano, y supone tan sólo el resultado de un claro “dopaje” de la economía, por el que le han inyectado crecimiento forzado en vena a base de un gasto disparado en obra pública, principalmente en carreteras y líneas ferroviarias. La primera lectura que se debe hacer de ello debería ser que ese gasto ha tenido que salir de algún sitio, y si bien es cierto que la pandemia es una situación excepcional que requería una acción contundente por parte de los gobiernos de los países del mundo para sostener la actividad y pasar un bache que es temporal entretanto la pandemia remitiese, lo cierto es que la situación de sobre-endeudamiento del gigante chino no hace sino que todo este descomunal gasto extra deba encender todas las alarmas. Porque el tema es que el punto de partida allí ya no era precisamente bueno, sin quitar que tampoco lo fuese en otros países del mundo, pero lo cierto es que las cifras chinas de sobre-endeudamiento están en otra (y estratosférica) órbita.

El crecimiento chino actual es insostenible, y además revela otras grandes debilidades que están aterrorizando a los mercados

China Recupera Su Crecimiento Tras El Coronavirus Pero No Es Precisamente Oro Todo Lo Que Reluce 5 6

Y es que ese crecimiento chino no es sostenible en absoluto, no sólo por el deterioro de la deuda china que les citaba, sino también por su insostenibilidad en el tiempo a futuro, ya que este nivel de “dopaje” económico ni tan siquiera en la hiper-intervenida China puede ser mantenido mucho más en el tiempo, al menos no sin poner en (todavía) más serio riesgo la contabilidad nacional. Pero es que ya no es sólo el tema del peso extra de la ya pesada losa del endeudamiento chino, es que además las cifras chinas de la recuperación muestran grandes debilidades, especialmente en lo que se refiere a cómo las autoridades económicas del país han fracasado estrepitosamente a la hora de incentivar el consumo interno, su vía de salida de esta crisis que más prometedora podía resultar. Porque lo cierto es que el gasto de los consumidores chinos se ha vuelto muy defensivo (y no es de extrañar), mostrándose relativamente fuerte en productos de primera necesidad, pero extremadamente débil en gastos no esenciales, revelando que también los consumidores chinos son muy reacios a realizar desembolsos que sean aplazables para más adelante, y que están preparándose para tiempos peores. Y si los consumidores dejan de comprar masivamente, no hace falta que les digamos qué ocurre con la economía y con la actividad productiva…

Algunos se preguntarán muy oportunamente que por qué estamos hablando del consumo interno chino, cuando China es un gran exportador en el que su motor más importante viene precisamente del consumo de terceros países. Pues bien, aquí está otra de las abisales debilidades de las cifras económicas chinas publicadas, y es que el parón de la pandemia y la crisis que ha desencadenado en los grandes clientes de China S.A. ha hecho que el consumo externo de productos chinos se haya desplomado, y que a la vista de la evolución de la crisis en muchos países del mundo, no haya mucha previsión de que éste se recupere a corto plazo, poniendo en una situación muy delicada a un gran exportador tan dependiente de terceros como es China. Y eso por no hablar de esa guerra comercial con EEUU que empieza a ser eterna y escaladora, que hoy por hoy está que arde, y que cada día alcanza nuevas y agresivas cotas. Y es que el panorama económico chino tiene en común con el estadounidense el haber llegado a una desoladora situación en la que los desempleados chinos se cuentan también por decenas de millones.

Y aunque es cierto que China tiene cuatro veces la población de EEUU, no es menos cierto que incluso las propias autoridades chinas son plenamente conscientes del gran catalizador que puede suponer el clima fuertemente represivo existente en todo el país. Si bien es cierto que esa durísima represión puede tener cierto efecto retardante inicial, lo cierto también es que convierte aquello en realidad en una auténtica olla a presión donde, si alguien prende la mecha, corren el riesgo cierto de enfrentarse a graves desórdenes sociales con tintes anti-gubernamentales y de consecuencias últimas totalmente impredecibles. Por cierto, algo que es así tal y como ya pasara hasta cierto punto con la ola de indignación popular acaecida tras la muerte por Coronavirus de aquel médico chino, que dio al principio de la pandemia la voz de alarma de forma preventiva, y por lo que las autoridades lo represaliaron y silenciaron, cuando lo que deberían haber hecho es amplificar su voz. Sólo así muy probablemente habrían evitado la pandemia y los miles y miles de muertos que ya nunca volverán a nuestro lado. Además, no sólo en EEUU, sino también en China la pandemia ha exacerbado las diferencias entre pobres y ricos, y son las clases sociales más humildes las que han frenado en seco su consumo, mientras que las más favorecidas siguen manteniendo mayormente intacta su capacidad y voluntad de gasto. Éste es un punto que siempre añade tensión social a cualquier sistema, incluido el chino.

Por último, el creciente superávit comercial chino de los últimos meses, propio de países que crecen económicamente, en este caso resulta obligar a una lectura infinitamente menos esperanzadora, puesto que en este caso se debe casi exclusivamente a que se han desplomado los precios de las materias primas, de las que China es una voraz consumidora. Este efecto “maquillador” además tampoco va a poder mantenerse mucho más en el tiempo, con unos precios de materias primas en clara recuperación tras el shock inicial traído por el parón económico del confinamiento. Así pues, los augurios para la economía china en los próximos meses no son precisamente buenos (como tampoco lo son para no pocos países), y habrá que ver cómo encaja todo esto una población que ya dio claras muestras de gran descontento popular con la gestión que su gobierno hizo de la pandemia, y que ahora puede hacer más de lo mismo con unas cifras de desempleo sostenidas y con un parón económico que muy probablemente va a tener su continuidad. Y el descontento popular en un país de unos 1.400 millones de habitantes puede llegar a traer potenciales e importantes repercusiones para todo el mundo, y es mucha (pero que mucha) tela que cortar empezando por el propio partido comunista chino, incluso a pesar de la represión inclemente que ejercen las autoridades de aquel país, que tampoco sirvió para evitar la convulsa ola de protestas contra ese gobierno que desencadenó el primer Coronavirus de Wuhan y que les citaba ya antes.
La mejor demostración de lo correcto de la lectura que les estamos haciendo hoy de las cifras del crecimiento publicadas por las autoridades chinas es la sentencia de los mercados, que en este tipo de situaciones suele resultar reveladora y concluyente: el dinero es cobarde aquí y también en China, y siempre es el primero en poner “los pies en polvorosa”. Así, las bolsas de Shanghai y Shenzen acogieron estas cifras macroeconómicas con un contundente desplome del 4,8%, que les sumergió en un mar de números rojos en cuanto descontaron los nuevos datos, mostrándose muy atemorizadas por cómo la economía china se ha vuelto extremada y suicidamente dependiente de los estímulos gubernamentales. Porque en China confluyen actualmente dos ríos de aguas muy bravas, y que son el rio de los exportadores que se quedan sin demanda externa, y el rio del tejido productivo al cual también le está fallando el caudal del consumo interno.

China Recupera Su Crecimiento Tras El Coronavirus Pero No Es Precisamente Oro Todo Lo Que Reluce 7

Si a esto le añadimos todo lo que supone el dopaje de insuflar caudal económico a base de estímulos gubernamentales abriendo la presa de las Tres Gargantas, y que ese caudal de subsistencia tiene el claro límite de la capacidad de gasto extra respaldada estrictamente por lo que les quede represado aguas arriba (que cada vez es menos), pues tenemos que ni la tormenta más diluviana podría ser suficiente para paliar la situación. Así, lo que podría acabar sobreviniendo es la tormenta socioeconómica perfecta que podría hacer tambalearse incluso a un régimen totalitario como el del actual sistema chino. Como siempre en el serial socioeconómico, el futuro se nos desvelará en el próximo capítulo, pero vaya por delante que ni el régimen con un control más férreo sobre su población está a salvo de sucumbir bajo los efectos de una grave crisis económica, y es que si el pueblo siente que no tiene nada que perder ni tiene pan que llevarse a la boca, es cuando a menudo opta por derribar todo lo que se le pone por delante. Y eso es algo de lo que ni siquiera China está a salvo.

Imágenes | Pixabay geralt | Pixabay _freakwave_ | Pixabay geralt | Pixabay PublicDomainPictures y Tumisu | Pixabay Fotoauge

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La COVID-19 y la seguridad de suministro de equipos sanitarios esenciales

La actual pandemia ha puesto de
manifiesto un desabastecimiento de equipos y bienes sanitarios esenciales,
tanto para prevenir la transmisión del virus SARS-CoV-2 (p.ej. mascarillas,
guantes, jabones), como para combatir la enfermedad asociada COVID-19 en
pacientes críticos (p.ej. respiradores). Por consiguiente, el sistema sanitario
y de prevención necesita aumentar el suministro de este tipo de bienes
esenciales. Diversas empresas se han reorientado hacia la producción de equipos
de protección (ropa, mascarillas). Sin embargo, surgen dudas acerca de su
capacidad para hacer frente a la creciente demanda, así como de la posibilidad
de producir localmente equipos médicos más complejos. En este artículo se
analiza en qué medida depende España de terceros países para satisfacer el
incremento de demanda de estos equipos sanitarios esenciales para combatir la
pandemia.

La importación de equipos sanitarios esenciales no tiene por qué representar un riesgo en el suministro, siempre que se pueda asegurar su abastecimiento. Gracias a la diversificación de proveedores y las ventajas del comercio, la globalización puede representar un seguro contra el desabastecimiento como nos señalaban aquí y aquí. No obstante, el suministro puede verse afectado por factores estructurales, como una baja diversidad de exportadores, y coyunturales, como limitaciones al comercio a través de barreras arancelarias o similares. Como nos muestra este estudio de la Reserva Federal americana, el mercado de equipos sanitarios esenciales está concentrado en 10 países que suman el 72% de las exportaciones mundiales. La situación se agrava si se tiene en cuenta que los principales suministradores a nivel internacional, China y Estados Unidos, han estado o están en cuarentena. En cuanto a las barreras al comercio, numerosos países, entre ellos Alemania y China, han restringido la exportación de equipos sanitarios esenciales (ver Global Trade Alert).

Gráfico 1

Fuente: Protectionism and Dependence on Imports of Essential Medical Equipment. Federal Reserve Bank of St. Louis.

Equipos sanitarios esenciales

El análisis comienza identificando los productos sanitarios esenciales para hacer frente a la pandemia, tal como se puede ver en el cuadro 1.

Cuadro 1. Productos médicos esenciales por código TARIC y CNAE

TARIC -HS CNAE Descripción
Elementos de protección y prevención esenciales
340220 20.41 Fabricación de jabones
401519 22.19 Guantes estériles
621010 14.19 Equipos médicos de protección personal
630790 13.92 Prendas médicas (incluidas mascarillas)
650400 14.19 Gorros médicos
650510 14.19 Otros gorros médicos
900490 32.50 Gafas protectoras
Equipos médicos esenciales
901812 26.6 Aparatos de diagnóstico por ultrasonidos
842139 28.25 Oxigenadores
901819 26.6 Aparatos para vigilancia de parámetros fisiológicos
901839 32.50 Catéter, jeringuillas
901920 32.50 Respiradores
902000 32.99 Aparatos y máscaras respiratorias
902212 26.6 Tomografías
902214 26.6 Rayos X
902519 26.51 Termómetros

Fuente: Elaboración propia y Reserva Federal de San Luis

Nota: La base de las correspondencias entre TARIC y CNAE
corresponde a un estudio puntual realizado por el INE (http://www.ine.es/daco/daco42/clasificaciones/cnae09/corre_cn_nace.xls)

Evolución de importaciones y exportaciones

El gráfico 2 muestra la evolución de las importaciones y exportaciones españolas de bienes sanitarios esenciales como porcentaje del comercio total. Puede observarse cómo desde el año 2011 el déficit comercial (la diferencia entre importación y exportación) tiende a aumentar.

Gráfico 2

Fuente: elaboración propia con datos de Datacomex.

Fuentes de suministro

En 2017, España importó productos médicos esenciales por un valor de 16.000 millones de euros. La mayor parte de las importaciones (un 66%) corresponde a equipos médicos esenciales. El mapa que se muestra a continuación refleja nuestros principales suministradores de bienes sanitarios esenciales. Como puede apreciarse, las principales fuentes de suministro provienen de China, Alemania y Francia, seguidas por Italia y Estados Unidos.

Mapa 1. España: principales países suministradores de bienes sanitarios esenciales

Fuente: elaboración propia con datos de Datacomex.

Seguridad de suministro

En el cuadro 2 se muestra que la
importación de productos médicos esenciales para hacer frente a la pandemia
representa casi el 80% de la demanda doméstica. En cambio, España exporta el
86% de su producción. Por países, las principales fuentes de suministro
provienen de China (13%), Alemania (13%), Francia (8%), Italia (7%) y EEUU (6%).
Para contextualizar estos datos, el mismo análisis para Estados Unidos revela
que el país americano exporta el 20% de su producción, sus importaciones
representan el 30% de su absorción doméstica y su dependencia de China es 5 puntos
menor (ver fuente).

Cuadro 2. Importación y exportación productos médicos esenciales (agregados), 2017

Total España China Alemania EEUU
Importación
(% absorción)
79% 13% 13% 6%
Exportación
(% producción)
86% 1% 4% 3%
Déficit
comercial (% producción)
-54% -14% -10% -4%

Sin embargo, estos datos
agregados esconden una heterogeneidad importante y una realidad distinta si los
desagregamos por bienes de protección
(cuadro 3) y equipos médicos (cuadro
4). Podemos observar tres hechos interesantes. Primero, España tiene una
dependencia mayor en equipos médicos esenciales (necesitamos importar casi todos
estos equipos: 94% frente al 62% en bienes de protección) y de un número menor
de países. En cambio, la dependencia de países de fuera de la Unión Europea es
relativamente menor que en los equipos médicos esenciales. Por último, España
tiene una ventaja comparativa revelada en equipos médicos esenciales, al
exportar casi toda su producción. 

Cuadro 3. Importación y exportación de bienes de protección esenciales, 2017

Total España China Alemania EEUU
Importación
(% absorción)
62% 14% 6% 1%
Exportación
(% producción)
58% 1% 5% 2%
Déficit
comercial (% producción)
-11% -15% -2% 0,3%

Cuadro 4. Importación y exportación de equipos médicos esenciales, 2017

Total España China Alemania EEUU
Importación
(% absorción)
94% 11% 17% 9%
Exportación
(% producción)
88% 2% 4% 3%
Déficit
comercial (% producción)
-99% -10% -14% -6%

Los principales proveedores que
cubren nuestra demanda de bienes de
protección
son China (14%), Alemania (6%), Italia (5%) y Marruecos (4%). En
cambio, en los equipos médicos son:
Alemania (17%), China (11%), Francia (9%) y EEUU (9%). El índice Herfindahl–Hirschman
de concentración para la dependencia de importaciones es aproximadamente del 3%
para bienes de protección y del 7% para equipos médicos, indicando que la
concentración es mayor en equipos médicos.

No obstante, existen ciertos productos de protección con una concentración crítica: la mitad de las mascarillas proviene de China y la práctica totalidad de los guantes de látex tiene como origen Malasia. Por último, cabe resaltar que la mayor parte de los países de los que importamos bienes médicos esenciales (el 64% del volumen) pertenecen a la Unión Europea, con la que no tenemos barreras comerciales. En cambio, los países de la UE solo suman el 40% del volumen de nuestros suministradores de bienes de protección esenciales.

Conclusión

España muestra una alta
dependencia de terceros países a la hora de satisfacer la demanda de bienes y
equipos sanitarios, tanto para evitar la propagación del virus SARS-CoV-2 como
hacer frente a la enfermedad asociada COVID-19. En particular, la dependencia
de equipos médicos esenciales es
mayor que la de equipos de protección
individual
. Sin embargo, la estructura de proveedores de equipos médicos es
más cercana a nuestro entorno y por tanto más fiable que la de bienes de
protección.

Todo ello hace pensar que el desabastecimiento actual, en especial de los medios de protección esenciales, parece obedecer a una situación coyuntural, debido a la absorción doméstica de los principales productores de estos bienes y al aumento de la demanda del resto del mundo. Para garantizar el suministro, parece razonable tomar medidas coyunturales como incrementar la producción doméstica de bienes de protección individual e intensificar la diversidad de importadores. Resulta poco probable que la reconversión industrial hacia bienes de protección esenciales sea permanente, al no disfrutar España de una ventaja comparativa clara en este sector. En cambio, el desabastecimiento de equipos médicos esenciales tiene un mayor componente estructural por varios motivos: la reconversión de la producción es más compleja, la dependencia del exterior es mayor y su producción se encuentra concentrada en pocos países. A corto plazo, la cercanía de los proveedores podría reducir el riesgo de desabastecimiento. Sin embargo, la seguridad de suministro en el medio y largo plazo requería de medidas estructurales amplias en el seno de la Unión Europea.


La absorción se calcula sumando la producción en los códigos CNAE del cuadro 1, las importaciones y restando las exportaciones.

Se han utilizado datos de 2017,
ya que son los últimos disponibles con cuatro dígitos CNAE.

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covid-19-y-la-reforma-del-orden-economico-internacional

Covid-19 y la reforma del orden económico internacional

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La covid-19 ha sacudido la economía global en unos momentos en los que se estaban generalizando las tensiones comerciales. En los últimos tres años los gobiernos nacionales han aprobado 2.723 medidas restrictivas del comercio internacional. Las más graves son las aplicadas en la guerra comercial de Estados Unidos y China. Estos dos países sólo son responsables del 23% de dichas medidas, aunque son las de mayor calado y las que están poniendo en peligro el sistema multilateral de comercio creado por Estados Unidos y del que China ha sido, seguramente, el país más beneficiado.

El conflicto Estados Unidos-China se remonta prácticamente
al momento en el que China fue aceptada en 2001 como miembro de la Organización
Mundial del Comercio (OMC). Desde ese momento China utilizó el comercio como un
arma al servicio de su estrategia geopolítica. Por su particular sistema económico, que podemos
caracterizar como de capitalismo de estado, su gobierno ha interferido
sistemáticamente, mediante ayudas
públicas de todo tipo, en la asignación de recursos y en la formación de
precios. El resultado es que en algunos sectores sus producciones son
extraordinariamente baratas, no porque sea el país más eficiente y competitivo
sino porque, debido a su sistema opaco de subvenciones públicas, invaden los
mercados internacionales obligando
a cerrar empresas en las economías avanzadas. El caso más extremo y
conocido ha sido el referente a la
producción de acero que, como consecuencia de este comportamiento anticompetitivo, ha ocasionado el cierre
de numerosas empresas en países desarrollados. Estados Unidos es seguramente el
país que en mayor medida se ha visto afectado, tanto en su producción de acero (sector
en el que también se han cerrado plantas industriales en Europa y en España) como
en otras actividades productivas.

Frente a este comportamiento, la OMC, que es la
organización encargada de vigilar y supervisar el cumplimiento de los acuerdos
que garantizan un comercio libre, no ha sido capaz de resolver los
conflictos y se ha mostrado incapaz de encauzar el comercio según el espíritu que impregnan
las normas que deben regir las relaciones comerciales internacionales y que
dieron origen a la propia organización.

«Es de esperar que la tremenda perturbación ocasionada por lacovid-19 haga ver con claridad a los líderes mundiales la necesidad de fortalecer el orden comercial internacional. Y que, mediante la cooperación y el consenso, se restaure una OMC más eficiente».

Esta falta de un buen gobierno multilateral ha contribuido al desarrollo de movimientos antiglobalización que reaccionan contra lo que consideran los efectos negativos de un mundo globalizado. Para estos movimientos, la covid-19 evidenciaría de forma clara lo que ellos consideran efectos negativos de la globalización. Por ello, hoy es frecuente escuchar que el reto al que nos enfrentamos no es la reconstrucción y mejora de las relaciones económicas que se estaban resquebrajando, sino el restablecimiento de unas sólidas economías que prioricen las industrias nacionales. Parece que hay unas fuerzas sociales y políticas que apuntan a la intensificación de los conflictos en las relaciones económicas internacionales. Por eso, Dani Rodrik cree que los autócratas populistas se volverán más autoritarios, que China y Estados Unidos mantendrán su enfrentamiento y que, en general, se intensificará la batalla en el seno de los países entre populistas autoritarios e internacionalistas liberales.

Ese camino sería desastroso y ojalá no se intente recorrer. Por el contrario, el impacto que está teniendo la covid-19 debería servir para reconducir las tensiones chino-norteamericanas. Es necesario comenzar superando el sentimiento anti-chino propio de algunas esferas de la sociedad norteamericana, pero también la hostilidad anti-norteamericana que se está extendiendo en la sociedad china. Como señala Keyu Jin, la crisis provocada por la covid-19 debería abrir el camino a la reconciliación. China, como potencia en ascenso, debe dejar de usar los instrumentos económicos como arma para hacer valer sus intereses geopolíticos y, en su lugar, ganarse la confianza del resto del mundo con comportamientos transparentes y actuaciones honestas. En la lucha que mantienen ambos países por el liderazgo mundial, Martin Wolf ha señalado, muy acertadamente, que vencerá aquel que sea capaz de mostrarse ante el mundo como competente y decente. Y cree que China no es decente, pero el coronavirus puede cambiar esta situación en unos momentos en que Estados Unidos tiene un presidente al que muchos consideran incompetente y perverso con el resto del mundo.

Es de esperar que la tremenda perturbación ocasionada por la covid-19 haga ver con claridad a los líderes mundiales la necesidad de fortalecer el orden comercial internacional. Y que, mediante la cooperación y el consenso, se restaure una OMC más eficiente para que vuelva a convertirse en un instrumento esencial para el logro, gracias a la división internacional del trabajo y la creciente integración de las economías nacionales, de la prosperidad, la estabilidad económica y la paz mundial.


Referencias

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todo-esto-ha-hecho-china-para-salir-adelante-despues-del-coronavirus

Todo esto ha hecho China para salir adelante después del coronavirus

China, casi superada la pandemia del coronavirus, ha iniciado el proceso para volver a la normalidad, eso sí poco a poco, con la apertura de Wuhan y un incremento en sus procesos manufactureros.

Han pasado más de 2 meses y medio desde que China se encerró para contener los efectos del coronavirus e implantó un cierre total. Todas estas medidas dieron sus frutos a mediados del mes pasado.

El reto de China es evitar la quiebra masiva de sus empresas

El gran reto del gigante asiático es poner en marcha medidas para reactivar su economía y evitar los efectos devastadores que ha tenido el coronavirus. No sólo por los meses que han sufrido dentro de su país el coronavirus, si no también por los meses que les queda por los efectos que tendrán el coronavirus en sus principales clientes externos.

Los objetivos que se ha planteado China para limitar los efectos económicos, a corto plazo, son:

  • Apoyar a las empresas chinas para evitar quiebras e impagos y así conseguir que no haya una mayor inestabilidad financiera.
  • Compensar las pérdidas que se han producido por el coronavirus en las empresas y en las familias chinas.
  • Estimular la actividad económica para conseguir una recuperación más rápida.

China inunda de liquidez a su economía

Lo bueno que las bolsas en china están respondiendo y los inversores están dando su apoyo, aunque el CSI 300 ha caído lo ha hecho en menor medida que las bolsas de Europa y de Estados Unidos.

El Gobierno de China ha puesto en marcha un paquete de medidas económicas y fiscales de más de 322 mil millones de euros, para fomentar la inversión pública, aumentar el gasto en el sector sanitario y eliminar o reducir la carga fiscal para aumentar la inversión y el consumo.

Por otra parte, el Gobierno de China ha pensado en reducir el peso de los pagos a su Seguridad Social que los empresarios deben pagar por empleados que tienen contratados.

En materia de política montería, el Gobierno de China ha inyectado liquidez a corto plazo, ha reducido los ratios que obliga a tener a las entidades financieras en sus bancos, ha puesto en marcha paquetes para refinanciar y dar créditos a las empresas por valor de 137 mil millones de euros.

El Gobierno de China ha dado ordenes explícitas a las entidades financieras para que den soporte económico, han dado flexibilidad a la gestión de los riesgos crediticios, a la emisión de bonos y venta de acciones a nivel local, todo esto dirigido a las empresas chinas.

China se reserva sus armas más potentes por lo que va a venir

China prefiere esperar y dejar sus mejores armas para hacer frente a los efectos negativos en la economía china, ya que de momento ha inyectado sin prisa miles de millones de euros para sostener una actividad bastante afectado por el coronavirus.

Como se puede ver China ha sacado la arma de la liquidez para evitar un descenso en el consumo, una parálisis industrial y las deudas públicas del país, junto a las deudas de las entidades bancarias, provoquen efectos todavía peores para China.

El coronavirus ha mantenido inactiva la economía China durante meses, cuando millones de sus ciudadanos se encerraron en sus hogares antes la medidas de control y aislamiento impuesto por el Gobierno.

El gran problema que estas medidas afectan de una manera muy negativa la producción de sus fabricas y el funcionamiento de las empresas, lo que ha llegado a conseguir que el Producto Interior Bruto (PIB) se redujera en más del 1 por ciento.

El coronavirus ha conseguido lo que no ha conseguido Estados Unidos, que China viva un proceso de regresión industrial, lo cual ha reducido sus exportaciones y la demanda de las importaciones, afectando al comercio mundial.

En estos momentos, China está comenzando a iniciar el proceso de activación de sus actividades de forma escalada pero las consecuencias sobre la economía China, con en muchos otros países, van a ser a largo plazo. Esto provoca que el Gobierno de China se vea obligado a inundar su economía de liquidez para sostenerla a la largo plazo.

El Gobierno chino ha desestimado realizar un plan de reactivación y lo que ha planteado medidas puntuales, ya que piensan que la política de estímulos debe reservarse para cuando la economía mejore.

No obstante, esta política de estímulos se va a centrar en paquetes de liquidez, créditos flexibles, recortes de la tasas de interés, rescates a las empresas más afectadas y subsidios a nivel temporal para reactivar el mercado laboral en China.

El foco del Gobierno es evitar la quiebra de las empresas chinas para que no aumente de forma exponencial el paro, ya que durante el mes de marzo el paro alcanzó niveles nunca vistos en China, es decir, el 6,2 por ciento por culpa del coronavirus.

En El Blog Salmón | Hasta cuándo los consumidores tendrán que hacer frente la desaceleración y la guerra comercial de EEUU y China

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Una cuarentena como en China supondría una recesión en España

A final de día del 7 de marzo había más de 500 casos de coronavirus confirmados en España. Hace unas semanas, con menos casos que en España Italia empezó a implementar medidas de control del coronavirus. En España han sido tibias, pero es perfectamente factible que estas se endurezcan en los próximos días. Si llegáramos al extremo de China, tendríamos muy claro que la cuarentena nos afectaría en nuestra economía y nos veríamos en recesión.

Aunque el virus se originó en China, hay más casos de nuevos infectados fuera de China que dentro de China. Las medidas tomadas en China han sido drásticas, especialmente en la provincia de Hubei, donde se originó el problema. Con millones de desplazamientos por el año nuevo chino, la cuarentena ha sido difícil. Ahora que hay brotes del COVID-19 en lugares tan diversos como España, EEUU, Japón, Corea, Irán, Francia o Italia, es bastante probable que empecemos a ver medidas en España, por ejemplo teniendo en cuenta que ya las hay en Italia.

La cuarentena china

Aunque ya hemos hablado sobre la cuarentena china, repasamos algunas de sus medidas principales. Cientos de millones de personas han tenido que permanecer en sus casas sin poder salir, especialmente en la provincia de Hubei, aunque ha habido casos en otras muchas divisiones de China. Controles a la entrada de los edificios, estudiantes recibiendo clases a través de aplicaciones móviles e incluso todavía hay controles en algunas calles que no dejan salir a los habitantes. En el caso de Wuhan y la provincia de Hubei, nunca ha habido en la historia un aislamiento equivalente en ningún lugar del mundo.

Además por parte de altos responsables de la Organización Mundial de la Salud, se ha hablado bien de las medidas tomadas en China para retener la enfermedad. No se trata sólo de encerrar a la gente en su casa, sino otra serie de medidas para hacer pruebas y tratar los casos detectados.

Ya dijimos que la cuarentena de China iba a suponer un golpe en la economía mundial, dado que ya lo estaba suponiendo sobre la economía china, que difícilmente crecería al mismo nivel que otros años. Incluso en Hong Kong (que casi es un estado independiente, pero que básicamente exporta a China) han optado por regalar dinero a la población para cambiar el efecto de la cuarentena.

La cuarentena italiana

En Italia han empezado con una cuarentena similar a las de China, aunque quizás con medidas no tan extremas. Hasta el momento de escribir estas líneas, se han tomado restricciones de zona roja en Módena, Parma, Piacenza, Reggio Emilia, Rimini, Pesaro y Urbino, Venecia, Padua, Treviso, Asti y Alessandria. Los movimientos se cierran salvo por motivos de emergencia, también se cierran museos, centros culturales, piscinas, gimnasios, spas, cines, teatros y estaciones de esquí.

Los centros comerciales deben cerrarse, pero sólo los fines de semana. Se suspenden ceremonias civiles y religiosas, incluidas las fúnebres. Los bares y restaurantes pueden permanecer abiertos, si son capaces de separar a sus clientes. También eventos que puedan realizarse en Además se suspenden los permisos de los técnicos de salud y personal sanitaria, incluidos aquellos necesarios para gestionar una crisis. También se restringen las visitas a los pacientes. Todo esto no sucede en la lejana China, sino a un par de horas de avión, dentro de la Unión Europea.

Gráficos q explica la diferencia ante una epidemia de tomar decisiones mitigantes drásticas al inicio o no. La diferencia no se mide en contagiados sino en muertos al saturar el sistema sanitario cc @FrankTornen pic.twitter.com/yKqeKfaTHI

— Gurusblog (@Gurusblog) March 7, 2020

Lo que se pretende por parte del gobierno italiano es limitar la expansión del virus, e incluso frenarla ¿por qué? Pues como ha publicado recientemente en un gráfico The Economist, una expansión rápida del virus supondría un colapso de los servicios médicos, mientras que una expansión lenta podría no saturarlos y por tanto reducir las víctimas del mismo.

Una cuarentena en España sería igual a una recesión, pero no hacerla ¿podría ser peor?

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De momento en España no tenemos decretada una cuarentena similar, pero es fácil ver como el crecimiento de casos está resultando exponencial, por lo que no sería raro que empezáramos a ver medidas similares en España a las que han sucedido en Italia en los próximos días,, si queremos frenar la expansión del virus.

Dada la fuerte dependencia de nuestro PIB del turismo, especialmente el que recibimos de nuestros vecinos europeos, tanto una cuarentena como que dejáramos campar el virus a sus anchas (y este se expandiera por los distintos países) supondría un fuerte impacto en nuestra economía. Nuestra principal exportación son los servicios turísticos, que podrían verse afectados por restricciones a la libertad de movimientos o por el miedo de los turistas a contagiarse.

Eso no significa que no deban tomarse medidas, especialmente considerando el alto coste que puede tener la pérdida de vidas humanas y el alto coste reputacional, bastante necesario si queremos mantener el turismo, que podría verse afectado si el brote en España sobrepasa ciertos números. Ademñas este coste reputacional costaría mucho recuperarlo, mientras que unas medidas de cuarentena quizás podrían frenar la enfermedad para el verano.

Pregunta a los lectores ¿creen que el gobierno está tomando medidas suficientes para evitar el despliegue del coronavirus en España?

En El Blog Salmón | Así está afectando al turismo mundial el coronavirus, ¿Cuáles están siendo los sectores más afectados por el coronavirus? y Tratamiento de choque contra el coronavirus: La Fed baja tipos de interés

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Guerra tecnológica y orden mundial

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La primera gran guerra del siglo XXI se libra por la información. Como en toda contienda, hay eventos que representan la escenificación de las hostilidades. La Conferencia de Seguridad celebrada en Múnich el fin de semana fue uno de ellos. Cuando se creó la Alianza Transatlántica, que acaba de cumplir 70 años, pocos podían vaticinar que el principal problema que hoy amenazaría su estabilidad es el control de los datos. Se discuten tres aspectos con particular beligerancia: qué modelo tecnológico debe imponerse, qué impacto puede tener ese modelo en el orden mundial y qué papel debe jugar Europa.

La disputa es entre EEUU y China. En Múnich hubo un desfile de mandatarios y gurús tecnológicos estadounidenses de caracterización ideológica muy diversa pero unidos en torno a una petición de apoyo a las grandes tecnológicas americanas. Consideran que solo ellas —y no las asiáticas— pueden someterse a reglas democráticas como las que los aliados han compartido (no sin problemas) en las últimas décadas.

«Es necesario que ese orden se rija con consenso y control multilateral respeto a los datos. Se echa mucho de menos una agencia mundial de datos que fije los parámetros básicos y coordinación internacional para que sean efectivos».

Santiago Carbó

Europa es el campo de batalla porque, a pesar de no tener ningún gran jugador en el mundo bigtech, es el terreno que tanto EEUU como China quieren dominar por su fuerte demanda. Ha habido invitaciones desde Washington a que se abandone cualquier intento de alianza con China en temas clave como el 5G porque será un sistema de comunicación ubicuo que no debe estar controlado por quien no entiende la privacidad o la competencia igual que los países occidentales y democráticos.

El orden económico global resultante tampoco será necesariamente óptimo si está dominado únicamente por tecnológicas norteamericanas, sin contrapesos ni regulación. La concentración de poder sobre la información seguiría siendo inquietante. Es necesario que ese orden se rija con consenso y control multilateral respeto a los datos. Se echa mucho de menos una agencia mundial de datos que fije los parámetros básicos y coordinación internacional para que sean efectivos.

Lo sucedido es que unas pocas empresas privadas han acumulado tanto poder que, probablemente, a ellas mismas les asusta que les pueda fagocitar. Una de las que más avatares y restregones regulatorios está sufriendo es Facebook, que fue presentado en Múnich como el “país” más poblado de la tierra. Su presidente, Mark Zuckerberg, reconoció en la ciudad bávara que ni los valores sociales ni la privacidad deberían acabar siendo gestionados por unas pocas manos privadas. Y señaló cuatro áreas sensibles que tal vez debieran dar una primera forma a una institución multilateral de control de datos: las elecciones, la privacidad, los contenidos denigrantes y la economía (el valor) de los datos.

Mientras que Europa busca sus propios gigantes tecnológicos —podría perderse en el intento— tiene al menos la necesidad y la obligación de marcar el rumbo de la regulación de datos del futuro. En comparación histórica, se da la vuelta la tortilla y es ahora EEUU el que pide a Europa que se una a su bando en la gran disputa global. Convendría poner no pocas condiciones.

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Récords en China en impagos de bonos corporativos: avanza el inexorable curso de la carcoma del sobre-endeudamiento

La economía China está aquejada desde hace lustros de no pocas y peligrosas asimetrías macro-económicas, pero está regida con puño de acero también en lo económico. No se puede negar que algunos analistas llevamos varios años alertando de lo que puede venir desde el gigante rojo, y que muy probablemente la suya sea una realidad económica cada vez más carcomida, a pesar de la apariencia que publicitan las cifras "oficiales" (que muchas veces son sólo eso: la verdad única e inmutable meramente oficial").

Pero ese puño de acero con el que les decía que los jerarcas del Partido Comunista Chino imponen sus políticas económicas a diestro y siniestro, supone un nivel de intervencionismo tan masivo y tan invasivo, que es natural que puedan ir apagando un fuego tras otro conforme afloran. A pesar de ello, en el fondo no evitan que en la trastienda de la economía china siga latente una colosal burbuja de endeudamiento de (casi) imposible digestión. Ahora tenemos nuevos datos que vuelven a apuntar en este sentido, y así, como publicó el Financial Times, en 2019 China sufrió el peor año de su serie histórica en lo que a impagos de bonos corporativos se refiere: todo un significativo indicador de que la carcoma sigue su curso en la economía china, y de lo que la realidad "oficial" podría estar escondiendo.

La estela de los récords de crecimiento de lustros atrás, han dejado paso al actual e indicativo reguero de impagos corporativos

Records En China En Impagos De Bonos Corporativos Avanza El Inexorable Curso De La Carcoma Del Sobre Endeudamiento 2

Y es que el tema ya no es sólo que esa clara desaceleración (recuerden: incluso en lo "oficial") de China esté restando pujanza al otrora más pujante Gran Dragón Rojo económico, que crecía y crecía al calor de la deslocalización Occidental, pareciendo que el chorro de fuego que salía por su boca no fuese a poner nunca fin a una temperatura económica al rojo vivo. Pero en China, a pesar del puño de acero, a pesar del intervencionismo masivo, a pesar de los controles de capitales... a pesar de todo, bajo sus políticas y mecanismos económicos sigue subyaciendo la misma naturaleza humana a veces tan defectuosa como la que sufrimos en todos lados.

Así, con los días de vino y rosas, allí también cometieron incontables excesos, especialmente en términos de endeudamiento, de mantener vivas empresas de tamaño monstruoso y que no son viables, promoviendo la ineficiencia económica en un entorno en el que el dinero casi llovía del cielo, etc. etc. etc. De esta manera, el panorama que deja todo esto en cualquier sistema no suele augurar nunca ninguna salida buena. Y China no iba a ser una excepción, por mucho que su nivel de intervencionismo le permita mantener más la inercia (y esconder -parcialmente- la realidad) de un ciclista que, al fin y al cabo, cada vez tiene menos fuerza para seguir pedaleando.

Y la obsesión de los jerarcas chinos por mantener el crecimiento económico, y muy especialmente la percepción social del mismo, no es para nada de extrañar, un tema extremadamente sensible en un país con cientos de millones de trabajadores que, de perder su empleo pasarían a engrosar peligrosas y multitudinarias bolsas urbanas de descontento popular, y el sistema "dictapitalista" podría ver amenazada incluso su existencia más sistémica. Y eso por no entrar en temas de desigualdad social entre el ciudadano medio y la privilegiada clase dirigente, por la cual el parlamento chino ha pasado a ser un selecto club de multimillonarios.

Así que, más allá de la superficie, en el críptico caso de la economía de China, hay que fijarse más bien en otro tipo de indicadores que tan sólo los más ampliamente seguidos en cocina, y uno de ellos, especialmente evidente porque los inversores internacionales quedan expuestos a él de forma directa e inevitable cada vez más, es el indicador de los impagos de deuda corporativa del que les hablamos hoy.

China empieza a perder su voluntad (y/o capacidad) de mantener toda empresa a flote aunque sea artificialmente

Records En China En Impagos De Bonos Corporativos Avanza El Inexorable Curso De La Carcoma Del Sobre Endeudamiento 3

Pero la noticia relevante de hoy ya no es la que apuntábamos antes de que China ha sufrido en 2019 un año récord de impagos de bonos coporativos, la otra noticia importante es otro récord sobre el que nos informaban en StockMarketNews: en este pasado año, en China han asistido al mayor "default" de bonos corporativos denominados en dólares desde hace dos décadas en una empresa pública. Y ya no es sólo las cifras de "defaults" finalmente consumados, es la situación general tan inestable del actual mercado de bonos corporativos chinos, donde hoy por hoy no es infrecuente presenciar de madrugada en las pantallas el hundimiento de los bonos de compañías supuestamente respaldadas por el Estado, pertenecientes incluso al pujante sector tecnológico, como los casos que citaba StockMarketNews en su artículo enlazado antes.

Casi nada. Récords muy siniestros por todos lados. Va a ser cierto eso de que en China en realidad está pasando algo muy serio que va degenerando lenta pero inexorablemente desde hace tiempo, y ya no sólo por todo lo nefasta que puede llegar a ser la gestión pública totalitaria que ha aflorado con el lamentable tema del Coronavirus, y que está llevando al pueblo chino a una creciente ola de descontento popular que su gobierno intenta silenciar (¡Cómo no!) a golpe de censura, de propaganda, de inexplicables desapariciones de los que osan informar a pie de calle de la crisis, y de represión policial ejercida incluso sobre la propia comunidad médica que dió responsablemente la voz de alarma cuando aún se estaba a tiempo de evitar la catástrofe sociosanitaria.

Pero lo significativo no es ya el cambio en la pujanza económica de China, ni tampoco la salud financiera de unas empresas que ya empiezan a verse forzadas a reconocer que no pueden devolver el dinero que un día les prestaron. Lo realmente significativo de todo este asunto es el gran giro dado por las autoridades económicas chinas a la hora de afrontar su endeudamiento corporativo. Ahora ya no vale cualquier cosa. Ya no se mantiene viva por axioma a todas las empresas. Eso ha cambiado totalmente, y ahora hay empresas chinas que "Papá Estado" ya no está dispuesto a seguir soplando para mantener hinchado su pinchado flotador.

El porqué de que esto sea así arroja principalmente dos interpresaciones posibles. La primera es que por fin el Estado chino se haya dado cuenta de que no tiene sentido socioeconómico mantener vivas empresas inviables, además de que supone que el propio sistema se corroe a sí mismo. Sería una buena forma de intentar pinchar controladamente (si es que eso es posible) esa colosal burbuja de sobreendeudamiento corporativo (y no corporativo) de un gigante chino que puede estar sufriendo ya osteoporosis severa. Lamentablemente, sin llegar a afirmar que la hipótesis anterior del pinchazo controlado no tenga por qué ser cierta, el hecho es que la hipótesis más probable es que el estado chino esté dejando ya caer a incontables empresas, bajo el propio peso de su deuda, porque su capacidad y poder económico para poder seguir evitándolo puede estar empezando a flaquear, tras ya varios años de fuerte desaceleración (incluso "oficial").

En este sentido, el artículo enlazado anteriormente que publicaba la principal noticia de nuestro análisis de hoy, ya explicaba cómo hoy por hoy los inversores internacionales ya no pueden contar con que ya no se deja caer a ninguna empresa china, pero el problema viene cuando los datos para evaluar los riesgos de defaults corporativos no son fiables, entre otras cosas porque apenas sucedían hasta el momento, además de por la poca transparencia y calidad econométrica de las cifras corporativas y de deuda del gigante comunista. Y esto no es un tema menor en absoluto, porque el panorama de la deuda corporativa china ya no es el tradicional, por el que los tenedores de sus bonos se concentraban en la inmensa mayoría de los casos en el propio estado (en una o varias de sus múltiples manifestaciones corpóreas), sino que ahora, cada vez más, las empresas chinas deben recurrir a emisiones que venden a inversores internacionales. Otro significativo indicador, sin duda. Y claro, con ese críptico panorama contable y de medición econométrica microeconómica de las empresas chinas, estos arriesgados inversores navegan por el Mar del China prácticamente con los ojos vendados y la brújula oxidada.

Pero las importantes derivadas de todo este asunto, que a primera vista podría parecer un tema menor a nivel global, son muchas. Así, de cara a los propios prestatarios corporativos chinos, el cambio radical del tipo de prestamista, así como de los criterios para poder acceder a su financiación, están haciendo que esas empresas chinas estén enfrentándose a unos estrictos criterios y exigencias crediticias a los que no estaban para nada acostumbradas durante la "era de los Yuanes gratis para todos". Y eso no puede sino acelerar la caída de los gigantes más ineficientes e inviables, que ya no van a tener ni el respaldo incondicional de un Estado chino cada vez más desentendido de su financiación, ni tampoco la confianza de unos inversores internacionales que les miran con recelo y juzgándoles por la heterodoxia más financiera. Así, esas empresas ineficientes se verán doblemente atrapadas por tener que empezar a endeudarse a un tipo sensiblemente peor que el de mercado, con un sangrante diferencial respecto al que los inversores internacionales aceptarán para prestar a otras empresas chinas más sanas.

Parece que los problemas económicos chinos no paran de crecer, lentamente y a lo largo de los años, pero van ganando gradualmente en número y en gravedad. Y a todo este sombrío panorama se añade además el alto impacto económico que muy probablemente va a acabar teniendo la crisis del Coronavirus. Si bien ya les analizamos este punto recientemente en otro análisis, lo cierto es que desde su publicación ha habido nuevos datos muy relevantes. Entre otras cosas, la epidemia va inexorablemente propagándose, con las severas restricciones propias de tiempos en estado de guerra, que imponen un aislamiento y unas medidas de contención que, demasiado tarde, son impuestas desesperadamente por el gobierno chino.

De hecho, ahora estas medidas extremas están ya siendo extendidas a todas las regiones circundantes con la ciudad de Wuhan, una ciudad del tamaño de Londres asolada por la epidemia y en cuyo mercado de abastos la vimos nacer. Imaginen cómo estará la cosa, ya no sólo a nivel sanitario y de contagio masivo, sino ya también a nivel económico, que el gobierno chino ha anunciado recientemente que va a permitir un nivel de endeudamiento de emergencia destinado a salvar a las empresas afectadas gravemente por los efectos del dañino coronavirus, entre ellos los parones de producción y cierre de fábricas decretados desde el gobierno, o la propia caída del consumo y la inversión por las medidas de excepción.

El impacto socioeconómico de esta crisis está siendo mayúsculo a todos los niveles, y las autoridades no dan abasto para cubrir deserciones de periodistas "quemados" con el aparato del poder, ni abasto para borrar de redes sociales publicaciones con el hashtag #FreedomOfSpeech, que leen millones de personas antes de ser vaporizados por la maquinaria de la censura oficial, etc. etc. etc. Y este clamor popular de un pueblo que ha despertado abruptamente a la consciencia de ese gran valor socioeconómico de la prensa libre y la libertad de opinión, que tantas veces hemos predicando desde estas líneas, choca frontalmente con el reciente involucionismo de Xi Jingpin al más puro estilo Mao... Ante este panorama, Occidente debe mirar a Oriente más que nunca antes para definir su futuro y reforzar la gran importancia de los ideales democráticos. Y el hecho de cara al análisis de hoy es que todo ello añade todavía más incertidumbre al ya explosivo cóctel que se está agitando en China, y ya saben que los negocios y la inversión se llevan fatal con cualquier tipo de incertidumbre: en algún momento esas otras incertidumbres socioeconómicas pueden contribuir también a elevar más los diferenciales de riesgo exigidos a esas empresas chinas que ahora empiezan a necesitar la financiación internacional.

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Así que, también en la coyuntura más reciente traída por el virásico brote epidémico, de nuevo el tema de hoy parece clave: aquí también los inversores internacionales van a mirar con lupa a quién y con qué parámetros prestan su dinero. Lo más probable es pues que la tendencia creciente de "defaults" coporativos, así como la calidad crediticia de los gigantes empresariales chinos con pies de barro (y no sólo ellos), sigan deteriorándose apreciablemente en 2020. Más leña al fuego, en el que las finanzas de muchas empresas chinas van a arder conforme se vayan secando o encareciendo sus vías de financiación, mientras son minuciosamente escrutadas por la lupa de los analistas de riesgos más impasibles.

Como efecto colateral, las auditorías y los balances exigidos por estos analistas pueden acabar haciendo aflorar más datos y más realistas sobre el estado financiero de muchas empresas chinas, cuyas cuentas hasta ahora eran mucho más opacas. Aquí ya no vale todo, la fiesta de los Yuanes gratis para todos va tocando a su fin, y ahora puede que las reglas capitalistas acaben siendo mucho más similares para todos. Bienvenidos a la economía de mercado de verdad, donde prima (algo más) la buena gestión, donde los errores se pagan con diferenciales, y donde esos diferenciales pueden acabar estrangulándote y llevándote incluso a la quiebra: aquí les estábamos esperando porque, sin juzgar la idoneidad de las reglas, si algo es cierto es que las reglas de juego deberían haber sido siempre iguales para todos.

Imágenes | Pixabay Chronomarchie | Pixabay tudsaput | Pixabay PublicDomainPictures | Pixabay prettysleepy1

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Desglobalización

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La economía global parece vivir un proceso de inversión del orden imperante
desde la segunda mitad del siglo XX. El mundo se desglobaliza porque la
interacción, comunicación e interdependencia se han exacerbado hasta causar un
importante rechazo.

La tecnología impone una velocidad en los procesos de oferta y demanda que parece incomodar a muchos ciudadanos. Una epidemia como la del coronavirus mantiene encerrados a millones de personas y aterradas a otras tantas, poniendo en jaque eventos globales como el Mobile World Congress de Barcelona y generando una contestación social dentro de la propia China hasta ahora inusitada. Los nacionalismos vuelven a arreciar y populismos como el Brexit desgajan estructuras económicas que parecían sólidas. Son cada vez más los ciudadanos y empresas que piensan mucho más en la sostenibilidad que en el crecimiento sin más y que se sienten cada vez más incómodos con el daño al planeta que supone la todavía abrumadora presencia de la economía basada en el carbón y las emisiones de gases de efecto invernadero.

Desde la perspectiva macroeconómica proliferan sistemas de valoración que
ponderan cada vez más a las empresas que realizan planes de sostenibilidad y en
las que impera la racionalidad en el tamaño frente al crecimiento por el
crecimiento. El término desglobalización no solo es una convención ya aceptada
lingüísticamente para definir nuevos principios filosóficos, sino que toma
forma de manera muy concreta en la actualidad como un freno natural. Problemas
que venían manifestándose de manera aguda entre un mundo avanzado y otro
rezagado se trasladan ahora a las principales economías en forma de descontento
social y desafección.

Tecnología y democracia parecen dos de los caballos de batalla de este
desmontaje global en torno a un término cada vez más frecuente: el
desacoplamiento. Por un lado, la rivalidad entre China y Estados Unidos se
comienza a considerar como el fenómeno geopolítico de la primera mitad del
siglo XXI, el Great Decoupling o gran desacoplamiento. La ruptura cada
vez más clara entre dos modelos que tiene como principal exponente la batalla
por quién impone su modelo tecnológico. La guerra es muy profunda y la
contienda comercial de los dos últimos años ha sido solo un pequeño preliminar.
También se debate si es posible un desacoplamiento económico-medioambiental. En
particular, si es posible apostar por modelos de desarrollo que impulsen el
crecimiento sin dañar al medioambiente. Y existe, además, otro posible
desencaje: la desigualdad que puede generar la tecnología, tanto porque su
utilidad se acabe dirigiendo de forma casi exclusiva en determinados estratos
sociales como porque su principal poder (el de la información) se concentre en
pocas manos que puedan acabar teniendo una palabra casi única sobre qué es la
verdad.

Por otro lado, la democracia también trata de redefinirse. No de forma menos paradójica, con multimillonarios como George Soros sugiriendo los beneficios para la transformación social global de las protestas en lugares donde antes era casi imposible. Parece que la organización económica es sólo digerible socialmente si el crecimiento no implica una aceleración destructiva. Puede ser ese término tan cool reacuñado estos días de “economía circular”. O algo mucho más profundo socialmente.

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Efectos económicos de una pandemia

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Un cisne negro se pasea por Asia y su impacto global debe aún determinarse. El coronavirus de Wuhan es un ejemplo de manual de acontecimiento inesperado que afecta a la salud y la economía. El consumo de proteínas en los países emergentes se ha disparado a medida que su economía y nivel de vida han crecido. La interacción entre virus animales y enfermedades humanas también. Un riesgo conocido, pero desgraciadamente cada vez más frecuente. Puede que se frene, pero también hay un riesgo de que se convierta en una pandemia mundial. La experiencia anterior más similar fue la del virus Sars en 2002-2003. Desde entonces han mejorado los mecanismos de prevención y la reacción ante alertas sanitarias en todo Asia. En países como Corea del Sur, he podido apreciar personalmente hace unos días que, a pesar de que la incidencia es casi nula, los mensajes públicos en redes y medidas sanitarias son considerables.

Lo que ahora se maneja es una importante incertidumbre que ya tiene un impacto económico negativo significativo. Hasta la fecha, las consecuencias de este tipo de eventos no se han extendido más allá de unos meses. No es un gran alivio, en todo caso, porque si el coronavirus se convierte en una pandemia, los efectos pueden ser graves en un momento de cierto decaimiento. La resistencia de una economía global débil en 2020 pasa por la evolución de la economía china y el coronavirus no ayuda. Los primeros reflejos ya se aprecian. Han llegado por el precio del crudo. La caída de la demanda —entre otras cuestiones por menor actividad industrial y tráfico terrestre y aéreo en China— redujo el precio del barril Brent en un 6% sólo en la semana pasada.

«La experiencia dicta que podrían verse afectados los valores de las empresas emergentes, con caídas de hasta el 20%. El SARS se llevó la vida de 800 personas y tuvo un coste estimado de 50.000 millones de dólares».

Santiago Carbó

Los índices de valor y volatilidad bursátiles aún no han reaccionado a estos temores de forma apreciable. Pero en los foros de análisis de mercado el riesgo de contagio está en todas las bocas. Si éste y otros peligros geopolíticos —como las tensiones con Irán— no se reflejan más en los mercados es porque estos están más pendientes de los bancos centrales. La laxitud de la política monetaria parece haber mermado la capacidad de emitir señales de alerta.

Si se llega a una pandemia, la experiencia dicta que podrían verse afectados los valores de las empresas emergentes, con caídas de hasta el 20%. El SARS se llevó la vida de 800 personas y tuvo un coste estimado de 50.000 millones de dólares. Ya hay más de 40 millones de ciudadanos chinos aislados pero algunos analistas temen que este círculo de protección haya llegado tarde. Se ha reavivado del debate en la comunidad médica sobre si el uso masivo de antibióticos en granjas animales está teniendo un efecto negativo en los niveles de inmunidad de los humanos. A favor de evitar la extensión pandémica juega la mejora en los mecanismos de prevención. En contra, que este virus tarda cinco días en manifestar sus síntomas y que sobre su origen hay hipótesis, pero no aún una confirmación oficial.

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